Revista Latinoamericana de Poesía

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Luis Alfredo Aarón Leonis



Presentamos un conjunto de poemas de: Luis Alfredo Aarón Leonis, nacido en Valledupar, Cesar, en 1969, es Gestor Cultural, Escritor y Promotor de Lectura, y estudió Administración de Empresas en la Universidad Popular del Cesar; es miembro activo de la red de lectura y escritura creativa RELATA: Taller de Creación Literaria José Manuel Arango, adscrito a la Biblioteca Departamental Rafael Carrillo Luque, Valledupar, Cesar; participó en las Mentorías Colaborativas de formulación, ejecución y memoria social de proyectos artísticos y culturales, realizadas el 11 y 12 de agosto de 2025 en Bogotá, y en la Escuela Regional de Mediación LEO, creada bajo el marco de la estrategia regional de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas para el fortalecimiento de la Biblioteca Pública y el ecosistema territorial, del 15 de septiembre al 14 de octubre de 2025 en modalidad virtual. Entre sus premios y reconocimientos se destacan el primer puesto en el III Concurso Nacional de Poesía Ambiental "Flor de Cayena", en Cumaral, Meta, Colombia, 2026; la selección de su libro de poemas Los pasos del viento para su publicación en la edición de la revista de la Quinta Convocatoria Cosechando Sueños, de la Editorial Bonaventuriana y la Universidad de San Buenaventura, Medellín, Antioquia, 2025; la Mención de Honor en el V Premio Nacional de Poesía "Leopoldo De Quevedo y Monroy" (2024) por el poema "La luna del sombrero de Li Bai", publicado en la revista Plenilunio, Cali, Valle del Cauca, Colombia; la selección de su ponencia para voces alternativas de investigación/creación en la primera Bienal de la Cultura Escrita de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, titulada "Las prácticas de lecturas, escrituras y oralidad a través de la figura del escritor caminante", del 25 al 28 de septiembre de 2024 en Bogotá, D. C., Colombia; así como su participación como finalista en el IX Certamen de Microrrelato "Letras como espadas", el IX Concurso Literario "La Lupa" de minicuento y el IX Concurso Literario de Poesía "Mundo Escritura", todos en octubre de 2023. Entre sus obras publicadas se encuentran su participación en la Antología de poetas de la Revista Neón (México, 2024), en la Antología de poetas contemporáneos del departamento del Cesar: Poblar Desiertos (Terrear Ediciones, 2025), y en la antología de escritores colombianos en Canadá Stories of Resilience (Ita Editorial, 2025), además de su novela Imilce y el viento de la Luna (Microcosmos Editorial, 2025).

 

 

El origen en los bordes de los hilos

 

Dicen los Mamos

que todo nació en Aluna:

pensar la semilla

antes de dejarla caer en el mundo.

 

Sigo entonces los hilos de mi sangre,

el murmullo de Séshizha,

como si mi nombre ascendiera del agua

antes de encontrar una boca.

 

Serankwa guardó un colibrí en sus manos:

Ahí aprendí la respiración de las nubes y la fuerza del cerro.

 

Desde ese primer pulso, camino

siguiendo la huella del Guatapurí,

donde el origen de la tierra,

me recuerda el tejido que aún soy.

 

 

El agua que sana las heridas

 

 

Bebo de los peces y sé

que me lleno de memorias.

 

Séshizha no olvida:

guarda en sus tinajas

cuerpos diminutos de libélulas

y voces hundidas en la espuma.

 

Cada sorbo es un carrizo de la montaña,

pero niego mi sed

y ella insiste,

 

porque el agua es también

la herida que nos limpia

y devuelve claridad al camino.

 

 

El canto de Seynekun

 

Seynekun enciende las hojas y las raíces,

invocando el regreso

de un corazón dormido.

 

Cada soplo suyo

abre los párpados de la tierra

y hace que la Sierra Nevada

respire más hondo.

 

Algo en mí se inclina,

se aquieta,

al pronunciar tu nombre,

frente a esta mochila

de cáscaras de arroz,

que repite su ofrenda a los árboles

una y otra vez

en la memoria de las conchas.

 

 

 Poporo de un pequeño sol

 

En la boca del Mamo,

el poporo es un pequeño sol,

una brasa que despierta la palabra.

 

Cada hoja masticada

seca la sombra de las conchas,

abre un sendero en mis huellas

y convoca a quienes ya partieron.

 

A veces quisiera moverme

salpicado de cal y aliento,

volver al mundo en tinieblas

y ser, por un instante,

el abuelo que mis sueños

siguen buscando en la montaña.

 

 

El mismo latido que me sostiene

 

La Sierra Nevada sostiene mi cansancio

como una madre ancestral.

 

Sus nevados guardan recuerdos

que todavía no se derriten

en la distancia de mis vasijas.

 

Pongo el oído sobre su piedra de moler

y escucho un latido profundo:

un ceibote erguido que sostiene

los bostezos del otro mundo,

el pulso transparente

de la danza elástica de los pájaros.

 

 

La mochila es una edad en los abuelos

 

La mochila es un pequeño universo.

 

Cada hilo es un camino atravesado por los siglos;

cada nudo, una plegaria del agua que se escurre;

cada figura podría ser un recuerdo

de los bosques que nunca dejamos atrás.

 

La llevo al hombro

como quien carga una luna de tejido,

y en su silencio me hablan

del árbol que viene y se va

con quienes caminaron antes de mí.

 

 

El cansancio de la gota

 

Una gota de polvo ancestral basta

para devolverme al origen.

 

La dejo caer sobre mi frente

y el mundo abre una rendija,

un umbral en todas las oraciones

machacadas en las conchas,

por donde entra la luz

que desde el primer día

se posa en las hojas.

 

Dentro de esa gota crezco solo

y descubro estrellas diminutas

en mis pantalones blancos:

recuerdos que me robaron

la mitad de los arbustos,

la mitad de la flauta de mis huesos,

cuando dormía sin saber

que el agua escribe su cansancio

en cada uno de nosotros.

 

 

El canto de las hojas de ampuzhi

 

 

Desde el principio todo es un tejido:

la sombra de las oropéndolas,

el descanso de las costuras en la oscuridad,

los pasos del sol en los venados

y la peregrinación del cadillo

por nuestros corazones helados.

 

La carne duele en el fragor de los días.

 

La memoria inquieta de la madre nos mira;

no es menor que el caparazón del cangrejo,

y nos sostiene a escondidas.

 

En medio del monte caminamos,

hilos que tantean su sentido.

 

Al tirar del hilo del suelo

comprendo que nada está solo.

 

Un bosque, en el pasar de los años.

 

 

*EL HOMBRE QUE DUDA DEL ÁRBOL (CANTO A KANIMPANA)

 

“Desde el principio, cuando el aire buscó su nombre y el agua aprendió a mirarse,

ya estábamos nosotros en pie”.

—Canto ancestral.

 

 

El árbol recuerda antes que nosotros.

 

Pero yo lo he visto guardar silencio

cuando el hacha pronuncia su destino.

 

Kanimpana, mi padre,

le enseñó a la savia

el camino invisible del aire,

y al agua

la paciencia de los peces.

 

Yo camino.

 

No soy de aquí del todo.

 

Recojo del suelo

las palabras que el viento olvida,

y algunas conchas

todavía sangran.

 

Hermano kogui,

tú miras el árbol mayor

como quien regresa del agua sagrada.

 

Yo lo miro

como quien pregunta.

 

Hay un temblor en la corteza,

una memoria que no nos pertenece,

un idioma ancestral que no aprendimos a escuchar?.

 

Dicen que el árbol estaba primero,

antes del fuego,

antes del miedo,

antes de que el hombre

soltara el salmo de su sombra.

 

No, el árbol no responde al golpe del machete.

 

Pero guarda el silencio,

más hondo que el agua,

más viejo que el aire,

y algo en nosotros

recuerda tarde

que también fuimos una raíz.

 

 

*(Primer puesto en el III Concurso Nacional de Poesía Ambiental “Flor de Cayena”. Cumaral, Meta. Colombia 2026)



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