Revista Latinoamericana de Poesía

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"Obit for my grief"




"Obit for my grief"

La arquitectura multiforme de la pérdida en Obit de Victoria Chang

Por María Espinosa

¨A veces finjo que
amo a mis hijas más que a las
palabras, nadie sabe esto
excepto las palabras. ¨

El duelo tiene un aroma. también camina, besa como un rayo, y a veces se instala en los huesos como una enfermedad que no termina de declararse. Cuando Victoria Chang escribe, en algún lugar de Obit (2020): "Siempre supe que el duelo era algo que podía oler. Pero no sabía que en realidad no es un sustantivo sino un verbo. Que se mueve", no solo está haciendo una declaración filosófica: está diagnosticando la operación central de su propio libro. Porque Obit es más que una colección de poemas sobre la muerte de su madre y la enfermedad de su padre; es un libro donde la pérdida actúa, se mueve, ocupa espacios y exige formas que puedan contenerla sin petrificarla.

Publicado el 7 de abril de 2020 por Copper Canyon Press, ganador de múltiples premios literarios e incluido en las listas de los mejores libros del año por The New York Times (2021), Time Magazine (2020) y NPR (2022), Obit de Victoria Chang es un libro que desafía cualquier clasificación sencilla. Escrito en medio de la ausencia, la obra se estructura en torno a una decisión radical: en lugar de escribir elegías, el género noble de la tradición occidental, ese que engrandece al muerto y consuela al vivo, Chang recurre al obituario. Una forma fría y burocrática, que toma prestada del periódico, para convertirla en recipiente de lo más íntimo. Entre sus páginas conviven también tankas, de tradición japonesa; una sección central, donde los versos se fragmentan y los espacios en blanco parecen ausencias; además de epígrafes de varios autores, que aparte de rendir homenaje, abren disputas. Esta multiplicidad responde a una pregunta que atraviesa todo el libro: ¿qué forma puede contener una pérdida que no es una, sino muchas? ¿cómo escribir cuando lo que muere no son solo las personas, sino también el lenguaje, el futuro y la propia identidad?

Lo primero que sorprende del poemario es su capacidad para hacer tangible lo abstracto. La muerte aparece como una presencia física, doméstica. Chang escribe: "Yo era la hija más joven y educada de la muerte". La muerte no es un evento aislado o la simple terminación de un ciclo; es una madre paralela, que cría y enseña. La hablante ha sido formada por ella, moldeada, "educada" en su escuela. Por eso, cuando llega el momento de escribir sobre la pérdida real (la madre de carne y hueso, el padre que aún respira, pero ya no es padre), la poeta no puede recurrir a las formas heredadas. Necesita otras.

El obituario, entonces, aparece como un contenedor. En los periódicos, estos textos registran defunciones con la frialdad de un acta: fechas, nombres, logros. Chang toma prestada esa estructura, el encabezado, el tono neutro, la aparente distancia, pero la habita con una voz que no puede ni quiere sostenerse en la objetividad. Los obituarios en Obit no son solo para personas. La autora escribe "Obit for the Future", "Obit for Language", "Obit for Grief". Porque cuando muere alguien a quien amamos, con este mueren también versiones enteras de nosotras mismas, de lo que podríamos haber sido y de lo que ya no seremos.

 

"Si pudiera ponerme entre mi padre y su cerebro, / ¿me estaría suicidando yo también? [...]"

 

El obituario, que debería ser un lugar de certezas, se convierte en un espacio de duda. La hablante no puede separar su propia vida de la muerte inminente de su padre; su cuerpo y el de él están enredados en una misma incógnita. No hay distancia posible.

Y entonces, cuando la pregunta se vuelve insoportable, cuando el duelo amenaza con quedarse sin lenguaje, aparece la furia, una digna rabia que termina de encajar la fuerza de la obra.

 

"Yo culpo a Dios. Quiero quejarme con el jefe de Dios / sobre Dios. / ¿Y si el jefe de Dios es la lluvia / y la única forma de hablar con la lluvia / es abrir la boca hacia el cielo y ahogarse?"

 

Dios no es la autoridad máxima. Tiene un jefe, la lluvia, un elemento indiferente, que no escucha, no sigue órdenes y simplemente cae. Aquí no se encuentra consuelo en la trascendencia; sólo un cuerpo que se inunda. Por eso puede decir, más adelante: "Tenía demasiados yos para que Dios los salvara". La salvación, si acaso existe, tendrá que venir de otra parte.

Los tankas, por su lado, aparecen de repente, como si el libro necesitara respirar y recordar que después de tanta muerte, hay algo que sigue creciendo en el hogar.

 

"Amar a alguien / significa admitir la extinción. / Me lo digo a mí misma / para que nunca me enamore, / para que el fuego me encienda solo a mí."

 

Es una trampa, claro. Porque decirlo no evita que uno ame. Pero la frase queda ahí, como un intento de protección y negociación con el duelo.

 

"Mis hijas, hijas, / hay compota de manzana en todas partes / pero no es para ustedes. / Es raro ayudar a alguien a / crecer mientras se ayuda a otro a morir."

 

 Al leerlo es inevitable sentir un peso en los brazos. Porque mientras una de sus hijas aprende a hablar, su padre está olvidando cómo tragar su comida. Y esos dos movimientos ocurren en el mismo cuerpo, al mismo tiempo, no hay manera de estar entera en ninguno de los dos.

 

"Cada vez que escribo esperanza, / las letras se deshilachan y dispersan. / Los poetas esperanzados nunca parecen tener mis sueños / nunca parecen tener hijos."

 

Luego viene la sección central, donde los versos se rompen y los espacios en blanco construyen un peso, haciendo evidente la ausencia, pero también una búsqueda.

 

¨¨ Si un hombre es         la tierra       entonces una mujer es     un vaso de precipitados

que      se sienta en      la tierra      sobre una pila de       otros

vasos de precipitados en un          armario en una escuela          si una

mujer        es un      vaso de precipitados    entonces un     bebé es un         vidrio de               reloj       que la cubre [...]

sí un bebé es un         vidrio de reloj       entonces la poesía es    

la luna [...]"

 

La mujer no es tierra. Es vidrio, recipiente, algo hecho para contener. Está apenas apoyada sobre la tierra, sostenida por otras mujeres que también son vasos, todas apiladas en un armario. La imagen desarma cualquier idea de la maternidad como algo natural: el bebé no está dentro de la mujer, está encima, cubriéndola como un vidrio de reloj tapa un vaso de precipitados. Dos piezas de laboratorio, separadas, apenas en contacto. Y luego el salto: la poesía ya no es un objeto medible, no es un vidrio que pueda romperse. Es la luz que entra por la ventana, la que permite ver lo que hay dentro del vaso cuando ya es de noche. La hablante construye todo este sistema de equivalencias para llegar ahí: la poesía es lo único que no comparte la fragilidad de lo demás; es lo que queda cuando el cuerpo, la maternidad, la herencia, son solo vidrio frágil apilado en un armario.

 

"Yo soy tú, y tú y tú. Pero hay tantos obstáculos entre nosotros."

 

La voz poética no sólo recuerda a sus padres; los es, los encarna cada día, los lleva dentro como una multitud apiñada, como una familia que ya no cabe, pero no tiene otro lugar adónde ir. El "yo" se vuelve plural, colectivo, un archivo viviente de todos los que ya no están.

 

Y aunque pareciera que para este punto el libro ya nos ha dicho todo sobre el pasado, Chang da un giro más y nos recuerda que se puede pensar en el futuro de los muertos: "La imaginación es tener que vivir en el futuro de una persona muerta. El duelo es usar el vestido de una persona muerta para siempre ".  Cuando alguien muere, no deja de existir solo en el pasado. También deja un futuro vacío, un espacio que ya no ocupará, y los vivos tenemos que habitar ese futuro vacío, tenemos que imaginarlo sin ellos, porque ¨Los vivos parecen ser los únicos que plantean hipótesis sobre la muerte. Los únicos que intentan levantarla. ¨

 

Lo que Victoria Chang logra en Obit es una demostración de que el ¨cómo¨ es parte esencial del significado, que temática y forma van de la mano de manera inevitable. No habría sido lo mismo un libro de elegías, por muy hermosas que fueran. La decisión de apropiarse del obituario, de intercalar tankas, de fragmentar la sección central, de dialogar con epígrafes que abren disputas en lugar de cerrarlas —todo eso es una respuesta formal a una pregunta cuya respuesta sigue estando diluida, ¿cómo se escribe sobre lo que no tiene forma? El duelo, en Chang, es múltiple porque la pérdida es múltiple. Se pierde a la madre, pero también se pierde la infancia, la lengua materna, la posibilidad de un futuro compartido, la versión de una misma que existía antes de la muerte. Cada formato en Obit nombra una de esas pérdidas, pero no como compartimentos estancos, sino como un río que fluye y se transforma. los obituarios certifican lo que ya no está; la furia contra Dios nombra la impotencia; los tankas respiran hacia lo que vendrá; la sección central materializa el vacío; los epígrafes recuerdan que otros, antes, intentaron decir algo parecido. Y, sin embargo, el libro no es un monumento fúnebre. Es un archivo vivo, un lugar donde los muertos no descansan en paz porque la poesía no les permite hacerlo.

 Por eso el poemario termina, no con muerte, sino con una boca abierta. La boca de quien ha hablado todo esto y aún no logra terminar, la boca de quien sigue diciendo "[..]esperanza, esperanza, esperanza, [...]" mientras el poema se niega a cerrarse. Porque el duelo no se cierra: y morirá solo cuando nosotros lo hagamos.

 

 

 

Victoria Chang (Detroit, 1970) es una poeta estadounidense, hija de inmigrantes taiwaneses. Estudió en la Universidad de Míchigan, Harvard (maestría en estudios asiáticos), Stanford (MBA) y el Warren Wilson MFA Program for Writers. Es autora de los poemarios Circle (2005), Salvinia Molesta (2008), The Boss (2013), ganador del PEN Center USA Literary Award y California Book Award, y OBIT (2020), que recibió el Los Angeles Times Book Prize, el PEN/Voelcker Award y el Anisfield-Wolf Book Award. En 2024 publicó With My Back to the World, ganador del Forward Prize for Poetry. Su próximo libro es el infantil Eureka (2026). Su obra ha sido traducida a varios idiomas; OBIT fue publicado en español por la Universidad Austral de Chile (2021) bajo Ediciones UACh, con traducción de Carlos Soto Román. Actualmente vive en California y es Bourne Chair in Poetry en Georgia Tech.

 

María Espinosa (Bogotá 2006) Estudiante de Creación literaria de la Universidad Central y miembro del semillero Puntos Cardinales.

 

 



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