Azar del espejo de Hernando Guerra
Azar del espejo de Hernando Guerra
Por Jorge Eliécer Ordóñez Muñoz
Posar mis ojos en un poemario que llega de otras tierras, es un mágico tránsito del antes y el después, como formas activas del tiempo, esa otra dádiva del azar. Recibir esa sorpresa es sopesar toda la urdimbre que lo hizo posible desde la sensación o emoción inicial que debió vivir el autor cuando empezó a gestarlo, luego el lento proceso de ir hilvanando sílaba a sílaba, palabra a palabra, verso a verso, la textura de cada poema hasta configurar ese objeto, tangible y abstracto a la vez, llamado libro. Sobre todo un libro de poemas, que difiere por su esencia y composición de otros géneros literarios. Un libro de poemas no suma erudición, datos sonsacados a la cotidianidad, cifras o argumentos para informarnos o convencernos de algo. No, cada poemario es como un árbol mítico, lleno de tiempos y criaturas, de aire y respiración, cauces internos, raíces y frutos visibles, madurados por energías invisibles; en biología se llaman enzimas, en la creación poética se denominan selección y combinación, estilo, ritmo, imagen, regidos por un halo instigador: capacidad de asombro.
Azar del Espejo en su primera parte, Ausencia, viene cargado de símbolos: árbol, serpiente, pájaro. Corrobora a Loeffler: los espejos son símbolos mágicos de la memoria inconsciente. Cabe añadir que la memoria individual está marcada por el inconsciente colectivo, en plata blanca, muchas cosas vividas, evocadas y expresadas hacen parte de un repertorio que nos pertenece a todos, bien seamos sencillos hombres de a pie o voceros lúcidos de la tribu, en este caso, el poeta:
El árbol del conocimiento estaba allí
repetido en el bosque de cada árbol (Ni Eva ni Adanes, p.21)
Inconscientemente el poeta se desplaza al bello mito del Paraíso Terrenal: una pareja que vaga desnuda, un fruto tentador y la serpiente atizando el deseo. Caer en tentación es solazarse en el árbol del bien y del mal: el conocimiento. Cuando el Hacedor dormía llegó la revelación: el poema libertario, la voz de la caída para ser expulsados del tedioso Paraíso y empezar a construir el oneroso destino humano:
Ebrios de luz
a la sombra del manzano (Ni Eva ni Adanes, p.21)
El conocimiento tiene un precio, duele, tal los dolores de parto de la Poesía porque trata de hacer lo imposible: develar el misterio utilizando el espejo del misterio, como una tautología recurrente, como un gato persiguiendo su cola esquiva, como Perseo, haciendo malabares en el laberinto para poder cercenar la cabeza de Medusa, Gorgona feroz que no puede evitar el señuelo del espejo. Pertenece a la mitología de Borges, en apariencia más cercana, esta suerte de aforismo: abomino de los espejos y la cópula porque reproducen a los hombres. Extraño sesgo que muestra la omnipresencia de los objetos y lo humano, más allá de los juicios morales entre lo bueno y lo malo.
La poesía como tentación, como territorio para suplir o al menos legitimar la solitud, quiero decir, la soledad creativa. Me atrevo, la poesía como el espejo para engañar el rostro de la realidad precaria y asestarle el golpe de gracia.
Árbol iluminado en la penumbra
a punto de volverse ángel
a riesgo de volverse bestia (Remendado al rito, p. 28)
La tentación nos hace ver el mundo con ojos nuevos, nos muestra la fisura, los bordes, en una suerte de pacto donde dialogan los fantasmas con otros ecos, obnubilados en el espacio y el tiempo:
Ahora
en este instante azul
sólo resta lo pactado
Concitar
las voces de siempre (El Milagro, p. 23)
La segunda parte, Azar del Espejo, abre con una especie de ars poética, una reflexión sobre el papel del verbo en la poesía (el verbo se hace carne), su eficacia a la hora de mirar en el espejo las parcelas del sueño y del amor:
El corazón se conjuga en verbo soñar
crece en las orillas del abismo
sin prisa ni distancia
como la flor
La poesía no se conjuga
es interior nada más
canto de ser (Conjugaciones, p. 33)
Las antítesis son una constante en el libro: luz / sombra, cara / máscara, esplendor / caída, bendición / condena, libertad / opresión, noche / aurora. Para ser justos, el espejo devuelve la imagen, pero invertida, la derecha se torna izquierda, la claridad se difumina, algún detalle secundario se vuelve protagónico. De niño no entendía por qué la leyenda de las ambulancias están escritas al revés; claro, para que el espejo viajero corrija el mensaje, lo entregue “normal” al ojo del desocupado lector. Azar del espejo, invitación a mirar, antes que ver:
El que funda el azar
lanza los dados (Azar del espejo, p. 35)
Cada poética es una lectura, una inteligencia (intus légere: lectura interior) que, nacida del asombro inicial, procura crearnos un mundo posible, un nuevo otro lado por conquistar, una invitación a que hagamos parte del diálogo que urden las palabras. Un golpe de dados jamás abolirá el azar, ha dicho esa línea inmortal de Mallarme y el poeta Guerra corrobora su nombradía, se mira en el espejo de la tradición y confirma una vez más el fuego que irradia el vocero lúcido de la tribu.
Flor a la orilla del abismo, ¿qué otra cosa puede ser la poesía en los tiempos del sálvese quien pueda? Giovanni Quessep ha dicho que alguien se salva por escuchar al ruiseñor y Juan Manuel Roca declara que la poesía, riesgosa y vagabunda / territorio libre del sueño / cultiva las flores prohibidas. Solo a un puñado de lunáticos, a unos inocentes adoradores de aerolitos y furiosos atardeceres, les dice algo ese perfume violeta que entra como un intruso por el retrovisor cuando bordeamos la última curva de la carretera al mar. No le exijamos más: y detuvo el reloj / escribió el poema. (El Pacto I, p.43).
Cuando el diálogo es real y leal, diáfano y sincero, se ocupa del Otro, lo observa, como seguramente lo ve la divinidad, ha dicho Borges, refiriéndose a ese rasgo cósmico y desinteresado del Amor:
Todas las revoluciones han fracasado
al ser dirigidas por unos cuantos
que excluyeron al Otro (El Pacto IV, p. 46)
Cuando todos se reúnan en el pacto
se habrá fundado la paz (El Pacto V, p. 47)
Quizás suene a utopía esa ilusión de un soñador de palabras, como Bachelard se refiere al poeta, quizás en estos tiempos de invasiones y bombardeos, guerras con máquinas y con palabras ásperas, turbulencias y realidades paralelas espejeadas por la inteligencia artificial y la brutalidad bélica, ejercer la poesía –el oficio más humilde del mundo- sea algo así como enfrentar un tsunami con un escudo de astromelias. Bueno, don Quijote enfrentó gigantes que en el espejo semejaban molinos y ejércitos que pastaban en las llanuras de la Mancha. Cuando Gregorio Samsa se miró en el cristal de roca se conmovió al descubrirse insecto. Son los tiempos, señor, ha dicho de forma omnipresente el lacónico Juan Rulfo.
Entramos a El Cuerpo sin nosotros, allí un pájaro espera entre la luz, con su canto de asombro en el jardín del misterio. La poesía se corporiza, lleva turbante blanco para espantar los duendes. El espejo captura una mujer evanescente, una sílfide quizás, que inicialmente ha abierto el fruto de la tentación y genera la transformación en poesía. Poesía eres tú, ha dicho Bécquer; aquí el poeta indaga sobre esa entelequia híbrida:
¿Es posible escribir sobre el aire
cuando en las nubes flota
lo que no se dijo
no se palpa
no se duele? (Pálpito, p. 53)
En ese cuerpo sin nosotros, en esa atmósfera etérea, la ciudad se ofrece como un armisticio; hay abismo, niebla, ausencia, farol del suicida, calle de la trampa; es posible que el Ella del poema aparezca, o todo sea un albur, un fantasma en la medialuz de las candilejas y solo quede la forma de su fuga transfigurada en poema:
El poema es fragancia
la flor la reina del cortejo (El Pacto II, p.44)
Viaje inconsciente a la memoria, a través del espejo velado, el del azar con sus dados eternos, indescifrables en el tramado del tiempo. Al leer estos poemas, rememoro mi vida, simple como un gancho de ropa, y temo mirarme en esa superficie porque ignoro si todos los seres que una vez se vieron reflejados fueron reales o tan solo la proyección de un sueño o una pesadilla.
Uno de mis insistidos ruegos a Dios y al ángel de mi guarda era el de no soñar con espejos. Yo se que los vigilaba con inquietud. Temí, unas veces, que empezaran a divergir de la realidad; otras, ver desfigurado en ellos mi rostro por adversidades extrañas. (J.L. Borges: Los Espejos Velados).
Es casi medianoche, afuera suenan los grillos y las ranitas del caribe. Una grata brisa de tierra caliente, en paréntesis invernal, visita el cuerpo. Los espejos de la casa, como los relojes, que pierden el tiempo en la oscuridad, con las primeras luces de mañana se convertirán en espías, discretos y silenciosos del tiempo que nos resta.
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LA PUREZA DEL VUELO
Escribe sobre pájaros
y no sabe de alas de plumas
ni de coros en el alba
No sabe de bellos horizontes
de ríos bosques montañas
ni de bandadas de luz
Escribe sobre pájaros
y no sabe de los signos y colores
de la palabra libertad
De qué le sirve ir por el mundo
leyendo poemas sobre pájaros
si su poesía es una jaula y
Escribe sobre pájaros
y nunca supo de la pureza del vuelo
la inocencia del canto