Revista Latinoamericana de Poesía

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16. Juanita Villa Cortés. El plumaje del cóndor



Como parte de las acciones del Circuito literario ¨El Plumaje del cóndor¨, que adelanta la Red Departamental de Escritores de Cundinamarca y en apoyo a la difusión de las voces literarias de este territorio colombiano, la revista literaria La Raíz Invertida publica una autora o autor cundinamarqués, cada semana. Este circuito literario que recorre el departamento de Cundinamarca (Tierra del cóndor) desde abril hasta octubre de 2026, culminará en el mes de noviembre en el municipio de Cota con la instalación del Segundo Encuentro Departamental de Escritores. Continuamos esta muestra con una selección de poemas de Juanita Villa, de La Mesa Cundinamarca. Así se presenta ella:

Juana Carolina Villa Cortés (Bogotá). Soy escritora, poeta, gestora cultural, artesana y activista por los derechos de las mujeres y la población LGBTIQ+. Residente en La Mesa, Cundinamarca. Formada en escrituras creativas, exploro al mundo y a mis entrañas desde la  poesía, la crónica, la literatura infantil y la novela bajo una mirada sentipensante, ambiental y decolonial.

Soy impulsora de procesos comunitarios relacionados con la literatura el arte y la cultura en Cundinamarca a través de la casa cultural Imaginantes, la Tertulia de la Calle Bonita en La Mesa; Minga Mujeres Chía, Mujer Laguna en Chía; Asociación tierra para mujeres Furasune y Las Desobedientes Colombia (territorios expandidos).

Entre mis publicaciones destaco: Bala perdida encuentra dueño y otros relatos malintencionados  (premio portafolio estímulos LUNARTE Chía, 2019) relatos infantiles ambientales: Cuentos de pájaros para niñas y niños despiertos (IDECUT 2022), la novela: Historias de mi Pierna Izquierda (Beca Nacional a la  creación, del ministerios de las culturas,  2024), y la antología infantil: El gato recogido y otros relatos (2025), además de múltiples galardones en el portafolio de estímulos de Chía y antologías regionales. Promuevo y defiendo el arte y la cultura desde la acción colectiva comunitaria y popular como una herramienta definitiva para la transformación social.

 

 

 

Pañuelito de Agua

 

Colombia despierta con ojos enlagunados

se sienta en el borde del catre

se seca con un pañuelito de agua

la sequera de sus humedades

la aridez de sus aguas

se siente cansada, débil

triste, desganada

es de vieja data el despojo

Aun así se agarra la moña

se pone la falda, se arremanga la camisa

se teje la trenza, se pone el sombrero

se toma una aguepanela

y sale a labrar la tierra.

 

 

 

¿De quién soy hija?

 

¿Del viento o del miedo?

Soy hija del viento

aunque el miedo me haya parido.

Hija de las alas que nutren y dan de beber.

Hija de la rebeldía

aunque nazca del dolor.

 

Soy hija de todos los cantos,

aunque me haya parido el silencio.

Hija de las ancestras:

las que se reúnen a cuchichear,

las que se curan las heridas,

las que saben —y saben más de lo que dicen—.

 

¿De quién soy hija?

¿Del fuego o del patriarcado?

 

Soy hija de la llamarada,

aunque me haya parido el patriarcado.

Es la llamarada del vientre

la que me enseña a desobedecer.

 

Desobedezco al padre:

violento y cobarde a la vez.

 

Soy hija del ritual,

aunque me parió el desgarro.

Soy hija de sales y mieles,

aunque me parió la amargura.

 

Soy hija de las nubes,

de la raíz y del canto.

Soy hija de la desobediencia,

y me nazco cada vez que digo:

¡hoy me pariré de nuevo!

 

 

DesobedeSiendo

 

(Homenaje a lxs Desobedientes)  

 

 

Soy desobediente por convicción

de nacimiento, por sentimiento

por rebeldía, por autonomía, sin permisos, ni autoridades  

desobediente a mucho honor y con la frente alta

con ganas y garras

desobediente hasta el tuétano

de corazón y con las vísceras turgentes

desobediente con alevosía, con voz fuerte

Con la feminidad enarbolada, el vientre digno, la piel amante.

 

Desobedezco al patriarcado

al violento, al macho alfa

desobedezco a la norma, a la moral, a la hipocresía

a la injusticia, el miedo, la esclavitud

desobedezco al opresor, al inhumano, al codicioso

a los roles,  las etiquetas, los señalamientos

desobedezco a las culpas, los pecados, los dogmas

a los estereotipos, a las conveniencias.

 

Desobedezco por amor a la vida, a los sueños, la manada.

desobedezco por amor a las simientes, a las luchas, a las trasformaciones

desobedeSiendo he disipado la sumisión, he encontrado mi ser.

 

 

Rabias

 

Tengo una rabia colérica

vehemente, energúmena

de esas rabias que nublan la vista

con cerrojos rotos y puertas destrozadas

con gritos incendiarios

con silencios fragmentados y furibundos.

 

Tengo rabia: abanico de rabias.

Rabias errabundas, sin fronteras, indocumentadas

rabias inmigrantes, negras, ancestrales.

No solo una: tengo tres, cincuenta, veinte mil.

Rabias febriles, lúcidas, cansadas

agotadas de existir, agonizantes

aún tercas, supervivientes.

 

Rabias casi transparentes, adheridas a la piel

otras de fondo de baúl, apilables

cartográficas, abismales, serpentinas

encadenadas, despojadas, violentadas.

Otras callejeras, que patean en las esquinas

hambrientas, huesudas, desoladas.

Las insomnes, las que llevan años trasegando

buscando fundirse en los sueños, tener una cama

una mano amiga, una sopa

un pecho donde llorar y difuminarse.

 

Tengo rabias aulladoras, groseras, maldicientes

rabias por miles, por manojos, por puñados

rabias de coz, de garra y de veneno.

Indomables, tercas rabias numantinas

rabias dignas, necesarias en el pecho

tirando dentelladas, patadas y versos.

 

Mientras existan el genocidio y la injusticia

tendré rabias, muchas rabias

boconas, encendidas, valientes

cantadoras, gritadoras, desobedientes.

 

 

No Todo se Queda en Casa

 

Ya no me quedo callada

las palabras saldrán heridas, pero saldrán

intuirán hacia qué dirección alzar vuelo

sabrán que son libres a pesar del dolor

acudirán a las lágrimas

a las risas retenidas

condenadas al abandono.

 

Las palabras me abrazarán

y desde la calidez de sus sílabas

sabré que ya no estoy sola.

 

Las palabras saldrán heridas, pero saldrán

a buscar hierbitas

para curar sus sombras, rehacer el texto

hilar el pensamiento de nuevos caminos

tejer vientos y centellas.

 

No todo se queda en casa

mi palabra no se queda,

rueda, camina, atraviesa, irrumpe

la palabra y yo vamos a tejer

 lugares

donde el mundo se trasforma

y las letras se tornan en vida

inventaré con ellas vientos y pájaros

construiré montañas y palenques

en donde se establecerán

rebeldes y sensuales.

 

La letra, será danza

daré una v de valor a mi pecho

una u de urdimbre a mis entrañas

una e de esperanza a mi canto

una ele de libertad a mi voz

una a de aliento a mi vientre.

 

No todo se queda en casa

yo me voy a correr en mundo

los trapitos al sol serán

murales en la calle

voces en la radio

y siempre alas

en el poema.

 

 

Cuentan que la Guerra Terminó

 

Pero la guerra está incrustada en las mejillas

en los párpados, en las sienes, en los símbolos.

La guerra se clavó en los zapatos

se empotró en las palabras

tiene una carga de metralla.

blasfema en las esquinas

se apasiona con los llantos

de las desposeídas, de los desplazados.

 

Cuentan que la guerra terminó

pero la siento entre mis piernas aterradas

ladrona del sueño, esquirla en la garganta.

El miedo me cabalga en las entrañas

pandemia por milenios aceptada.

 

La guerra se establece entre los sueños

comete pecados capitales

nadie le dice nada, nadie la indaga

porque le dicen “partera” de la historia

eso quedó decretado

por los señores patriarcas.

 

Pero la guerra está incrustada en las mejillas

en los párpados, en las sienes, en los símbolos.

 

 

De soslayo

 

Los desaparecidos hablan desde la ausencia

reclaman su cuerpo, su voz, su ser

allí donde fueron abandonados

en el fondo del río

bajo tierra

entre escombros         

                                             son cenizas.

 

Él se mira, más no de frente

las pestañas cargan mucho peso

se mira esquivo

la barba importuna su rostro tenso

por eso     cae

cuanto estorba     cae

lo indeseable    cae.

 

Los desaparecidos ya no vuelven a casa

pertenecen a un mundo sin caminos

¿Cuántos deben dejar de existir?

Cualquier testigo incómodo     cae

las evidencias, escocen en algún rincón

hechas cenizas, el fuego las desvanece

el río fluye, limpia

solo sombras nutren la extrañeza

mientras lo insoportable      cae.

Alguien busca, llora,

agoniza de incertidumbre

su voz      cae.

 

Mientras él, experto en desapariciones

Se afeita, se lava la cara, se acicala

se mira de soslayo en el espejo

mientras la barba      cae.

 

 

Me llaman Caos

 

Soy de esas que arman una tormenta en un vaso de agua

sin dársele nada.

¿Por qué habría de tener vergüenza

de hacer de la nada algo incómodo?

¿De avivar turbulencias y pasiones?

Soy de las que no saben a dónde van ni de dónde vienen

y no me importa

no me alebresta, ni escandaliza

no tener norte ni sur

ni moderarme

ni ajustarme

Me llaman caos y lo soy.

Soy de las que nutren su vida de experiencias subversivas.

En mi cabeza y en mis pies

danzo a la puta y escurridiza libertad:

aquella tan manoseada

tan vilipendiada.

 

 

Palestina

 

Tengo un pueblo

sumido en el pecho

ha hecho nido en mi árbol

de ramajes agitados

que no se quedan quietos

y van buscando la luz.

 

Tengo miradas ausentes

clavadas en el vientre

se me estampilla el duelo

al sepultar en el silencio

las risas de las niñas y los niños.

Madres borradas de pechos

hombres que trasegaron y amaron

tengo ausencias en la boca

nombres sepultados

por el poder de las armas, el odio, el dominio.

 

Las lágrimas subyacen y hacen pozos

lágrimas vivas del mundo

formando vertientes subterráneas

pozos cada vez más profundos

socavando,

penetrando

sin fronteras

sin banderas

pozos de llanto

pozos de latidos de dignidad y resistencia.



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