Mónica Espitia Reyes
Presentamos una selección de poemas de Mónica Natalia Espitia Reyes (Samacá, Boyacá, 1992) es poeta y Magister en Literatura. Estudio Psicología (2017). Obtuvo mención en el Concurso Nacional de la Casa de Poesía Silva (2020), con Iridiscencia obtuvo la Beca de Creación en Literatura (2024) de la Convocatoria de Estímulos para Procesos Artísticos y culturales de la Alcaldía Mayor de Tunja, con Lunas en el envés del alba fue ganadora en la línea de poesía de la convocatoria de estímulos del Consejo Editorial de Autores Boyacenses (CEAB) y de la Secretaria de Cultura y Patrimonio de Boyacá (2025).
Duelo
La madre ha perdido a su hijo,
y lo recuerda cada vez
que teje una carpeta de mesa.
Una nueva y otra nueva,
una nueva y otra nueva.
Ella sabe que teje el vacío,
bien sabe que teje el dolor,
en cada puntada del hilo.
Abeja
Yaces en la flor
te anudas a su boca
que se entrega.
Hecha de tierra
Raíz nutrida de agua, aire, sol, caminos y carreras,
espíritu ancestral de bosques y de selvas.
Sangre fogosa ebulle, sus pechos alimentan,
acaricia con dulzura, desgarra con fiereza
mujer de cuerpo oscuro emerge entre la niebla.
Mis territorios
Son espacios interiores,
el paisaje, el amor, la vida, el hogar,
el cuerpo, la palabra.
Mi territorio soy yo misma
cuando me habito con bondad,
cuando pongo mis pies en libertad
sobre la tierra.
UNA CIUDAD grande explota refulge
aparece en estado de congelación
se abre como monstruo devorador.
Metrópoli incandescente iridiscente luminosa
sabana fecundada de cemento
aparece encendida detrás de la ventana
se derrama evanescente castañeante
edulcorada sanguínea anfibia.
Juega camina se agita en ubicuidad
ciudad de árboles flotantes y enraizados
resplandece con el viento con el tiempo
ciudad de piedra y sueños.
Tiene casas australes abandonadas al azar
delira se muestra vibrante alegre supura
se recupera de sus fenómenos antiguos.
Despierta mece a un ser que nace
es animal objetual oscura clara mortal
agónica viviente portal infinito de sí misma
lugar real.
Flor de geranio mar profundo anegado andino
pedazo de ciudad que se revela
se dispone se construye se entrega
encuentra voces en las calles
tiene recovecos infinitos
guarda memorias en las huellas dactilares
se sumerge sueña con puentes levadizos
amarga voraz dulce gris
amarilla azulada.
Una ciudad aparece por las calles
se escuda en los rincones
retumba resuena tirita crepita
se embelesa respira.
Ciudad de autos y luces fluorescentes
moles de concreto urdido cerros abismales
y nublados glaciales.
Espectáculo de espejos destellantes
aparato cromático caleidoscópico
melodía amalgamada rítmica locomotora frenética
lúbrica su cielo es manta de agua luminosa
aroma a fragancia asfáltica polvorienta.
Una ciudad traga entre sus fauces
regurgita y escupe debajo de algún puente peatonal
es serpiente transformada da vueltas en su eje
come del néctar de sí misma.
El gusano metálico mueve su cola
alrededor de una rotonda sube un puente
una legión de autos la contempla
pitan aúllan rechinan
brilla con sus luces de neón sobre el pavimento mojado
en medio del océano humeante
de la tarde.
¡OH, FABULOSA Lorelei bañada de azules!
párpados verdes acarician tu faz
¡oh, pequeño ser cetáceo durmiente del agua!
UN NUEVO DÍA se despliega
luz completamente blanca indicio de nieve
sábana solar hemisferio norte círculo polar
día blanco lóbrego lluvioso.
Una mañana arrasa ahora este estudio esta casa
vibra resplandece juega con los azahares.
Madrugada cubierta de luz transparente
blanco brillante blanco oblicuo
blanco crema para encerar el auto
blanco diente blanca cortina de seda
media de colegio blanca camisa de colegio blanca
niña de colegio blanca
blancura que atraviesa el otro lado de la cortina
irradia.
Espera espejo cóncavo donde miro mis costados
llama blanca relámpago
luz tenue en la lluvia rosa blanca esclerótica
cuerpo transmutado iluminado albino.
Espacio sangre lunar
he querido decir frío.
Filo de espada reloj de arenilla blanca
sangre de pez escamas edulcoradas
cristales de cuarzo cemento en polvo cráter lunar
refugio sonido de avión círculos blancos
ríos blancos escarcha blanquecina
trote de zorro escarabajo
orquídea.
SELVA ARDOR AZUL especie cimbreante
moteada encendida constelación nacida elucubrada
desvanecida en el vaho a la hora justa de sus calendarios
y sentencias de bosques y playas.
Al amanecer atmósfera nueva
caminos susurrantes de una nueva música encontrada
parecida al canto del gallo paloma torcaz abre sus alas
mientras respiras los días se arremolinan
y se cobijan entre los follajes de las plantas.
Al ocaso la luz declina
con distancia onírica de la sombra cimentada
otoño plagado de murciélagos
océano de olas cargadas
monstruo devorador de espumas blancas.
Caballos galopan encendidos minotauros
bañistas salen de la playa
caminan por entre melodías de aves
sapos grillos cánticos de ninfas y sirenas plateadas.
Selva revestida iluminada
verde vertiginosa de susurrantes herbolarias
setas manantiales pozos burbujeantes
afluente de espesura son tus aguas.
Líquenes resplandecientes por entre bosques y montañas
tu noche degüella los sonidos de los troncos
engulles la mariposa el sapo
mientras se escuchan los ululatos de los búhos
y frescas se mueven las algas.
En plenilunio redes de pescadores habitadas
buscan soles en lugar de peces
y mansas se extienden sobre el agua
buscan cristales de ámbar.
Duermen los gorriones entre el mar de hojas brillantes
hasta donde se eleva tu savia
buscan oscuridad en profundidad ingrávida
cuando la noche se extiende
vasta sísmica arrebolada.
Tus tardes de bruma son de lluvia
territorio habitado por agua
agua sonora agua encendida agua monótona
agua de azul y sal agua verde
de manantial fecundo de río que se entrelaza
agua luminosa agua escarchada
turquesa marina y esmeralda.