Néstor Mendoza
Cuaderno de Cos
Tal vez la palabra «extrañeza» es lo primero que surge al contacto nuestro con la voz de Cos, el hablante lírico de estos poemas de Néstor Mendoza. Estoy casi seguro que el amigo lector va a coincidir conmigo en esta calificación, porque de entrada ellos lindan entre las dos superficies que marcan lo subterráneo y lo terrenal, juegan a lo oscuro metafóricamente a la vez que a destellos nos iluminan.
Debo señalar, asimismo, que la sentencia inicial del libro fue la primera clave que me permitió acercarme a estos poemas en prosa cifrados en poesía: «Se pierde la posibilidad del detalle», dice el poeta. La pregunta es, entonces, ¿adónde nos lleva el poema? ¿Es una mirada que se empeña en ver el todo como un conjunto de formas ilusorias y concretas al mismo tiempo?
Tengo entendido que el poeta pasa siempre por una puerta que se abre de adentro hacia afuera y viceversa. Así lo dice Mendoza en uno de sus poemas, «La puerta se abrió sin ayuda de bisagras». No hay aquí, como en todo este libro, una afirmación, una negación. Quizás una respuesta a lo que tiene una pregunta que no conocemos, que como todo en poesía está dentro de las palabras: «Quienes vieron los árboles fueron los que nunca preguntaron ni molestaron al acompañante con preguntas impertinentes».
Fue Octavio Paz el que trajo a la academia la expresión popular de «puertas al campo», y ella nos sirve aquí para precisar a dónde se dirige esa mirada que nos lleva a ver lo otro, y como lo dice uno de los poemas, «el lado allá de la puerta», donde ese «allá» es el centro que nos ilumina. Los poemas se mueven en un terreno inalcanzable, en un campo de árboles solitarios, de animales que cargan la palabra «deforme» como fantasmas, lluvia que no termina de empezar a caer.
Debo recomendar al lector que no intente utilizar las herramientas de lo inteligible para acercarse a estos poemas. Debe ir a las palabras como piedras preciosas, a sus secretos símbolos que posibilitan la llave para acceder a un mundo donde lo sensorial, así sea difícil, es estimulante, como predicaba José Lezama Lima. El poeta es el contador de piedras, nos lleva a comprender Néstor Mendoza, el que nunca se cansa de contar piedras. «No busques la salida, no has entrado», nos dice «el Dios de la duda» que ha creado estos poemas.
Armando Romero
Poeta, crítico y docente colombiano
Selección de Cuaderno de Cos
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Se pierde la posibilidad del detalle, no es permitida la mirada conjunta —una exigencia del ojo— sino por partes, pieza por pieza, arruga por arruga, como si con esto intentaran (con) vencernos. Y lo hacen cuando ya estábamos acostumbrados a mirar hacia un solo punto, en la parte siempre frontal. Ya no habrá más horizonte excepto sobras para la mediocridad de cualquier ojo.
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Era un campo extendido y sin cosechas artificiales —eso dijeron—, creado solo para algunas miradas, aquellas capaces de confiar en el olor del capullo. Para ellos se reservan los mejores frutos que siempre crecen sin la vigilancia de los ojos terrestres. Quienes vieron esa vegetación por primera vez fueron los que nunca preguntaron ni molestaron al acompañante con mensajes impertinentes, los que solo se dejaban dominar por la intensidad de ciertas maneras de asumir el roce, su lenguaje en la piel.
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Estos sucios campos no guardan relación alguna con lo que nuestros padres leyeron en los libros, se aleja mucho de los hechos narrados con belleza ancestral, con las herramientas de la metáfora. Da igual que miremos un árbol arqueado de tanta fruta, que un tronco sin nada verde encima.
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Los más veloces no siempre fueron quienes obtuvieron el oro olímpico; los más fuertes no siempre fueron los que alzaron más kilos en sus manos; los más hermosos no siempre fueron los más deseados; no siempre un cuerpo bello guardaba algo delicado en el alma. No siempre los de mayor visión previeron la caída.
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Para ÉL, la llegada de la noche (es decir, la caída del día) es el teatro de la abundancia. Se supone que las palabras vuelven a un fluir no domado por los decretos pactados ante el sol, muy lejos de los convenios que se firman en el día. Porque la noche (o su interpretación) nos ofrece otro vendaje.
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Una contradicción: pocos saben que desde este lado del reino se esconde no un miedo a los culpables sino el miedo a las víctimas.
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Néstor Mendoza (Maracay, Venezuela, 1985). Poeta, ensayista, gestor cultural y editor. Licenciado en Educación, en la especialidad de Lengua y Literatura (Universidad de Carabobo). Realizó cursos de posgrado en Literatura Latinoamericana y en Filosofía. Editor de El Taller Blanco Ediciones. Actualmente cursa el Diplomado de Historia de Colombia (Fundación Universitaria Juan N. Corpas/Patronato Colombiano de Artes y Ciencias). Autor de los poemarios Andamios (Equinoccio, Caracas, 2012), merecedor del IV Premio Nacional Universitario de Literatura 2011; Pasajero (Dcir Ediciones, Caracas, 2015); Ojiva (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2019), libro que cuenta con una edición alemana: Sprengkopf (Hochroth Heidelberg, 2019), con traducción de Michael Ebmeyer; en inglés: Warhead (Editorial Pulpo, Puerto Rico, 2024); y parcialmente al francés: Poblar la intemperie/peupler l’intempérie (La Poeteca, Caracas, 2023), traducción de Stéphane Chaumet; Dípticos (Editorial Seshat, Bogotá, 2020), Paciencia mineral (Ediciones Estival, Maracay, 2023) y Cuaderno de Cos (Rubiano Ediciones, Valencia, 2026). Ha publicado la antología Simulacro. 2007-2020 (Editorial Seshat, Bogotá, 2021) y los libros en prosa Alfabeto de humo. Ensayos sobre poesía venezolana (Ediciones Estival, Maracay, 2022), Alfabeto de humo II. Ensayos y reseñas sobre poesía venezolana (Ediciones Estival, Maracay, 2024) y Álbum de grabados. Prosa diversa (Casa Vacía, USA, 2024). Finalista del I Concurso Nacional de Poesía Joven «Rafael Cadenas» 2016. Finalista del XL Premio Internacional de Poesía «Juan Alcaide» (Ciudad Real, España, 2021). Finalista del 5to Premio «Lo Mejor de Nos» (La Vida de Nos/Banesco, Caracas, 2022), para textos de no ficción. Con la crónica «El primer lector de Borges» resultó ganador de la Convocatoria de Reseñas (Ediciones El Silencio/Ministerio de Cultura de Colombia, Cali, 2022). Compilador, junto a Gladys Mendía, de la antología de poesía Colombia-Venezuela Nos siguen pegando abajo (LP5 Editora, Chile, 2020).