Juan Sebastián Sánchez
A continuación, presentamos un conjunto de poemas de Juan Sebastián Sánchez. Nació el 12 de marzo de 1987 en Medellín. Poeta, cofundador de la editorial; escamandro ediciones, asesor literario, ensayista y docente en formación en Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia. Hace parte de la tertulia de los Octámbulos. Director del taller - tertulia Albatros, adscrito a la red Relata del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Poeta invitado al II Festival de Poesía Sílaba de Agua de Cartagena de Indias, 2019 y 2024. Además, cuenta con una columna de opinión literaria en El Diario de Madrid de España llamada “Una mirada posible”. Ganador del XXIII concurso nacional de poesía Eduardo Carranza, 2025. Antologado en el libro Morir es un país que amabas editado por Escarabajo y Abisinia, 2024. Publicó el poemario Canto a las cosas sin memoria de la colección Obra Abierta, editorial SESHAT de Bogotá, 2021.Tercer puesto de poesía Ciudad de Itagüí 2021. Publicó el poemario Herida hecha luz editorial Escarabajo de Bogotá, 2021. Mención de RELATA por el poemario Canto a las cosas sin memoria, 2021. Invitado al XXVII Festival de Literatura de Córdoba y del Caribe, 2019. Invitado al XVII Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena, 2019. Poeta invitado al 29 Festival Internacional de Poesía de Medellín, 2019. Ganador de Estímulo a la Creación Literaria Gobernación de Antioquia 2018. Publicó el libro "La orilla de una palabra que no recordamos", 2018. PubliPrimer puesto en la modalidad de poesía Ciudad de Itagüí, 2017.
Heráclito
No somos los mismos
presentimos el final
cuando la sombra se vuelve
lejanía
Ante el espejo
la memoria
apaga la piel
No somos iguales
después de salir
dos veces
de la misma palabra
Lo oculto
escribo para que la muerte no tenga la última palabra
Odysseus Elytis
Pensar que es cierto
este silencio que habita
a nuestro paso
Este crujir de sombras
en la piel gastada
este lenguaje
que nos recuerda
que habremos de estar
solos
cuando el papel
olvide la palabra
Ser
Aprendimos a golpearnos
en cada sombra
Acaso no somos fuertes
con la raíz que atraviesa
la palabra en nuestro cuerpo
Acaso aprendimos
a cargar
el peso
del abismo
Érebo
Es necesario transitar
la sombra
Ver el lenguaje que ocupa
en las personas y los objetos
nuestros ojos sagrados
Encender velas
como si el fuego
llenase los abismos
como si la oscuridad
fuera la única luz
Hojas
Las hojas caen y se abren
como otro vocablo del tiempo
En medio
estamos nosotros
habitando el silencio
que nos corresponde
Fueron tal vez
aquellas hojas
cayendo
nuestro primer abismo
La mujer de Lot
Génesis (19:26)
En la desobediencia
está el sosiego
que pocos comprenden
Hay hendiduras en la mirada
el sudor cae como cicatriz
de fuego en el rostro
La mujer hecha estatua
lleva en silencio
la luz y la tragedia
como un dios pequeño
ante la mirada de sal
DESPUÉS DE REUNIR LO PERDIDO
queda la guerra
por donde asoma la niebla
el rayo no alcanza la claridad de los objetos
y todo cuanto somos muere bajo la piel
Después de engañar a Polifemo
Después de vencer en Tracia
Después de soportar la ira de Poseidón
descubro otra Ítaca
quizá la verdadera
no aquel lugar de dónde vengo
donde una aventura como esta
no merecía un héroe
LA SINGER TIENE PEDAL OXIDADO
la rebeldía contra los cambios
hizo que su pedal guardara quietud
allí se tejió
(no la armadura para Troya
o la de los caballeros de la Mesa Redonda)
sino prendas del más fiero abismo
pensar que acá
se urdió otra historia sería absurdo
Lo que hay es una Singer de pedal oxidado
verla quieta
y presentir a madre como Penélope
no cosiendo el interminable sudario
sino el pan
XXXVI.
A Hugo Mujica
LA ARAÑA TEJE
con sus hilos
la historia bajo la yema de los huesos
Las gotas parecen astros
al caer en la telaraña
Sin ninguna oración
ni feligresía
catorce mil millones de años después
no fue dios ni el Big bang
sino la araña
tejiendo el universo
XXXI.
A Cartagena
LAS OLAS REGRESAN
y oigo el ritmo
que proviene del sudor en la playa
ahí estás —niña de arena—
no con el camino trazado
ni las monedas justas para la renta
sino con el barro del infortunio
acudes a nuestro encuentro
con la misma inocencia
de un dios sin plegaria