Carolina Dávila: Buenavista, un kilómetro
Presentamos una selección de poemas de Buenavista, un kilómetro, el más recientemente libro de la poeta colombiana Carolina Dávila, publicado por Editorial Voraz.
Fragmento 1 (esto no es un título, es solo una separación hecha para esta edición)
***
en las tapitas juntamos vida
juntamos muerte y aquello que desconocemos
te ofrendamos muerte
virgen
cadáver colémbolo
bolsa reseca y su contenido
los huevos inertes de la rana de cristal
te ofrendamos lo desconocido
la vida suspendida del tardígrado
y los rotíferos xenobiontes que volverán a la vida con la lluvia
los muchachitosmuchachitas arrancan el musgo
y el musgo no es bosque habitado
nadie les habla de la vida que no ven
ni saben cuidar lo que no alcanzan
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van de una finca a otra
de el porvenir a el paraíso y viceversa
llevan cantimploras con agua
doble media dentro de las botas
camisas de manga larga y sombreros pescadores
las madres las han embadurnado con repelente y bloqueador solar
doblan a la izquierda cuando dejan la casa, pasan por el lado de la despulpadora, bajan y rozan el desperdicio, la cáscara de café que se amontona a los pies de la máquina.
van con la energía de la mañana
quieren verlo todo tocarlo todo
y cuando las plantas de los pies palpiten
descansar en la suave piel de las rocas a la orilla del riachuelo
Fragmento 2
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cogíamos los vasos con las manos negras por la tierra. bogábamos y entre sorbo y sorbo contábamos que el musgo que escapaba de nuestros bolsillos era para poner en las tapitas de cerveza, que nos gustaba adornarlas con flores y con granos de café y llevarlas al altar de la virgen al borde de la carretera.
el musgo que crecía nosotras lo arrancábamos como costras
***
todo en ellos se parece
se unen en el gesto multiplicado de la camisa roída
en el sonido que hacen al tomar jugo de naranja recién hecho
una misma algarabía las recorre cuando un tío
una tía tal vez
lanza un balón para que se distraigan
todos miran con asombro idéntico la tarántula que arrastra un huevo blanco y liso como las almendras cubiertas de azúcar que les traen del pueblo
todas contienen el mismo grito ante el balde amarillo con la melaza para los caballos en el que meten los dedos cuando no los siguen ojos adultos
hay en ellos un modo de decir
conjugado en algo como la primera persona del plural
pero más denso
enredado
tratando de separar el musgo que no es madeja pero casi
como llamarlo
nosotras musgo
ellos musgo
pero no es eso y también lo es en la madeja cuerpo apelmazado
***
una madre una tía tal vez
cuelga la manguera de las tejas coloradas
y brota una cascada que explota en el piso de tierra
con el sol del mediodía el agua es una mancha de colores
una montaña sin contorno
o una casa que parece un hongo punteado
amanita muscaria dice un tío
una madre
: techo rojo con pintas tallo amarillo
en fila las muchachitasmuchachitos esperan su turno
se bañan en calzones y camisetas viejas
bajo la indefinida montaña se les pega la ropa
revela sus siluetas que escurren
salen corriendo a buscar pantalones limpios porque van al pueblo
rastro de charcos
huellasgotas
cuidado que la abuela se puede caer
caer
caer
es el eco que les llega mientras suben la pendiente hasta la carretera
bullicio de pájaros, bullicio de muchachitos, bullicio de perros al pasar por la finca del señor héctor, saltos de muchachitas que se adelantan por la marca de asfalto
un tío un primo más grande
tal vez un padre los llama al orden
arman una fila que se mantendrá al borde de la carretera
giro a la izquierda
buenavista un kilómetro
leen loslas que ya saben
el bullicio recorre el pueblo como un aguacero
dejan atrás la cancha de fútbol
el hospital
el billar
el almacén del comité de cafeteros
desde donde alguien pregunta por la abuela
***
se desparraman al llegar a la plaza principal, buscan helados de leche y canicas, pasan como una nube de mosquitos por todas las misceláneas y con lo ganado en pequeñas labores pagan las canicas hasta vaciar el pueblo.
Fragmento 3
***
hay un niño
el niño tiene tres o cuatro años y su propia manada cuadrúpeda
el niño come con los perros
mete la mano en el roscón de caucho destripado para agarrar la tusa de la mazorca
al fondo de la aguamasa su mano se confunde con los hocicos
***
de un lado la mano pequeña del niño
del otro la trompa larga de un perro sin nombre
el hueso en el medio
un trozo de espinazo de cerdo con hilachas de colicero
el niño ganará el pulso
y el perro volverá a la aguamasa fermentada que reposa en la llanta
buscará otro hueso
un plátano
***
desde el borde de la casa
donde apenas cae la sombra de las tejas
con las manos pegachentas por la melaza
las muchachitasmuchachitos miran al niño y a los perros
su banquete
su festín de mediodía
están en el límite
saben que no pueden acercarse cuando los perros comen
solo el niño que es uno de ellos
los muchachitosmuchachitas fantasean con una manada como esa
con huesos de marrano lamidos por la misma lengua que ahora pasa
por la cara del niño
su brazo
todo su cuerpo
perros y niño se revuelcan se ríen se lamen y ruedan por el piso de tierra
***
al anochecer
niño y perros duermen juntos
tirados en el patio
hasta que la madre los separa
toma al niño y lo lleva a una cama
lejos de su jauría
las muchachitasmuchitos también duermen
graban en sueños las historias de la tarde
ejercitan el músculo del pasado
descansan con el olor de la melaza
y la rugosidad que les raspa el paladar
tendrán en sus recuerdos un camino de regreso
instalada dentro una memoria corporal
en las células
un banco de sardinas
***
duermen como una camada recién venida al mundo y su sueño es cueva tapizada por el musgo. de dónde tanta agua. de dónde la humedad que no les pertenece. una textura algodonosa se extiende como un virus. pero el tiempo del sueño no es el del virus, ni el de las madres que están siempre en movimiento, ni el de la abuela, los tíos y las tías o las cartas que caen sobre la mesa.
Fragmento 4
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sobre la cama de ramas y musgo
la rana de cristal deja sus huevos
la rana espera
los cubre y los cuida un tiempo sin tiempo
que termina con un brinco
los huevos son
y al ser están
ahí
en la ramita húmeda
en esa espuma que es el musgo
ahí los huevos
inmersos en gelatina nutricia
cuando sea la hora se deslizarán
caerán al agua listos para romperse
el musgo abandonó el agua hace cuatrocientos cincuenta millones de años para ser afuera
el huevo vuelve al agua para ser dentro
***
un día fueron musgo al alcance de la vista. tejido en una placa y al microscopio
: musgos.
***
aprendimos a secarnos sin morir
cuando el agua faltó nos deshilachamos
nos separamos casi nos perdimos
pero esperamos y existimos
en la sed tendimos a la semejanza
como se parecen los huesos que pierden la carne
secas esperamos
***
nos movemos con la convicción de lo lento
tapamos las piedras y los tallos
lejos en las cordilleras más altas de la tierra
antes de la cordillera misma ya éramos y teníamos sed
***
la palabra es en un lugar y no en otro y las muchachitasmuchachitos dicen elba como dicen finca o jugo. como dicen piquis o marrano o pato. han crecido con la palabra beneficiadero y con la palabra almendra que no es la nuez ovalada sino el café listo para secarse al sol.
la elba está llena de almendras y la abuela grita que no se acerquen, que el café no es para jugar, que quiénes son todos esos muchachitos.
alguien, una tía, tal vez, una hija, toma a la abuela del brazo y la lleva a la habitaciónlaberinto, le ayuda a sentarse y le masajea los pies. la abuela olvida los granos de café esparcidos en la superficie de cemento como ha olvidado que esas muchachitas son sus nietas.
Carolina Dávila (Colombia, 1982). Es poeta, escritora y educadora. Doctora en literatura latinoamericana, obtuvo en 2010 el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura de Colombia por su primer libro de poesía, Como las catedrales (Universidad Nacional de Colombia, 2011). Entre sus obras se destacan Imagen (in)completa (Universidad Externado de Colombia, 2018), animal ajena (Cardumen Libros y Laguna Libros, 2022) y Buenavista, un kilómetro (Voraz, 2026). Ha sido editora de la revista Rio Grande Review y del fanzine La Trenza. Asimismo, ha participado en Contaminación Cruzada, un experimento poético y artístico de intervención urbana que explora las transformaciones del lenguaje poético en su interacción con el espacio público y con las agencias vivas y no vivas que lo atraviesan.