La palabra como memoria
La palabra como memoria: poesía y responsabilidad
(Sobre Voces del Bajo Cauca de Alejo Morales)
Por Juan David Hernández
En Colombia, escribir sobre la violencia no es solo una decisión estética. Es casi una postura frente a la realidad. En un país donde el conflicto armado ha marcado territorios enteros, la poesía puede convertirse en una forma de memoria. Eso es lo que sucede en Voces del Bajo Cauca. El libro no intenta adornar el dolor ni convertirlo en algo “poético”, en el sentido romántico, sino que lo enfrenta desde la palabra.
El Bajo Cauca antioqueño muchas veces aparece en las noticias como un lugar asociado únicamente con guerra, minería ilegal o desplazamiento. Se habla del territorio, pero no de las personas que lo habitan. En ese sentido, el poemario propone algo distinto: darle espacio a las voces que normalmente no aparecen. No se trata solo de contar lo que pasó, sino de mostrar cómo la violencia atraviesa el cuerpo, la identidad y la memoria.
“¿Acaso no es un país la piel que me crece en el corazón?”
(Morales, p. 29).
Aquí el país deja de ser un mapa y se convierte en algo íntimo. La patria no es una idea abstracta, sino una experiencia que se siente en el cuerpo. Esa imagen me parece importante porque muestra cómo el territorio no es solo tierra, sino historia vívida y memoria que permanece.
“Ese día, los cabellos de nuestras madres se elevaron
como ramas ante un enjambre de helicópteros.”
(Morales, p. 18).
Esta imagen conecta la figura materna con el miedo y la guerra, mostrando cómo incluso escenas familiares terminan atravesadas por el conflicto armado.
“Mi útero no es una olla de vidrio
en el que cada mañana
un batallón se lava el rostro.”
(Morales, p. 41).
En varios poemas también se nota cómo la violencia afecta directamente la identidad, en especial en el caso de las mujeres. La imagen deja claro que el conflicto no solo destruye pueblos o territorios, sino también identidades y formas de reconocerse.
Otro aspecto es que el lenguaje del libro no es exagerado ni dramático. No hay muchas metáforas complicadas ni un tono rebuscado. Más bien es directo y contenido. Eso hace que el dolor no parezca un espectáculo, sino una experiencia real. En lugar de embellecer la herida, el poema la nombra y la deja ahí, sin suavizarla.
“Hemos hablado por siglos una lengua de barro.
Hemos hecho que los huesos silben su tristeza
de no tener cuerpo.”
(Morales, p. 29).
La memoria, el tema central, en un país donde muchas veces se intenta pasar la página rápidamente, el libro insiste en mantener vivas las huellas de quienes ya no están. La idea de que los “huesos” aún expresan tristeza convierte el recuerdo en una forma de resistencia frente al olvido.
También hay una pregunta que resume el daño que deja la violencia: «¿Qué se siente ser la mitad de una mujer?». Esa frase no explica nada, pero lo dice todo. Habla de una fractura, de una identidad incompleta, de una pérdida que va más allá de lo material. El poema no necesita describir la tragedia; basta con la pregunta para que el lector sienta el vacío y entienda la profundidad del daño.
Además, el libro no presenta a las víctimas como figuras lejanas o abstractas. Las muestra como personas con historia, con familia y con voz. Esto me parece importante porque muchas veces, desde los medios o incluso desde el discurso oficial, se habla de números y estadísticas. En cambio, aquí hay nombres, cuerpos y emociones. La poesía logra algo que a veces el periodismo no alcanza: detenerse en la dimensión humana del conflicto.
Desde mi formación en Comunicación Social y Periodismo, este libro me hace pensar en la responsabilidad de narrar sin reducir las historias al dato. Informar es necesario, pero también lo es comprender el impacto humano detrás de cada hecho. Aunque la poesía no tiene la misma función que el periodismo, ambos comparten algo: la posibilidad de construir memoria. En ese sentido, Voces del Bajo Cauca demuestra que la palabra puede ser una forma de resistencia frente al olvido.
En conclusión, este poemario no ofrece soluciones ni respuestas definitivas sobre el conflicto colombiano, pero sí abre un espacio para reflexionar. Nos recuerda que detrás de cada territorio marcado por la violencia hay personas que siguen viviendo, evocando y resistiendo. La poesía, en este caso, no es evasión, sino una manera de mirar de frente la realidad y de asumir que conservar la memoria también es una forma de tomar posición.
Alejo Morales es poeta y escritor colombiano cuya obra se caracteriza por abordar temas relacionados con la memoria, la violencia, el territorio y las heridas sociales del conflicto armado en Colombia. En su poemario Voces del Bajo Cauca construye una poesía marcada por imágenes sensibles y una reflexión sobre la experiencia humana en medio de la guerra y el desarraigo. Ganador del Concurso Universitario Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia con el poemario Abandonados en la puerta de la historia.
Juan David Hernández Bohórquez es estudiante de noveno semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Central.