Valeria Román Marroquín
Valeria Román Marroquín
Una voz que se escribe desde el cuerpo cuando el lenguaje ya no basta. Aquí, la experiencia no se cuenta: se contrae, se repite, se vuelve carne. Entre la culpa, la pérdida y lo innombrable, el poema insiste revelando no solo la vulnerabilidad de la experiencia, sino también la dificultad de nombrarla.
l.
apagada la luz
pleno abrazo mis senos como acto de pudor
el aire está caliente y pienso
mínima en aquella
noche negra y plana
magna donde me dejaron
abdicada abatida
ahora siamesa
niña dentro de una niña
apenas setenta kilos y un cuarto de siglo
agotada
apagada la luz
pleno abrazo mi estómago como acto de vergüenza
el aire está caliente y pienso
cierren la puerta
déjenme sola
2.
exacto momento después
de la dicción
del acto coital
y contraído el omóplato blanda carne
de ganado
abierto de mi costado se alimentó
exacto momento
después
de la fatiga y el horror descubierto
pleno
tejido muscular tejido adiposo
real desbordado
sobre crudo mi pecho
reposado en mis entrañas carcomido aliento
semen
en mis costillas
cuerpo sobre cuerpo
inerte amor
contrario
sobre
blanda carne de ganado
7,
apenas nueve meses vivimos
yo sin comprender nada
sobre la belleza de los
cuerpos limpios ni la griega manía material
del anticonceptivo
recordando acaso mis errores
rezagada acaso en tragedia
en no darme cuenta
nueve meses: número higiénico purgado ejecutado
que habré de arrastrar sobre las costumbres al prodigio humano
a la angustia ideal animal
a los altos límites
apenas dos meses vivimos
apenas dos meses te tuve
dos meses
siete semanas
cuarenta y cuatro días
sesenta y tres mil trescientos sesenta minutos
te tuve
serpiente enroscada
al ombligo
9.
madre
hoy me hice mujer flor dentro de una flor
a altas horas de rutina movimiento tras movimiento
sin perder noción del ritmo
ni de la tradición que precede
el ánima de esta pérdida
madre
hoy me hice madre niña dentro de una niña
a altas horas de vergüenza
contando con los dedos
las horas incansables
los pechos ajustados la panza tersa
madre
hoy me hice anciana polilla dentro de una niña
mi corazón ofende al ayuno
y cede al silencio,
entierra a sus hijos
con tendencias a lo meridional
trece metros bajo catre
madre
nadie comprende el peso
de este lenguaje
ni de lo nombrado en la culpa
sea mío sea ajeno
madre
perdóname
he perdido todo:
apaga la luz
cierra la puerta
déjame sola
Valeria Román Marroquín. Escritora peruana y pirotécnica, proyectada e ideologizada. Artista sonora. Traductora. Rata rítmica bajo la órbita de Saturno y el signo del tigre. Cursé estudios de filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y nunca me gradué. Soy gestora de N! espacio, casa multipolar en el distrito de Magdalena del Mar, dedicada a los márgenes y los monstruos de las artes. Dirijo con puño de hierro el Taller Editorial Verdugo, espacio para el aprendizaje colectivo y la práctica material de la escritura. Junto al músico Mauricio Moquillaza formamos un dúo intermitente de poesía y noise, el cual ha presentado dos piezas sonoras: nonato (2024) e himnos del ayuno (2025). La poesía no me importa en lo absoluto. La poesía es lo más importante para mí. He escrito y publicado los libros feelback (2016), Matrioska (2018; reeditado por Voraz Editorial, 2026), Triza la luz (2020), ana c. buena (2021) y Multitudes (2024). Algunas plaquetas se encuentran circulando en el espacio del Internet. Contengo multitudes. Más importante aún, tengo dos gatos.