Lento caer de lluvia
Lento caer de lluvia
Los poemas de Sergio Antonio Chiappe (Bogotá, 1972) se despliegan desde una mirada atenta a lo frágil: la infancia, la memoria, el cuerpo y su tránsito hacia el silencio.
En esta escritura, la palabra respira con el ritmo de lo natural —la luna, los pájaros, la tierra— y dialoga con la pérdida sin estridencia. Cada poema propone una pausa: una invitación a detenerse en su poesía.
Verlo morir
Me conmueven las palabras,
su lenta respiración de árbol,
la plasticidad con que danzan en el aire
mientras van cayendo en el olvido.
Me conmueve decir mundo
y verlo morir
como animal que agoniza
en la arena o en el matadero.
Me conmueve su bello
y triste canto.
Duerme luna
Duerme la luna serenísima
como si nada la agobiara,
entre tanto, pequeños niños juegan a esconderse
en la oscuridad de viejas casas.
Los pequeños se esconden muy adentro.
La luna –serenísima- sueña con ángeles perdidos;
se ve a ella misma buscándolos por caminos desdoblados.
su luz no basta para alumbrar las huellas.
En el sueño, ella también es un ángel perdido.
Hay niños que jamás regresan
de la oscuridad de viejas casas.
El sueño de los pájaros
La fortuna sólo es una línea en la palma de la mano.
La muerte siempre es una sombra que llega a tiempo.
A veces me tienta saber que sueñan los pájaros,
¿volar acaso es un intento por romper el cielo-burbuja
y explorar el vacío?
Suponiendo que el vacío se encuentra más allá del cielo.
Algunas veces me tienta el vuelo,
sentir el golpe del viento frío
afilar mis alas.
El salitre de mi niñez
Me parece ver a mi padre los domingos
afeitándose frente al espejo.
El rostro de un hombre
con demasiados sueños
se descubría para mí.
Aquella imagen fue un pacto de silencio
de hombre y niño.
Hoy que ya no estás,
soy yo quien se afeita
y descubro en el espejo
que los gestos y los sueños
se replican.
Hoy llueve
y eres, de nuevo,
nostalgia de domingo.
Hambre
Espacio ritual,
cuerpo esculpido por el agua,
devorado por el viento.
Cuerpo que se ofrece
al hambre de la noche.
Un niño corre
Poco a poco voy reconociendo el olor del aire,
los rincones predilectos de la infancia,
el patio purificado por la lluvia.
Escucho el choque de canicas,
la risa cabalgando sobre caballitos de palo,
el juego de la lleva en lotes baldíos.
Un niño corre y tropieza.
Sonríe
-soy yo mismo-
saludándome desde la más lejana primavera.
Y la tierra cante
Cuando deje de andar
por los caminos del hombre,
y la tierra cante
y reclame mi presencia,
me abra sus brazos
y me abrace con amor de madre
volveré a ser humilde barro,
oquedad,
silencio tierno de la hierba que crece.
Volveré a ser lluvia
imperturbable,
rocío sobre el girasol,
alma de pájaro
y de viento.
Alimento
Todo cuerpo termina por ser silencio
alimento
para animales nocturnos.
Sergio Antonio Chiappe Riaño (Bogotá, 1972). Poeta y Gestor Cultural.
Ha publicado El árbol de los ahorcados (Rosa Blindada Ediciones, Cali, 2017), libro premiado con el Fajín de Oro por la Revista Olandina y La Casa del Poeta Peruano en el año 2018; La persistencia de las lágrimas (La Sociedad Perdida/ Edición Cartonera Pasto 2020); La curvatura del tiempo (Abra Cultural, Islas Canarias, 2021), y Lento caer de lluvia (Toská Editorial, Bogotá, 2025).
Antologador de Murmullo de hojas, Poesía Reunida, 40 poetas colombianos (Abra Cultural, Islas Canarias, 2023)
Administra el blog de poesía El Claroscuro.