Revista Latinoemerica de Poesía

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308. Javier Rojas



 

Publicamos una selección de Javier Rojas (Bogotá, 1986).  Es ganador de la beca para edición de talleres literarios del Ministerio de Cultura de Colombia (2015) y es autor del poemario “La oreja del odio” de 2022.

 

 

 

Poemas de La oreja del odio

 

 

 


UN AVISO

Nos cansó el punto suspensivo,
nos cansó la monotonía
de la línea recta,
nos cansó el bosque
y sus hedores de infante,
pero tenemos fe
en nuestras obscenidades.

Resentidos,
como un guayabo navideño,
vamos a las plazas
y le damos a las palomas
los sobrados del cordero manso
con sorbitos de leche rancia
y bienestarina.

Explotaremos
con nuestras tripas de dinamita
en un mar de lavaza
que inunde la esperanza
―la de ustedes, claro está ―
untaremos su pánico
con bilis negra
y al final
saldremos a bailar
con ese odio terco
que no hemos olvidado.

 

 

 

 


INUNDADO

El hombre,
ese río furioso sin cara,
como un animal grande
termina en el mar,
que es otra muerte.

La ciudad estrangula sus ríos,
los ahoga con perros
y niños ciegos,
aunque la dicha del peso muerto,
como la de una piedra de río,
es una dicha sin fondo.

Soy lo que se olvidó de mí,
es decir
soy lo que refleja en el río seco,
lo que se pudre y se lleva
en esa negrura alcahueta
que se disfraza de tiempo.

Pero siendo río
también me pongo brabucón
con las piernas de esas casas por donde paso
pues ahí me llevo al hombre.

Soy el río mierda
soy la diarrea de dios,
por mí bajan los muertos sin cabeza
que cabalgan los señores buitres.

 

 

 

 


NO BUSCO

No busco el silencio,
ni busco describirlo
para ser poeta,
busco el ruido humano,
esa resaca que ensordece lo nervios de Dios.

No busco la aburrida plata lunar,
ni sus reflejos palúdicos,
no busco la puta de los versos,
busco que la tierra,
con su ternura negra,
me lleve y me libre de sus mareas.

No busco esa soledad
de tenia estomacal
que se resigna a pintar floreros viejos,
busco las multitudes
sus olores,
sus gritos,
y el alarido de sus puños.

No busco la belleza de las cosas
ni tampoco castigarla,
no tengo una alondra en el corazón
sino un buitre en el intestino
que me dice a martillazos
la carroña que clavo en estas hojas.

 

 

 

 


UN CARNICERO


“Hacer un pan no es menos misterioso que hacer un poema”
Fernando Linero

El oficio del poeta
es como el del carnicero,
un poema, como la carne
está vivo,
un poema respira,
sangra, hiede,
y palpita.

El poeta
con su voz,
que es un cuchillo,
taja la carne
y rompe los huesos
para entender
la orgia de sus nervios y tendones,
que entre sus cortes
le dice uno que otro secreto.

Un poema fresco
mancha,
salpica,
se escurre,
y grita con su olor
rojo y violento,
para ser escuchado en el mostrador,
y también,
como la carne,
cuando un poema aburre
se pudre.

¡No!
mejor olviden esa carreta
y más bien recuerden esto:

La lengua es la carne
y la poesía es el cuchillo que le da forma.

 

 

 

 

 

CRUZ DE MAYO

Nos juzgará esta quimera de clavos,
espinas,
maderos,
y demás porquerías,
pues es el cordero que engulle al cordero
en nombre de todos los yesos que rellenan las iglesias.

Pero vengan,
vengan y miren las curiosidades
que esconden estos gansos tiesos bajo las naguas,
es el milagrito colombiano
que en bolsas de nieve ruda se huelen los curas
con las llaves del cielo,
sin compartirlo con el prójimo.

Pero arriba,
engrapado de envidia
por una borrachera eterna de la que nos culpa,
nos manda los gorgojos de su soledad
para que se nos coman la cara,
porque me dijo
con su voz de piojo,
que el rostro humano le recuerda
la imagen y semejanza
de su incesto perpetuo cuando le rezan.

Pero este dios monótono,
de aliento a incienso
y que suda diezmos,
no pudo ser poeta,
pero al mundo y sus formas
infestó de belleza
o de horror,
―no sé, por acá las usaron tanto que ya son lo mismo―
para que el hombre,
con ese invento tan maravilloso que es el pecado,
les diera nombre y sentido.

―Eso le reconozco―

Y mi abuelita, que es tan dulce,
al verme tan aburrido
armó una cruz de mayo
con los cueros que me saco de las uñas,
con lo que me encuentro entre las muelas,
con las pestañas que le quemé a la virgen de niño,
y con las ramas de hierba que fumo
― de esa que enrollo en hojitas de biblia para que el verbo se haga humo y traba―
para que este carpintero se descuelgue,
baje, y se despabile ese guayabo eterno,
él y sus clavos,
a puñetazos limpios conmigo
o con otro,
o con usted, que me escucha
y que ya se fue.

Descuide,
que al final, como todo, le alcanzaremos.

 

 

 

 


Poemas de Ríos Paralelos II

 

 

 


PIÑATA

Los suicidas se parecen al domingo
los imbéciles al miércoles
y los muertos al lunes que esperas.

Como las piedras enfermas
esperas
escupido por un bulto de tripas y sal
un cartón esperas
ya sonámbulo
casarte esperas…
casado
e hijos esperas…
hijos
y morir esperas…
naciste muerto
y siempre muerto
del hilo esperas.

Cabeza de lápida,
el purgatorio es una fila de banco
donde una corbata cuelga de tu nombre,
cuando vengan por tus huesos
súbete a la horca de su nudo ingles
y sonríe como un péndulo.

Sangre de batracio,
con el cabello que pierdes
la muerte anuda una cuerda que busca tus pies
para halarlos con sus dientes de coral.

Y mientras,
amarrado al techo,
los niños te rezan el culo
con un palo borracho y pendenciero.

 

 

 

 

RÍO LARGO

Río largo,
río hervido
que te llevas los pedazos de un viejo,
las pezuñas rojas de una bruja
y las manos del niño que siembra fosas.

Río amargo,
que traes olvido a los espejos cuando arrancas
en la mirada del ciego
la plata y el reflejo
que esperan clavarse en las piedras que apuñala el tiempo.

Río bravo,
antes de bendecirlos en barro
déjame sus vértebras para hacer un rosario
Y rezarle,
una
por
una,
en sus cuentas
al griterío que ahogas.

 

 

 

 

Javier Rojas (Bogotá, 1986) Poeta, docente e ilustrador. Ha publicado cuentos y poemas de su autoría en varias antologías. Es ganador de la beca para edición de talleres literarios del Ministerio de Cultura de Colombia del 2015, con la que se publicó en Ríos paralelos II (2015) algunos poemas suyos; y es autor del poemario La oreja del odio de 2022 que incluye ilustraciones de su propia mano. Es licenciado en Español y Filología Clásica de la Universidad Nacional de Colombia, y magíster en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo.

 

 

 



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