Habitar la grieta
Habitar la grieta: escribir desde una frontera hecha de palabras
(Sobre Querida Beth de Andrea Cote)
Por Ángela Vera
Estas escrituras son capas de experiencia que se han sedimentado con el tiempo. Mi tarea, ahora, es des-sedimentarlas. Con el cuidado del arqueólogo que toca sin dañar, que desempolva sin quebrar, mi intención es abrir y preservar a la vez esta escritura.
Cristina Rivera Garza
Y dime, Beth
¿qué trajiste de casa?
¿qué de todo lo que fue arrasado perduró?
Andrea Cote
Migrar: arrastrar un territorio. Demoler la memoria. La imposibilidad de llevarse la lengua materna, la rabia, el amor. La materialización de una pérdida. Migrar según la RAE: trasladarse desde el lugar en que se habita a otro diferente. Cuando se migra, se olvida; ese nuevo lugar fragmenta el mapa en dos y el país de origen se queda con todo: la familia, la lengua, la comunidad, la infancia, el recuerdo. Andrea Cote lo sabe bien y quizá por eso, en un intento de evitar que la historia de su tía —y tantas otras similares— quede en el olvido, escribe Querida Beth. “Beth siente que esta autobiografía por encargo cambiará la vida de ambas”, menciona en el poema con el que abre el libro, que es, además, la respuesta a una petición de su tía por contar “la historia de su mala suerte”.
“No se puede pensar en lo que vamos dejando.
Amar es lo opuesto a irse.
Amar es hundir la raíz en algo.”
Querida Beth, publicado en 2025 por Visor de poesía, libro ganador del XXIV Premio Casa de América de Poesía Americana, es un poemario que emprende la búsqueda por nombrar el olvido. En él, la autora muestra la historia de los cuarenta años que vivió su tía en Estados Unidos, su promesa de amor fallida, los trabajos que tuvo y la transformación del sueño americano a una forma de supervivencia. Por medio de poemas y apartados, que recostruyen los detalles propios de la migración de su tía, Cote arma un archivo de pérdidas: la del lenguaje, la del cuerpo, la de las emociones.
“Tan larga se volvió nuestra lista de pérdidas
que ya es una lengua en sí misma.”
El poemario es un acercamiento a la voz de su tía, quien habla en dos lenguas: la aprendida y la materna. Lenguas que por momentos se pierden del recuerdo: “Se me olvida el español y no aprendo el inglés”, cuenta Beth. Cote construye un lenguaje que se contrapone a la ausencia y al exilio; lo hace desde una frontera hecha por palabras. En la costura del libro y los poemas, se formula una pregunta por la memoria y las maneras en las que se puede escarbar en ella para abrir una grieta y contar la que podría ser la historia de miles de migrantes.
“Este libro está escrito con fragmentos, cartas, datos, diarios y notas. Retazos de voz propia y de otros. Pero es sobre todo un poema porque se sabe que una historia completa solo puede contarse entre sus grietas.”
La voz poética encuentra en el acto de recolección la experiencia del antes, el durante y el después de un cuerpo que migra y se deja atravesar por los sentires de la vida cotidiana en un nuevo país. Es la historia de un desdoblamiento porque migrar es dejar un cuerpo atrapado en el recuerdo.
“Ahora lea esta oración sin hacer pausa.
Escriba una pregunta legible.
Certifique que habla inglés.
Certifique que está dispuesta a renunciar a todo,
absolutamente todo:
país,
herencia
títulos nobiliarios,
príncipes
de todas las lenguas,
también la rabia.”
Cote, entonces, escribe sobre los cuerpos en la migración, cuerpos obligados a renunciar a todo, incluso a las emociones. El cuerpo de Beth está atravesado por la necesidad y el deseo de cumplir un sueño que nunca llega a su culminación.
“Beth siente que aún tiene algo enterrado en el cuerpo.
Lo han buscado y no se ve, cómo todo ese miedo.”
Esta escritura resulta en, como lo dice el epígrafe de Cristina Rivera Garza, la des-sedimentación de la memoria, de aquello que se contuvo en el tiempo por muchos años y no se denunció por el miedo y la falta del lenguaje. Se dice en voz alta lo que existe después del sueño; se nombra la ausencia de los espacios sagrados: “y aún si todo está intacto —lo sé— todo lo veo desacralizado.”
La lejanía, el recuerdo y la posibilidad de haber elegido el desarraigo:
“Por supuesto es otro baldío, pero en nada recuerda
nuestro baldío original. Entre esas casas recién pintadas
y nuestros pueblos derrumbados, hay cientos de
diferencias aparentes, pero hay una, sobre todo una
gran diferencia fundamental: aunque aquí tampoco
nos gusta vivir, esto lo escogimos nosotras.”
Se nombra a la otra persona migrante, con quienes se comparte el tránsito:
“Pero aquí ya sabes, me subo al tren como al lomo de
algo, y detrás vienen otros.
Estamos tan cerca que el temblor de un cuerpo entra en
la respiración y no me importa que algún desconocido
recueste su cabeza en mi hombro.”
Y también a la implantación de ese sueño en nuestras cabezas:
“Lo que importa es demorar el avance
del día en que vengan
por la primera.
Tan dulce es la infancia
de esas mujeres
como fatigoso y ruin su futuro.”
En un panorama como el actual, Cote muestra por medio de la poesía, las condiciones de vida de quienes migran. Lo hace desde ese impulso —me atrevería a decir humano—, por narrar la historia de los nuestros y construir memoria desde un lugar íntimo que se va transformando en uno colectivo. Se encuentra con la posibilidad y concreción de la poesía desde el lugar de la grieta que deja la migración, con un lenguaje que abre paso a la denuncia, al testimonio, a la narración y al archivo.
“Pero de parte de los que no regresarán
conviene que sepas
que no es esta última batalla que
se librará en tu nombre.”
Andrea Cote (Barrancabermeja, 1981) poeta, ensayista, traductora y profesora universitaria. Su obra, publicada en distintos países de América y Europa, ha sido traducida a numerosos idiomas. Ha recibido importantes reconocimientos literarios, entre ellos el Premio Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia (2003) y el XXIV Premio Casa de América de Poesía Americana por Querida Beth. También ha traducido al español obras de poetas como Jericho Brown y Tracy K. Smith. Realizó un doctorado en la Universidad de Pennsylvania y actualmente es profesora y directora del Programa de Creación Literaria en línea de la Universidad de Texas en El Paso.
Ángela Vera (Pamplona, 2004) estudiante de Creación Literaria en la Universidad Central.