La palabra hecha cuerpa
La palabra hecha cuerpa
(Sobre Aquí donde tiemblo de Ana López Hurtado)
Por Karen Julieth Torres Pinilla
En este poemario Ana López Hurtado nos habla desde la sinceridad. Una sinceridad que nos invita a darle un nombre al cuerpo censurado. La “cuerpa” que podría serlo todo por sí sola, pero que solo llega a sentirse pieza de un sistema más grande, un gran cuerpo que la somete a su juicio. Y es así que se construye un hilo conductor en las voces de sus poemas. En cada uno está latente la necesidad de nombrar el malestar que cargan, y provocan en otros; los cuerpos condicionados bajo esta jerarquía que les dicta cómo y para qué deben existir.
“nos redujeron a la reproducción
de la materia
y a partir de ahí
a partir del sistema
de nomenclaturas
que nos hace y nos divide
crearon un Yo y un Otro
que no recuerdan haber sido
lo mismo”
Los cuerpos más grandes, poderosos, se enuncian con la dominancia de las mayúsculas iniciales: Historia, Ciencia, Dios, Masculinidad, Blanco… Palabras grandes forjadas en los grandes discursos que moldearon a la humanidad durante siglos y hoy siguen gobernando sobre el pensamiento colectivo. Ellos brotan en los poemas para hacerse notar por encima de todo lo demás. Con esta intromisión inevitable, la autora se encarga de presentar su “renuncia a la mayúscula” para acercarse a las voces que son siempre opacadas por el ruido de esos Ideales. Con minúscula sostenida, sin signos de puntuación que interrumpan el ritmo, busca ser fiel a la búsqueda de libertad de las cuerpas en resistencia. Más allá de simplemente rechazar lo establecido, lo estudia y toma una posición. Elige por qué luchar para constituir una experiencia de vida propia en una cuerpa propia.
“la verticalidad me agota
la patriarcalidad también
y el abuso colonial de las
nomenclaturas
que excedo y de las que
no puedo soltarme”
A partir de esta necesidad de rechazar las etiquetas que jerarquizan las cuerpas en una sociedad, Ana López Hurtado se desprende de ellas y abre un espacio para escuchar los testimonios de las cuerpas vulneradas. Aquellas que heredaron sus sueños y pesares profundos a las generaciones futuras de su comunidad, tejiendo una cruda consciencia hacia el hecho de que ser parte de una minoría golpeada por las manos tiranas de la Historia nos hace crecer con un miedo enraizado: el miedo a ser las siguientes en esta cadena irremediable de violencia. Las cuerpas rotas se unen en una misma cuerpa, en una red de grietas compartidas, para protegerse mutuamente, para refugiarse del olvido y la injusticia. Las voces poéticas recogen lo desolador que puede ser existir como mujer, reprimida, condenada, en un entorno donde el Hombre aprendió a robarle la tranquilidad para reafirmar su privilegio. Este poemario nos llama a expresar para resistir. Nombrar el dolor en medio de tanto silencio es un acto de valentía.
“tantos años creí estar en
el centro
tantos llantos rogué al no ver
el centro
y las manos recorren
requisan
reclaman mi cuerpo
marcan mi cuerpo
controlan mi cuerpo
las manos del Hombre
rasgan mi cuerpo
las manos del Hombre
me censuran el cuerpo”
Y no solo se le da un espacio a las minorías, también se le brinda un lugar seguro a la unidad mínima de las cuerpas: el Yo. Un Yo solitario que poco se atreve a revelar al mundo el verdadero rostro de su sentir. Una voz individual que reconoce su silencio y solo se libera cuando su garganta se rellena hasta el tope con palabras incómodas: llantos, quejas, reclamos… que se terminan perdiendo en el vacío de la indiferencia. Este Yo se siente extraviado, desahuciado, porque no pertenece al grupo que le fue asignado y no se identifica con ningún otro, o no se siente en el derecho de hacerlo por las heridas que oculta en su memoria. Su insignificancia dentro de la gran jerarquía de cuerpos le impide reconocerse en algo más grande. En un mundo de grandes y pequeños acepta que es una partícula de polvo junto a las voces que siempre son protagonistas de la Historia. La invalidación que vino de otros echó raíces en la mente del Yo y el autosabotaje creció en su lugar:
“las cosas y yo
estamos plagadas de
ego
nos vemos a los ojos
cuando nadie mira y
lloramos con rabia al buscar
un segundo
un instante
un secreto que valide
este dolor que cala
hondo y con dificultad
se respira en
vivir”
A lo largo de sus poemas, Ana López Hurtado traza una gran cadena de daños y afectos, una jerarquía de cuerpos que vulneran a otros, cuerpos que son vulnerados por otros y cuerpos que se vulneran a sí mismos con su exclusión y silencio frente al mundo. Nos presenta su visión, su exploración y nos invita a hacer consciencia de este sistema tan excluyente en el que nacimos. En Aquí donde tiemblo palpita la necesidad de nombrar todo aquello que las voces mayúsculas no quieren que nombremos: el daño que nos sacude y aleja de nuestra propia vida.
“escribir sobre el cuerpo es
volver
sobre un dolor que
agota nombrar”
Ana López Hurtado (Bogotá, Colombia. 1993). Es poeta e investigadora social. Estudió literatura en la Universidad Javeriana y una maestría en Literaturas y culturas comparadas en la universidad de Cambridge, Reino Unido. Su primer poemario Aquí donde tiemblo fue publicado en 2021 por Sincronía Casa Editorial. Su trabajo poético y crítico aparece en las antologías Como la flor, voces de la poesía cuir colombiana contemporánea, publicado por Editorial Planeta, y Cielo desnudo, un proyecto digital que recoge poesía latinoamericana contemporánea. También ha publicado poemas sueltos y comentarios críticos en revistas y fanzines de latinoamérica y Estados Unidos como La Trenza, Portal, Río Grande Review, La Caída, El hipocrifo y Liberoamérica.
Karen Julieth Torres Pinilla (Bogotá, Colombia. 2003). Estudiante del pregrado de Creación Literaria en la Universidad Central.