Sumergirse en la memoria y la identidad
Sumergirse en la memoria y la identidad:
Una travesía en Apuntes para una disertación sobre el mar, de Hellman Pardo
Por Dana Valentina Saavedra Chala
La literatura ha convertido al mar en un símbolo de lo infinito, lo inalcanzable y lo ancestral. En Apuntes para una disertación sobre el mar, Hellman Pardo recurre a esta inmensidad para construir un diálogo entre la identidad y la memoria, utilizando el mar como metáfora de la historia, la lejanía y la introspección.
Pardo evoca el mar como un archivo de memorias colectivas, un espacio donde se depositan los rastros del pasado. Más que un simple paisaje, el mar se convierte en un testimonio vivo de la historia, una superficie en la que el tiempo ha inscrito sus huellas. Su inmensidad no solo resguarda lo tangible —barcos hundidos, tesoros olvidados, ciudades sumergidas—, sino también las emociones, los sueños y las pérdidas de quienes han intentado domarlo o comprenderlo. En su incansable vaivén, las olas arrastran recuerdos y ecos de voces antiguas, configurándose como un espejo de la memoria humana.
El mar ha sido históricamente una encrucijada de encuentros y desencuentros, un punto de partida para exploraciones y un destino final para muchas civilizaciones. Desde las antiguas rutas comerciales hasta los naufragios legendarios, las aguas han sido depositarias de objetos y relatos que narran la trayectoria de la humanidad. En este sentido, el mar es un antiguo manuscrito de historias superpuestas, donde cada ola trae consigo fragmentos del pasado, recordándonos que la memoria no es estática, sino dinámica y en constante reconstrucción.
En el poema "Apuntes para una disertación sobre el mar", leemos el siguiente fragmento:
"¿Han visto al mar, su cargamento de corales,
sus vértebras de cerámica china?"
Aquí, el mar no es un escenario vacío, sino un testigo de la historia. Los corales y la cerámica evocan el comercio, las rutas marítimas y los viajes que han tejido la identidad de pueblos y civilizaciones. Cada objeto sumergido en sus aguas es un vestigio de vidas que se entrelazan con el océano, generando un sentido de continuidad entre generaciones pasadas y presentes. Así, el mar no solo es una geografía natural, sino una metáfora de la memoria colectiva, un espacio donde la identidad se construye a partir de lo que se ha perdido y lo que aún queda por descubrir.
Otro fragmento del poema refuerza la idea del mar como un territorio hostil e impredecible:
"Ninguna bestia se hunde en sus aguas invertebradas,
ningún narval gigante,
salvo del delfín,
que suele aceitar su cuerpo con la baba tóxica
de la avispa de mar."
Este pasaje enfatiza la dureza y la toxicidad del mar, donde incluso las criaturas más imponentes parecen ausentes o adaptadas a su peligrosidad. La imagen del delfín recubierto con la baba de la avispa de mar refuerza la idea de que solo aquellos que han aprendido a coexistir con la adversidad del océano pueden sobrevivir en él. En este sentido, el mar no solo es un espacio de memoria, sino también de selección y resistencia, donde la identidad de sus habitantes se ve determinada por su capacidad de adaptación a sus condiciones extremas.
En el poema "Vientres de ballena", el mar adquiere otra dimensión, donde la literatura y la historia marítima refuerzan su carga simbólica:
"Melville, Moby Dick, dos ballenas muertas que hacen rotar el mar."
El mar es un espejo de narraciones pasadas, una memoria en movimiento. La referencia a Moby Dick nos remite a la obsesión y la lucha del ser humano con lo inabarcable. Las ballenas, en su muerte, siguen dando forma al mar, como si fueran el eco de historias que se niegan a desaparecer. Este poema refuerza la idea de que el mar no solo alberga lo visible, sino también lo imaginado y lo narrado, convirtiéndose en un espacio donde convergen la memoria y la ficción. Así, Pardo nos presenta un mar cargado de significados, donde cada ola arrastra consigo no solo restos materiales, sino también los susurros de quienes alguna vez lo habitaron o lo soñaron.
En diversos poemas, Pardo alude a figuras como Humboldt, Darwin, Magallanes o Melville, estableciendo un diálogo entre la historia del pensamiento marítimo y su propia voz poética. Estas menciones no son decorativas: forman parte de una memoria compartida que el poeta reactiva para insertarse en una tradición literaria y cultural.
En este tejido simbólico, Melville y Moby Dick no sólo remiten a la narrativa clásica del mar, sino que permiten a Pardo dialogar con el mito, la obsesión y la animalidad del océano. Darwin y Humboldt, por su parte, abren el mar al conocimiento empírico y al asombro científico, aportando una mirada que observa, clasifica y describe lo inmenso. Magallanes y otros navegantes históricos evocan la exploración, el viaje como experiencia formadora y el mapa como intento de fijar lo inabarcable.
Pardo une estas herencias para construir un mar que es archivo, espejo y lenguaje: un lugar donde lo íntimo se entrelaza con lo colectivo, y donde el poeta —aunque geográficamente distante— encuentra una genealogía simbólica en la que reconocerse. Estas figuras son, en su escritura, faros encendidos sobre el agua: iluminan el trayecto de su búsqueda interior.
Así, el océano deja de ser una frontera para convertirse en una red de voces que viajan juntas: las de los exploradores, los poetas, los científicos y los sueños del yo lírico. El mar, entonces, es una memoria activa, un territorio compartido por la experiencia y la evocación.
En Apuntes para una disertación sobre el mar, Hellman Pardo convierte al océano en un espejo abisal donde convergen la historia, la identidad y la imaginación. A través de imágenes ricas en simbolismo, referencias intertextuales y exploraciones introspectivas, el mar aparece como un territorio donde el pasado sigue latiendo, donde las voces de los ausentes aún resuenan.
Lejos de ser solo un espacio físico, el mar en este poemario es un lugar de construcción del yo, un archivo simbólico que articula la memoria colectiva y la experiencia íntima. Pardo nos muestra que, aunque se nazca lejos del mar, es posible habitarlo desde el lenguaje, convertirlo en casa, en espejo y en historia viva.
Así, su travesía poética es también una invitación: sumergirse en el mar no para encontrar respuestas definitivas, sino para dejarse transformar por lo que flota, lo que se hunde y lo que aún, misteriosamente, permanece.
Hellman Pardo (Bogotá, 1978) Poeta, narrador y ensayista. Entre sus reconocimientos se encuentran los premios nacionales Eduardo Cote Lamus, premio Festival Internacional de Poesía de Medellín y el Premio Nacional Ciudad de Bogotá por el libro Física del estado sólido (2021).
Dana Valentina Saavedra (Bogotá, 2007) Estudiante de la carrera de creación literaria en la Universidad Central. Participa del semillero “Puntos cardinales”.