Javier Claure
Javier Claure
A continuación presentamos una selección de textos del poeta boliviano Javier Claure.
El inmigrante
El inmigrante
es un alma errante que busca
un hogar bajo un cielo nuevo
grita su dolor junto a una palmera seca
y es entonces cuando se pregunta
si el destino
se abrirá como una rosa
sin espinas en el tallo.
El inmigrante
huye
de la violencia
del hambre
de la malaria
del ninguneo
del ébola
navega
entre olas enfurecidas del Mediterráneo
de repente cae en alta mar
y yace para siempre
flotando en las aguas indolentes.
El inmigrante
transita
por senderos de quince dagas
viaja
sobre techos fríos de los trenes
que suenan arrastrando consigo
el golpeteo de sueños resquebrajados
y cuando ya no puede con sus pies
duerme en rincones
donde solo habitan
las piedras y el silencio.
El inmigrante
escarba
soles dentro del caos
juega
con vidrios rotos
para encontrar nuevos horizontes
escala
montañas sin cuerdas de seguridad
y en el fondo de su espíritu
se desatan
el desarraigo y la soledad.
El inmigrante
añora su patria con fervor
se rasga el corazón por su bandera
y cuando vuelve a su terruño
con la cabeza color nieve
es un inmigrante en su propio país.
Yo no soy de medias tintas
Yo no soy de medias tintas
llegué al mundo
cuando el asfalto se rajaba por el frío
el vientre de mi madre se expandía
las contracciones eran tormentosas
y la envoltura rodaba poco a poco.
Yo fui marcado
por la sangre infatigable
por el ímpetu que se alzaba
en el cordón umbilical no cortado
o tal vez por el humo de las maderas
que ardían como mejillas en lo crudo
y dicen que mi primer llanto
era como la música de un lucifer.
Yo nací con las manos grandes
y todos pensaron que iba a ser ladrón
pero una gitana tiró las cartas
y me salvó de esa mala suerte
afuera, cerca de la maternidad
ofrendaban la placenta a la Pachamama.
Yo fui mensajero del huracán
subía a los techos
moraba en los cerros con botellas vacías
cazaba arañas, sapos y lagartos
frente a frente los formaba
como soldados y universitarios
listos para la pelea.
Yo veía desfilar a las hormigas
y pensaba que una lata tirada en la calle
era la otra cara de un talismán
y que un tropel de caballos
los juguetes que traía Papá Noel
pero ese señor de barba blanca
nunca fue justo con toda la población
de niño
no sabía de la peste en el cañaveral
ni del estremecimiento de las flores
yo veía orinar a los perros en las paredes
y creía que el 7 estaba dentro del 8
y que las dalias eran altas como el tejado.
Yo fui travieso con ganas
un chiquillo precoz y curioso
no temía al demonio
y en mis humildes zapatos
llevaba misivas electrizantes
y me decían pajarillo manzanero
y en mi pequeño laberinto
aprendí a jugar
con números, con letras y con pólvora.
Yo jamás obedecí a los curas
porque eran mentirosos sin orejas
colaban el café
con papel de las Santas Escrituras
de adolescente
llevé nardos a los muertos
escuché rezar a los ciegos
le desafié al destino
le puse cara de palo
cuando quería atacarme por la espalda.
Yo no llevo antifaz
porque me gusta que vean la carne de mi rostro
ahora de viejo
soy un pajarraco
llevo este vivir tan mío
esta sed tan clara
y diferente a las demás
soy como los salmones
nado contra la corriente
y renuncio a toda imposición
no dejo avanzar la maleza ni un milímetro
soy capaz de poner límites
de dar forma al roble
y de quitar
el último deseo que aspira a la maldad.
Yo soy la bulla
que saca puntas a la verdad
a mí, que no me vengan
con lágrimas de cordero
ni con billetes falsificados
porque yo soy la flecha que rompe
la palabra oculta en cada lengua
soy ácido sulfúrico ante el delito.
Yo no soy de medias tintas
ni tengo santo de devoción
hago caso omiso a la monarquía
yo trato de estar al pie de la franqueza
primero observo la realidad
y luego lanzo mis dardos que matan
mi único negocio es transgredir el lenguaje
pero no los valores humanos.
Yo he besado a mi hija
diciendo buenos días
y le he dicho que mire hacia adelante
yo descubrí cómo hipnotizar a los insectos
y a los bufones en la distancia
de la ecuación triangular
soy el pensamiento insurgente
el tripulante que acarrea ascuas al camino.
Yo separo el agua del aceite
las sombras de la luz
casi como mago, casi en clandestino
y en medio de este vaivén
soy el germen de mi poesía
el arquitecto de incendios
y a ese extraño oficio
que pasó por preámbulos y ausencias
lo sigo machacando
en este réquiem por un mundo desfallecido.
I griega
Y escribo para los espejos y los vientos no sé por qué
y las miradas acusadoras que me están mirando
y los conjuros de amor en noches de luna llena
y el principio sin final encerrado en un cofre
y las flores que esperamos cada día
y los que están a punto de graduarse
y escribo para la resurrección de las cartas no sé por qué.
Cenicienta de mi vida
Quise escribir
las palabras más bellas de mi vida
sin buscar más destino
que dejarse llevar por la tinta
escribir por ejemplo
de la pintura celeste de tu cuarto
de las gaviotas que tragan ausencias
de tus muñecas que sueñan con la luna
de la calidez de tus frases cuando me hablas
en resumidas cuentas:
de ti, cenicienta de mi vida
que día a día inundas mi existencia
con melodías que animan mis sentidos.
En esta hora de levante
de oleaje espumoso
que huele a hierba fresca
quiero gastar el tiempo
en tardes en que se toca casi el cielo
en días en que se sabe
que algo bueno ocurre a la Tierra.
Por eso quise redactar
una carta que rompiese
el odio entre los pueblos
que inaugurase las leyes
que protegen a los niños
de tal manera que quién la leyese
quedase paralítico por varios días
que llorasen y riesen a la misma vez
como en el circo
cuando habla el payaso triste.
Debería nombrar mis pasos
desde el momento
en que corté el cordón umbilical
y me regalaste el tiempo
con el reloj de tu pulso
amasijos del milagro dorado
que en mis quince abriles soñé
cuando tú; eras imaginación tierna y pura
bajo un cielo multicolor
y rituales inocentes
que llegaban a mi puerta.
Yo estuve entonces
en la casa de la abuela
cazando mariposas, abejas negras y amarillas
subía al cerro a jugar con las piedras
y en la colina más alta
hacía fuego con tus manos
una gran colilla encendida
que alumbraba la ciudad en agosto.
Mi querida ratonita de peluche
eres el verano, la libertad,
la lluvia que cae a las rosas,
a los limoneros y jacarandas
pluma pisada por un colibrí.
Eres el aire que entra a mis pulmones
la llave de las paredes de mi corazón
de los pliegues de mi alma
la estrella del camino
contigo nazco nuevamente
a la vida bella y dolorosa
soy militante del universo
mis ojos son fuego
mis pómulos invencibles
cuando me crece la barba.
Ayer es hoy día
rujo como trueno enfurecido
para romper la mentira
y zanjar la distancia
de este mundo equivocado.
Te quiero tanto
que me duelen los huesos cuando suspiro
duele mi carne con tu carne
mis brazos crujen con los tuyos
en el instante
que tienden la cobarde emboscada.
Si tú supieras
de mis cicatrices a flor de piel
de mis fracasos y progresos
si tú supieras
de mis viajes nocturnos
cuando te cubro con un beso
y te llevo en mi alfombra mágica
si tú supieras
que vivo contigo a mi lado
y te saco a pasear con mis pasos
si tú supieras
que los bosques me conversan de ti
y se me llena los oídos con fábulas de amor.
Cuando sepas la verdad desdoblada
nos guiñaremos el ojo
como símbolo de triunfo
y en mi regazo me dirás
papá: he guardado acordes
que sonarán en el momento justo y necesario.
Hace unos días
te compré un traje de Blanca Nieves
con lentejuelas plateadas
un anillo de corales para que luzcas
un sol de cobre para tu pelo
y quiero pedirte
que me envíes un dibujo
las golondrinas una estrofa
las azucenas puntos, comas, acentos
y con tu voz de muñequita porcelana
cuando los malhechores estén durmiendo
se convertirá este poema
en patrimonio de la humanidad.
Cantar Amor siempre muy siempre
Cuando los astros acostadamente
alicatean alrededor de la tenebrosidad
hormiguean gusanos por los cafetales
y el viento tijerea como una araña de navajas
por eso mismo
en esta vida
de yunque, de piedra y de cincel
cantar Amor siempre muy siempre
es motor, es fogata y es clavel.
Cuando las atalayas de la paz fueguean
por la quietud del mundo en este trajinar
clavadamente claman los ciudadanos de a pie
por el cese de las tempestades
sobre la faz de la tierra
por eso mismo
en esta vida
de yunque, de piedra y de cincel
cantar Amor siempre muy siempre
es motor, es fogata y es clavel.
Cuando alguien catacumbea
con un falso discurso
estrelladamente
todo lo que es noticia
es también cortina de humo
por eso mismo
en esta vida
de yunque, de piedra y de cincel
cantar Amor siempre muy siempre
es motor, es fogata y es clavel.
Javier Claure Covarrubias nació en Oruro, capital folklórica de Bolivia. Es periodista, sociólogo y poeta boliviano-sueco. Ejerce el periodismo en medios internacionales. Tiene poemas y artículos publicados en blogs, en periódicos y en revistas literarias a lo largo y ancho del mundo. Fue uno de los organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa (Estocolmo, 1991). Ha estudiado informática en la Universidad Real de Tecnología de Estocolmo (Kungliga Tekniska Högskolan) y en la Universidad de Uppsala (Suecia). También estudió matemáticas en la Universidad de Estocolmo, casa de estudios donde además obtuvo una Maestría en Pedagogía y una Licenciatura en Sociología.
Formó parte de la redacción de las revistas literarias «Contraluz» y «Noche Literaria». Sus poemas han sido publicados en varias antologías. Ha participado en diferentes festivales internacionales de poesía. Durante los últimos 15 años ha asistido al discurso del Premio Nobel de Literatura en el salón de la Academia Sueca. También ha asistido a las charlas del Premio Nobel de Literatura en la Biblioteca de Rinkeby, evento que se lleva a cabo, cada año, en colaboración con los alumnos del Colegio Askeby y Bredby. Ha escrito extensos artículos relacionados con el Premio Nobel de Literatura.
Publicaciones: «Preámbulos y ausencias» (2004), «Con el fuego en la palabra» (2006), «Extraño oficio» (2010), «Réquiem por un mundo desfallecido» (2014), «De Escandinavia a los Andes» (2016) y ¿De qué espejo está hecha la vida? (2024).