Con sabor a origen
Con sabor a origen
Sobre ¿Y ahora qué hago yo con esta cuchara? de María Alejandra Buelvas Badrán
Por Gloria L. Rodríguez C.
“La sabiduría de los dioses solo le sirve a los dioses.
Yo quiero una filosofía mortal, diaria. Menos que diaria, horaria”.
María A. Buelvas B.
La poeta María Alejandra Buelvas Badrán, tiene la frescura de una conversación cualquiera, como cuando se escucha en la mesa familiar a una costeña que, entre la risa y el fastidio, suelta una frase descolgada. Pero detrás de esa aparente simpleza, hay un profundo trasfondo: ¿qué hacemos nosotros con lo que la vida nos da? Es el impulso desde la existencia, la creación y la sencillez lo que la lleva a ser auténtica y verdadera. Ella no lo ve, pero sabe que ahí está, que es como ella es.
Acercarse a las cosas con palabras simples es volver al origen del habla que nos forma, de la idiosincrasia del pueblo, de la ocurrencia del dicho, del ritmo suave que recuerda un viejo vallenato. En esa sencillez late la imaginación del Caribe, donde lo cotidiano se vuelve poesía.
“Algo ven que yo no veo. Porque ay que uno le dice al otro mira y ay que el otro ve”.
“Uno es como uno es, comienza a ser costeño al llegar a Bogotá, antes era como son todos, es parte de la tradición familiar heredada”.
Pon la cuchara entre las manos, mírala fijamente y deja que esta pregunta te acompañe: ¿Y ahora qué hago yo con esta cuchara? Asomará un tejido de emociones, susurros, recuerdos y ecos sensoriales que parecen haber acompañado a María Alejandra Buelvas en la gestación del título de su primer poemario ganador del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio. Elogiado por la búsqueda, repetición y coincidencia entre palabras con sonoridad marcada, genera un ritmo propio que envuelve al lector desde un tono juguetón, reflexivo y profundamente caribeño, como los fuelles de un acordeón que se expanden y contraen en un pulso parecido al de la escritura; palabras que se estiran, se encogen, se repiten y respiran. Humilde y redonda es la cuchara, una extensión de la mano que alimenta, se convierte también en una metáfora de la mano que escribe. Sostienen ambas lo esencial. Una, el alimento que nutre el cuerpo; la otra, la palabra que nutre el pensamiento. La escritora, al igual que quien cocina, mezcla los ingredientes de la vida —recuerdos, dolores, gestos cotidianos— hasta que algo toma forma.
El hambre y el consuelo caben en su concavidad con el aroma y la paciencia de quién sirve. Cada vez que la llevamos al plato, se alza la historia de quien cocina, de quien alimenta, del verbo que comparte una porción de humanidad en cada sorbo. Ella es un acto de resistencia contra el olvido y contra la prisa.
La poeta escribe desde lo cotidiano como un gesto político y espiritual. Es desparpajada y cínica, ahí radica que sea divertida. Ese título guarda en su interior historia, uso, memoria y esencia, que contiene la medida exacta para entrar al mundo de la sensibilidad.
“Suena el timbre” “¡Llegaron los señores de la luz! Y en mi cabeza aparecen legionarios chinos, dos monjes budistas, Aristóteles y los peripatéticos”.
“La voz poética transforma la visita rutinaria de los trabajadores de la empresa de energía en un carnaval de imágenes: la escena banal se convierte en un teatro delirante donde lo cotidiano convive con lo religioso y lo filosófico. Este humor revela la capacidad de Buelvas para encontrar poesía en lo simple, sin artificios ni solemnidades” (La Pública, radio digital Uniatlántico).
Porque no se trata solo de un utensilio. Este mide con exactitud, como quien tantea el amor sin saber cuánto agregar —belleza, memoria, deseo—, y remueve los recuerdos que se pegan al fondo del alma. Buelvas nos dice que la poesía, aunque parezca hecha de cosas pequeñas, es la única capaz de decir lo que no cabe en lo obvio, convirtiéndola en un símbolo de la manera en que nos relacionamos con el mundo. Podemos llenarla, dejarla vacía, romperla, olvidarla y compartirla.
Sus poemas abordan la posibilidad de entender la palabra como espejo y conjuro, es un encuentro con el otro, con lo que no es uno mismo, con la manera de observar las cosas, pero también a las personas en su cotidianidad, gestos, silencios y actitudes mezquinas de nuestra sociedad. Su trabajo desdibuja las fronteras entre lo humano y lo animal, las disuelve, y cada mirada, cada movimiento, recuerda que compartimos el mismo aire, el mismo latido y el mismo misterio.
Esa poesía no se guarda ná…
dice las vainas con la cara limpia y la lengua afilá...
“A la Guajira no se va de paseo”
“Habría que llorar al grillo escandalosamente/nueve días y nueve noches.
Invitar a los amigos a hablar de la muerte/a tomar tinto dulce
y a comernos el chivito antes de que se enfríe”.
Cada imagen es una moneda que se deposita con paciencia en la alcancía de poemas. Setenta y cinco instantes reunidos, cada uno vigilado para que no se pierda, hasta que los ingredientes, por sí solos, se funden en una magia que da vida al poemario. Una voz que, con humor y ternura, con memoria y denuncia, ve, escucha y huele. En el ejercicio de mirar y realmente ver, surge la poesía desde la imposibilidad de nombrar lo que se percibe, de aquello que escapa a toda definición y que, sin embargo, deja su huella en la obra. ¡Le ha funcionado como a una hechicera entre el manglar y la playa!
Su mención de lo divino aparece en frases sueltas, en intersticios, en agradecimientos que no pesan, sino que fluyen. La poeta habla también de dios, pero no de un dios dogmático. Es un dios de la sutilidad que atraviesa la vida sin pretender explicarla del todo. Su capacidad de unir territorios desde Montelíbano hasta Cartagena, desde la Guajira hasta la mesa donde se sirve un plato de lentejas con hogao. Su poesía camina por geografías, pero también por habitaciones íntimas, y en ambas logra recordarnos que mirar con atención, todo lo transforma.
“Pensamiento de señora de bien”
“El Dios de mi barrio es bondadoso,
aquí nadie se muere de hambre/ y rara vez se hacen daño los unos a los otros
En cambio, el Dios de otros barrios es más vulgar. Allí se golpean, se matan y se besan como tragándose.
No me tomen por ingenua, sé que tengo suerte/ Por eso es que creo en el Dios de mi barrio”.
Leerlo es una lección de humildad poética, un susurro que invita a reconocer que, en el arte de las palabras, siempre hay más por aprender, sentir y admirar. La obra demuestra que la palabra puede iluminar lo sencillo y a su vez nombrar la herida. Es un libro que invita a reír y a pedir perdón, a sostener la vida en sus gestos mínimos y a reconocer el dolor que a veces se oculta entre ellos. Su escritura, fresca del mar y la brisa, nos enseña que basta un gesto mínimo —una cuchara en la mesa— para abrir un universo de significados. Este libro se lee y se saborea como quien prueba un mote de queso, un friche casero o un arroz con coco y descubre en él la herencia de la vida misma.
¡Ay ombe!
Referencias bibliográficas:
- Buelvas Badrán, M. A. (2023) Y ahora qué hago yo con esta cuchara. Editorial Alcanfor.
(@alcanfor.editoras).
- La Otra, revista de Poesía + Artes Visuales + Otras Letras. laotrarevista.com
https://www.laotrarevista.com/?s=buelvas
- La Pública, radio digital. (2023). Universidad del Atlántico. https://radio.uniatlantico.edu.co/
- LACSA - Laboratorio Creativo de Santander (2025). #VocesFeroces# Conversatorio en Bucaramanga. (Video). YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=zun4J0dOE3g
María Alejandra Buelvas Badrán (1995). Creció en Montelíbano, Córdoba. Radicada en Cartagena de Indias. Es poeta y antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia. Forma parte de Calicanto, una apuesta de poesía y sonido. Fue ganadora del certamen Nuevas Voces de Poesía Escrita por Mujeres, Córdoba, 2019, y del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio con su primer poemario: Y ahora qué hago yo con esta cuchara. Empezó a escribirlo desde los 15 años y lo trabajó hasta consolidarlo como libro en 2019. Este poemario es considerado la primera piedra en la consolidación de Alcanfor Editoras, una editorial independiente de Cartagena que tiene una vocación de rescatar manuscritos, promover poesía del Caribe colombiano y dar visibilidad a voces que podrían estar guardadas.
Parte de su trabajo poético figura en algunas antologías y revistas de su país y del extranjero; entre ellas, en la muestra de mujeres poetas colombianas Luna Nueva, plaquette monográfica (edición bilingüe italiano-español, Venecia, 2019); y en la revista El Humo (México). Ganadora del certamen Nuevas voces de poesía escrita por mujeres en Córdoba 2019. Participó en el XXVI Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté 2019.
Gloria Lidia Rodríguez Castro (Bogotá, 1960). Estudiante de IV semestre del pregrado de Creación Literaria de la Universidad Central. Ha sido tallerista del curso "Escritura desde cero" (2024) y del Programa de Biblioteca Móvil de Colsubsidio en el área infantil (2024). Su interés por la literatura surge de la exploración de la memoria, la creación y las narrativas cotidianas.