Revista Latinoamericana de Poesía

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Nataly Rodríguez Jaramillo



Publicamos una selección de poemas de Nataly Rodríguez Jaramillo (Buenaventura, 1988) de su libro Llueve dentro 

 

Llueve dentro pertenece al grupo de aquellos libros que, más allá de su lectura cercana, atraviesan al lector como si el cuerpo no fuera impermeable a tantas lluvias interiores. A lo largo de dos capítulos, “Los lugares nuestros” y “De las cosas inútiles”, Nataly Rodríguez Jaramillo logra llevar al lector a una inmensa geografía de objetos, emociones y homenajes donde se revela que el cuerpo es un territorio herido por la memoria y donde el amor, con sus disidencias e intemperies, sabe encontrar en el lenguaje un refugio al derrumbe y la devastación. En ese latido de cada poema la poesía se hace necesaria porque nombra y reinventa desde el significado de un objeto inútil hasta la persistencia del tiempo que pareciera vigilarnos: “La poesía está hecha / de una música que pareciera sentenciarme” afirma la autora en su Arte poética.

En estas páginas el lector encontrará diferentes maneras de comprender que lo cotidiano se convierte en una zona de extrañeza, ruina y fragilidades. Siempre habrá un regreso para repetir lo que nos duele pero que también nos hace sentir vivos. Así, desde la guerras que estallan en el mundo hasta los detalles de entrecasa, cada poema es un intento de encontrar el asombro en todo lo que nos rodea. Llueve dentro es, en ese sentido, una apuesta por la sensibilidad y es un libro que no teme mirar de frente la oscuridad para encontrar diferentes formas de la luz. Leerlo es aceptar esa invitación a dejarse mojar por esa única y maravillosa lluvia que cae sin avisar en lo más hondo de nosotros.

Federico Díaz-Granados

 

 

¿Dónde ser, pues?, se pregunta la voz que enuncia en estos poemas. La reflexión que se encuentra en ellos parte desde cierta intimidad contemplativa ante los sucesos a los que se enfrenta: la caricia del agua, la suavidad de una piedra. Se trata de un territorio al que acudimos mediante algún símbolo, un diálogo con la memoria a través de los sentidos.

Las distintas formas y disposiciones visuales con las cuales dialoga Nataly Rodríguez —el verso, el poema en prosa; el cajón editorial, la alineación de las ideas— plantean una exploración conforme el propio poema lo pide.

Asomarse a estas páginas, donde la única certeza se encuentra en la piedra (permanencia, inmutabilidad… fortaleza) es un modo de resistir; es descifrar el borde de las ventanas, como dice la autora; es descifrar las orillas del poema.

 Manuel Parra Aguilar

 

 

HASTA EL CUERPO DEL AGUA

Tuve sed de profundas alegrías y de ignorado dolor.
— Alaíde Foppa

Viajé hacia el mar.
Mi boca se volvió agua
la sal devoró mis ojos
la garganta.

Mis piernas se rompieron
ahora son crustáceos
o algas marinas.

Ignoro la suerte de mis manos:
quizá se ahogaron en las lágrimas.

¿Cómo se viaja hasta este cuerpo
que el mar se resiste a devolver?

 

 

 

UN CORAZÓN EXPUESTO A LOS MISILES

¿Cómo era posible que ese cuerpo fuera yo?
—Han Kang

Escuché a Serrat, mientras la guerra comenzaba.
No supe si cerrar el corazón o abrirlo al campo
para que un misil lo destrozara.
Elegí exponerlo.

Lo entregué a los milicianos
a los guardianes del combate
encargados de perforar la agonía
con puntas de acero.

Nadie podía acercarse
a mi caja torácica:
estaba minada con bombas de hielo.
Los sobrevivientes
vociferaban
con la sangre en sus mandíbulas.

No había quien preguntara por ellos.
Sus almas miraban
con voces que no podían tocarse.

Frente a las heridas
mi corazón
abatido
sin hambre, sin contusión.

 

 

 

ARTE POÉTICA

Sobrevivo entre los muros de la exactitud,
en el bullicio de la elocuencia
en la superficie de una hoja en blanco.

Procuro hallar la poesía
en este caos que me habita,
pero las palabras se deforman en mis manos:
la caricia del agua
la suavidad de una piedra
son frágiles ante el propósito de alcanzarla.

La poesía está hecha
de una música que parece sentenciarme.

He hecho de ella un remedo,
la he desfigurado.
El retorno es inútil.

Sirvo para lo prefabricado,
para este lugar común
desde donde le escribo.

 

 

 

AL DESTINATARIO DE UNA CARTA MUERTA

Cuando los huesos hablan no hay nada que me salve.
— Euler Granda

Cuando los huesos hablan no hay nada que me salve,
crujen tan fuerte como cristales, perforándome.
Bajo el rostro,
veo el agujero enorme que me atraviesa
las extremidades deshechas.

Intento una brazada larga
sobre el asfalto de mis calles,
fugitiva de este infierno
donde nadie quiere quedarse.

Cada día es más difícil sostenerme,
apoyar la indolencia en los codos,
la crueldad en las rodillas,
ver los restos que insisten en romperse
frente al espejo.

Podría ser la escribiente
de esta carta muerta,
dejarla en un buzón a la deriva.
Aunque preferiría no hacerlo:
no hay literatura que salve.

  

 

 

CHERNÓBIL

Madame Curie arrojó un puñado de semillas de girasol al azar. Una de ellas explotó en nubes de hongo sobre los seres de ciencia. Otra destruyó párpados inocentes y sienes culpables. Dos se posaron en un bosque negruzco de linces que parecen lobos. Tres cayeron en un cuerpo rodante que fue curado por la levadura. De las restantes, muy poco se supo. Se presume que deambulan veinte mil más en una tierra fantasma donde, en lugar de átomos, caen migajas de pan.

 

 

 


LO QUE SON LAS NUBES PORQUE NO SON

Silencioso y asombrado, aunque apenas era un niño.
Walt Whitman
Un niño me preguntó: «¿qué son las nubes?»
con un cúmulo de algodones en sus manos.

¿Qué podía decirle?
Quizá las fuentes de neblina en la tierra
o las mujeres que se hundieron en el mar.

¿Naciones dibujadas en mapas de cielo?
Sabía tanto como él.
A lo mejor son los pilares que asombran a la luna
o, posiblemente, los suspiros que expulsa una oda.

¿Las entrañas de las hojas secas?
Sabía tanto como él.
Supongo que son abrazos extraviados del silencio
o niños que duermen en lanas de pureza.

¿La ternura vestida de pañuelos por su madre?
Sabía tanto como él.
—No es cierto —aseguró el niño—:
¡Son globos de azúcar y miel!
¿Qué podría explicarle?
No sabía tanto como él.

 

 

 

 

Nataly Rodríguez Jaramillo (Buenaventura, 1988). Poeta y docente universitaria. Ha participado en talleres como el Distrital de Poesía de Idartes, Impresentables de la Casa de Poesía Silva y procesos formativos con Lucía Estrada y el Instituto Caro y Cuervo. El primer poema de este libro fue finalista del Concurso Distrital de Poesía Letras de Mujer, 2026. Algunos de sus poemas se han leído en la Casa de Poesía Silva (Bogotá), Espacio me has vencido (Ecuador) y Mujeres en su tinta (México). Sus poemas han sido publicados en las antologías De mujeres, Diez orillas y Con ciertas palabras, y en revistas como Círculo de Poesía, Neotraba y Babel.

 



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