11. Brayan Cifuentes. El plumaje del cóndor
Como parte de las acciones del Circuito literario ¨El Plumaje del cóndor¨, que adelanta la Red Departamental de Escritores de Cundinamarca y en apoyo a la difusión de las voces literarias de este territorio colombiano, la revista literaria La Raíz Invertida publica una autora o autor cundinamarqués, cada semana. Este circuito literario que recorre el departamento de Cundinamarca (Tierra del cóndor) desde abril hasta octubre de 2026, culminará en el mes de noviembre en el municipio de Cota con la instalación del Segundo Encuentro Departamental de Escritores. Continuamos esta muestra con una selección de poemas de Brayan Cifuentes, de Fusagasugá Cundinamarca.
BRAYAN CIFUENTES Poeta, cuentista y novelista, nacido en Cabrera Cundinamarca en 1989. Licenciado en Ciencias Sociales vinculado al magisterio de Colombia. Tiene estudios de derecho de la Universidad de La Sabana y parte de una maestría en geografía en la Universidade Estadual Paulista de São Paulo, Brasil. Ha sido galardonado con diferentes premios y convocatorias y sus textos han sido publicados en varias antologías. En 2023 fue seleccionado como uno de los ganadores del mundial de escritura, organizado en Argentina con su poema “Canción de Delfos”, incluido en la antología titulada “¿Podrán los robots escribir poesía?” Es autor de los siguientes títulos: Cuentos del Sumapaz. Fuente Nueva Ediciones. (2020), Poemas Conjurados. Editorial La Raíz Invertida. (2021) PERLARIO, XX Historias de amor y otras minificciones. Cínica Esitorial. (2022), La Ciudad de la niebla. Novela. Editorial Escarabajo. (2022), El cantar de los xuagaos. Novela. Nueve Editores. (2024) y Tratado sobre el dolor. Poemario. Ediciones Exilio (2024).
POEMAS TOMADOS DE:
TRATADO SOBRE EL DOLOR
(Editorial Exilio 2024)
Ese dolor es tan mío
Ese dolor está ahí,
es tan mío
como la sombra de mi piel,
como el fantasma de mi carne.
Ese dolor que grita
desde el pozo del abismo
en el que he caído,
que me llama
como un niño herido,
como un perro abandonado.
Parece que solo quiere atención,
que juegue con él
entre espuma y algodones
que sonría ante el espanto
como si pudiera.
Un ángel leproso
clava la hoz
en mi silencio,
para sacar de allí
mi esencia más pura,
diluida, destilada
en fuego derretido.
Solo admite como ofrenda
las cenizas de su extravío.
El polvo enigmático de la no muerte,
es decir, de la vida en vilo.
Una temporada en el purgatorio
Yo, que ayer nadé en placeres como un emperador romano, como un servidor del templo de las complacencias del dios Baco, hastiado de beber ambrosía y miel de los senos de Afrodita y de dormir en las piernas de las ninfas Hespérides, cuya piel es de venenosa hermosura; ahora, pago los excesos de mis acaudalados desvaríos, de innumerables elíxires, con el hígado devorado de un Prometeo, de la tormentosa soledad de Andrómeda o de la absurda condena de Sísifo.
Pero a diferencia de ellos, yo no llevaré estos inris por siempre, pues el dolor de mi pena me purifica y absuelve y en la eternidad no hay cadenas perpetuas ni infiernos de los que no se pueda salir sin mirar atrás, como lo intentó Orfeo al ir al rescate de Eurídice al Hades.
De este lugar de tormentos saldré con la ayuda de Perséfone y me redimiré, pues yo sé que mi redentor vive y me levantará del polvo.
La cárcel del pecado, la enfermedad y la muerte no es eterna para nadie, y la venceré insobornable al mal, con la ayuda del nazareno que venció la tumba y que ahora vive en los corazones que le abren la puerta; y mi nombre será aguijón y le preguntaré a la muerte: ¿dónde está, sepulcro, tu victoria?
Casa tomada
Primero fue un rincón escondido, donde se agazapaba apenas sin ser advertido. Luego fue colonizando las partes más concurridas, notándose ya con descaro una ocupación que avanzaba como las trincheras en un campo de batalla, cuando se va ganando terreno al enemigo. Se asomaba cada vez que podía por celosías coaguladas y por vitrales de celulosa, espiando cada flanco y preparando el siguiente ataque.
Finalmente, llegó a las partes más íntimas y allí fue ya ineludible combatirlo con un arsenal de medicamentos, con toda la artillería de meditaciones guiadas y respiraciones profundas y una guarnición de suplementos dietéticos. Quiso cortar la comunicación y cerrar el apetito, pero no se lo permitimos. Había que estar inmóvil para que no advirtiera el siguiente paso y ganarle en el terreno del sueño, antes que lograra tomar el control del sistema nervioso central.
Ahora el agazapado soy yo y quisiera salir al otro lado por cualquiera de mis ventanas, o hacer alguna cosa tranquilo, pero es muy difícil porque este dolor que crece como un gusano o el íncubo de un alien, me ha acorralado y se ha tomado casi toda mi casa.
Automoribundia
Estar al borde,
sentir los ojos yermos
perdidos en la noche muda.
Saberse caído contra la lona
en el segundo nueve
y hacer acopio de toda el alma
para pararse y sobreponerse
o morir de pie, como los árboles.
Estar al borde
del otro lado,
y sentirse
más muerto que vivo.
Ponerse de pie
con más alma
que cuerpo,
dando tumbos
con los ojos perdidos
y abrazar el dolor
o el vacío
para mantenerse vivo
y aferrarse a la esperanza.
Memorias de Epicuro
No le temo a la muerte, pues solo aparece cuando ya no existimos. ¿A qué temerle? A que Cronos me arranque los testículos de un mordisco, a ser azotado por la injusticia, a que el alma me carcoma el cuerpo con sus desaforados apetitos.
Yo prefiero probar un bocado exiguo pero delicado, acariciar un seno a la vez; un mero recién horneado, un pan de oliva con salsa de ajo, degustar un trago de vino o un par de aceitunas junto a empanadas de ubre de cabra, un queso etrusco, un baño de cinco minutos, un sol de media hora en la playa y que un mar apacible me lama los pies. No le pido más a la vida que amigos que se conformen con el éxtasis de mis uvas, con que en mi huerto siempre haya un par de ellas y si llega la muerte, solo entonces, espero estar borracho.
El manco de Lepanto
No merezco esta condena,
yo, que sacrifiqué mi mano
contra los turcos en Lepanto.
Los reyes son más ávidos
en castigar que en levantar descargos.
Mi venganza será meritoria
y escribiré la mejor historia
sobre un caballero que se burla
de los reyes con encanto.
De la valentía, la belleza y el honor,
hará entuertos triviales.
Su locura seducirá a la razón,
semejante a reyes que buscan
conquistar ínsulas y eriales.
Nadie escapará a la diatriba
de mi héroe.
Ni reyes, ni curas, ni caballeros,
ni aldeanos.
Y será más valiente que cualquiera
y más capaz y más gallardo.
Los poetas de todos los tiempos
envidiarán escribir lo que yo escribiré,
con una sola mano.
Delirium Tremens
A Edgar Allan Poe
Cinco días naufragando en ládano y opio,
sin tocar tierra firme.
La mirada descosida, el cabello descolorido.
No había podido sobrevivir a su propio dolor
por la pérdida de todo lo que quería.
Bufón de su propia muerte
daba tumbos para esquivarla;
cuando despertó en un hospital
de camillas raídas, los horrores
que su letargo había acallado
se le echaron encima como acreedores
de sus innumerables deudas.
Parloteaba sudoroso
sin importar ya su dolor
y a los doctores preguntaba
sobre una virgen
a los que los ángeles llamaban Eleonora.
Pero los doctores ya no le daban razón
y él ya no sabía si eran ángeles o demonios
o qué figura dantesca, escapada
de las riberas de la noche plutónica,
que, sin poner cota a su dolor,
al preguntar si volvería a ver
a aquella nívea virgen de sienes doradas
a los que los ángeles llamaban Eleonora,
aprovechando el mutismo de su intranquilo silencio,
solo atinaba a responder:
—“Nunca más”.
Summertime
A Janis Joplin
No hay por qué temer,
esta temporada
es solo para los dos.
Ya vas a ver cómo todo
es más llevadero.
Cariño, no llores,
la brisa siempre tiene otro lado,
la vida tiene otra cara.
Aprovecha este tiempo,
es solo para los dos;
no llores cariño,
haz de cuenta
que es solo una tormenta
o un intenso verano
y que la vida
te espera del otro lado.