Revista Latinoamericana de Poesía

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La memoria como aullido, cuerpo y conjuro: hacia una espiritualidad de genealogía cimarrona



La memoria como aullido, cuerpo y conjuro: hacia una espiritualidad de genealogía cimarrona

 

por Juan Manuel Zermeño Posadas

 

Hijas de las perras negras articula una poética de resistencia ritual: la escritura funciona como conjuro contra el olvido y la violencia colonial. El libro rehace genealogías —ancestras, diosas, santeras—, reterritorializa la lengua y convierte el dolor migrante y racial en un repertorio de imágenes políticas y espirituales.

Theodor W. Adorno advirtió que escribir poesía después de Auschwitz era un acto problemático; Walter Benjamin, por su parte, enseñó que todo documento de cultura es también un documento de barbarie. León Felipe, con su poema Auschwitz, reclamaba a Virgilio, Rimbaud y Dante la imposibilidad del canto frente al horror. Sin embargo, la voz de Luisa Villa Meriño se inscribe en otro registro: el de la insurrección espiritual.

A partir de este punto, el presente análisis se construye exclusivamente con teoría escrita por mujeres. Este gesto no funciona como restricción, sino como una elección política y epistémica: un homenaje al libro mismo, que rastrea una genealogía contra la invisibilización histórica de las voces alternas. Abordar la escritura de mujeres a través de marcos teóricos también elaborados por mujeres implica crear un corpus específico, una red de pensamiento que teje nuevas líneas de estudio y abre ópticas capaces de mostrar realidades que durante siglos permanecieron ocultas o subordinadas. Este enfoque reconoce que la teoría no es neutral, sino que también tiene género, cuerpo, territorio y memoria. Leer a Luisa Villa Meriño desde voces femeninas y afrocaribeñas no solo amplifica su resonancia simbólica, sino que continúa el trabajo de restitución espiritual y crítica que su poesía encarna.

La autora descoloniza el lenguaje poético latinoamericano —históricamente blanco y masculino— desde una voz femenina y afrocentrada que devuelve la oralidad, el ritmo, el canto, el conjuro y la furia a la escritura contemporánea.

Ganador del VI Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya, Hijas de las perras negras es un canto de exorcismo y genealogía, una forma de devolver la voz a los cuerpos silenciados por la historia: los esclavizados, los migrantes, los enfermos, los locos, los animales y las mujeres que heredaron la violencia estructural de la colonia. María Lugones denomina a esta forma de vínculo y resistencia la «lógica de la comunalidad afectiva».

«Escribo poemas porque es la única forma de maldecir al águila a la cara.»

Este gesto conecta con lo que puede entenderse como una escritura del cimarronaje, noción que autoras afrocaribeñas como Sylvia Wynter y Mayra Santos-Febres asocian con la rebelión simbólica de los cuerpos esclavizados y la reescritura de sus mitologías. La palabra poética se convierte así en herramienta de liberación y revancha histórica, una práctica de curación intergeneracional.

El texto oscila entre el duelo y la furia desde una conciencia corporal y telúrica. La palabra se vuelve lengua cimarrona, desobediente, encarnada e insurgente, un modo de decir que rehúsa la domesticación estética y política.

La «perra negra» deja su dimensión peyorativa para volverse figura mítica de resistencia y amor materno, símbolo de las mujeres que resistieron la esclavitud y las migraciones forzadas. El título recupera lo que Audre Lorde llamó «the mother tongue», la lengua de las madres, una voz que proviene de las ancestras, de la oralidad y del trauma. El cuerpo, aquí, no es solamente materia sino continuidad, deseo y lucha.

Puede escucharse en estos versos un eco de la ternura entendida como fuerza política. Villa Meriño la encarna desde el cuidado, el duelo y la compasión radical, sin renunciar a la rabia ni a la denuncia.

Su poesía se inscribe en una matrilinealidad afrocaribeña que atraviesa también las obras de Nancy Morejón (Mujer negra) y Mayra Santos-Febres, donde el cuerpo femenino funciona como archivo vivo de la diáspora.

La crítica mexicana Adriana Pacheco ha planteado que la escritura de mujeres en América Latina se construye como un «espacio de ocupación simbólica»: las autoras se reapropian de los territorios donde fueron borradas. En Hijas de las perras negras, ese territorio es el cuerpo ancestral y la memoria afrodescendiente; el poema espera, vela y nombra los cuerpos que el mundo intenta invisibilizar.

El poema no solo nombra: cura, reza, denuncia y transforma. Es performance, trance, canto y aullido. Su oralidad performativa —repeticiones, invocaciones, frases enunciativas que fracturan la sintaxis— restituye el ritmo del canto comunitario. En sus versos dialogan lo ancestral y lo contemporáneo, lo íntimo y lo político: el cuerpo herido de una niña, el cuerpo esclavizado de una antepasada, el cuerpo migrante del Mediterráneo o el cuerpo poético que busca su territorio simbólico.

La opresión se transmuta en lenguaje de emancipación. El poema no es refugio, sino trinchera: un espacio donde la violencia de la historia se reconfigura políticamente. Hijas de las perras negras se lee así como testamento y ritual de duelo colectivo.

La poeta politiza la empatía: los niños muertos en Gaza son los mismos que los del Caribe; los refugiados africanos son los campesinos desplazados por la guerra en Colombia o México. El cuerpo migrante es una sola herida repartida entre las geografías del dolor. Como señala Rita Segato, la violencia patriarcal se convierte aquí en discurso crítico y la herida en palabra insurgente.

Villa Meriño transforma el trauma en una instalación verbal donde objetos, animales y mitos actúan como símbolos vivos de la memoria: morrocoyas con ruedas, perros con intestinos llenos de casetes, lechuzas reveladoras, muñecas de alfileres, espejos, plátanos fritos, zapatos, pájaros. Su poesía crea una iconografía mestiza en la que cada elemento cotidiano posee carga espiritual y dimensión política. La poeta afirma una autoridad espiritual femenina, encarnando lo que Daisy Rubiera Castillo define como la sacerdotisa de la memoria, la mujer que cura la historia desde su cuerpo y convierte el duelo en canto.

En Hijas de las perras negras, el yo poético no es individual: es coral, compuesto por generaciones, lenguas, heridas y espíritus. La poeta se convierte en médium del territorio; el yo lírico es a la vez mujer, animal, diosa, territorio, madre y tribu, un canal de transmisión entre los vivos y los muertos.

«¿La imaginación puede servir para construir la paz? … pero no hay un solo resucitado en Gaza.»

La autora se alinea con María Zambrano, quien entendía la poesía como una forma de conocimiento que da voz a los desterrados del logos. Su escritura encarna lo que Catherine Walsh denomina prácticas de reexistencia, modos de vivir, crear y resistir más allá del sistema colonial del saber.

Hijas de las perras negras recuerda que la poesía afrocaribeña contemporánea no es vista sólo como una exoticidad estética, encarnado en ella misma toda cartografía humana, un archivo de cuerpos, canto político y ritual. Luisa Villa Meriño escribe para reconstruir comunidades arrasadas, para nombrar a los no nombrados y para conjurar un diálogo transatlántico en la caja de resonancias fantasmales que es la memoria colectiva.

 

Juan Manuel Zermeño Posadas (Monterrey, 1991) es escritor, crítico, gestor cultural y curador de arte. Ganador del Certamen de Literatura Joven de la UANL en 2013. Su obra poética aparece publicada en diversas antologías nacionales e internacionales. Becario del Centro de Escritores de Nuevo León en la generación 2021. Es colaborador reseñista de la revista impresa Publisher Magazine en Español. Es CEO de la plataforma Línea Zeta.

 

 

Referencias

- Adorno, Theodor W. Prisms. 1955.

- Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia.

- Lorde, Audre. Sister Outsider. 1984.

- Lugones, María. «Colonialidad y género». Tabula Rasa, no. 9, 2008.

- Morejón, Nancy. Mujer negra. 1975.

- Paredes, Julieta. Hilando fino desde el feminismo comunitario. 2010.

- Rubiera Castillo, Daisy. Reyita, sencillamente. 1997.

- Santos-Febres, Mayra. Anamú y manigua. 1991.

- Segato, Rita Laura. Las estructuras elementales de la violencia. 2003.

- Walsh, Catherine. Pedagogías decoloniales. 2013.

- Wynter, Sylvia. «Unsettling the Coloniality of Being». 2003.

- Zambrano, María. Filosofía y poesía. 1939.

 



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