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29 Nov 2013 / 07:11 am
   

Por Hellman Pardo

    El erotismo en la poesía colombiana ha estado al margen de todo encuentro. Orietta Lozano nos recuerda que en cada hombre y mujer permanece un rostro desnudo, un cuerpo que atardece en la belleza. Su lenguaje busca los pliegues, las sombras, las heridas hechas en un amanecer violento y decantado.       SEÑALES Voy al papel como a tu boca me crispo y danzo entre tu mar que me riega, desespera y aniquila. Los árboles se visten de noche y sucede una alteración allí, donde tú apareces. Tú me provocas: entre la niebla aparece una mano extendida a mi escritura y luego otra mano que me revela el insólito equilibrio. Tu silencio es un rumor de peces desbocándose en cascadas, el susurro de hombre muertos visitando la morada donde hallaron el asombro de los sueños; la sangre de los cuervos que rodea la hora del crepúsculo. -Una bandada de mujeres con ojeras y brazaletes se llena de pánico porque a lo lejos la cocina cruje, ruge como un temblor de tierra, y los niños anhelan la ciudad perdida-. Tú me salvas, no caí en tierra árida, caí en tu materia, en tu sangre, en tu escritura. Descubrí la grieta cálida y el río helado, el monte y el abismo, el viento y el soplo, el rasgar, el sesgar, lo finito y lo infinito, y fue un remanso, un alud, un día luminoso que Dios o el demonio me otorgara. Fui transportada en la barca de tu beso y el aullido de la noche me despertó en el centro de tu carne, la tristeza era una mujer sucia, sellada donde se dormían los pájaros y los lagartos tropezaban. Tú eras el límite, la línea que desborda y cambia, un abismo solitario con color de sangre, con un color frenético con el color que se le da a la muerte cuando ella es nuestra aliada. Tú me suspendes, me ligas, me propones tu hora crepuscular, y mi sangre toca la misma música, la música más sola… Me invocas, me convocas y yo emerjo como una bestia que solo tú has de aniquilar. Nada… sólo tu silencio que busca lo imposible, los brujos que salieron del polvo de las ruinas, el miedo que mueve insólitas palabras, el guijarro, el avestruz, la mujer enamorada, el mutilado, el paraje, el agujero; el silencio que devora y avasalla, la invención de un gesto que disuelve y nos disipa. Tú eres el final de la búsqueda, El perpetuo agonizar de la palabra, eres la tentativa que termina por avasallar mi fundamento; la percepción necesaria a mis sentidos.

Orietta Lozano

 

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