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11 Feb 2019 / 10:54 am

De Cuerpo te llamas, y de sus llamaradas

Jesús de Loza 


Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y
sin embargo, cuando vamos creciendo,
el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera.

Camilo José Cela

 

I

Antesala del cuerpo

 

Marlene me invitó a presentar su libro y la posibilidad de hacerlo me dio mucho gusto. Para ello había que leer el libro, y lo puso en mis manos. Lo que vino luego fue la presentación mutua entre el libro y yo:

—Yo soy Cuerpo te llamas.

—Mucho gusto. Yo soy tu presentador.

—Mucho gusto. Es tarde para ser triste, ¿no?

—¿Qué me preguntaste? Disculpa, tengo déficit de atención.

—Nada mejor para esa deficiencia que encerrarte en el clóset, como lo hacía Rimbaud cuando su madre no veía con buenos ojos que escribiera poesía. Si tienes déficit de atención, mejor ni me presentes.

—Perdón. Voy a concentrarme, no es demasiado tarde para ser triste.

Un acercamiento al morir.

—¿Qué?

—Otra vez con tu déficit de atención. Dijiste que ibas a concentrarte. ¿Qué piensas de la poesía?

Este fue el primer diálogo. Ya al siguiente día, la relación fue mejorando. Caí en la cuenta de que en la condición humana caer en un periodo de enfermedad no es sino un acercamiento al morir, pero también podemos acercarnos a ese morir si nos falta la poesía.

Luego de ese comienzo, Cuerpo te llamas y este presentador nos entendimos bien. Dialogamos, y desde ese diálogo establecimos una confabulación contra la autora. Debo decir aquí que cuando tú lees un libro él también te lee. El poema es una vía llena de intercepciones, un cruce de experiencias. La persona que lee es leída en un ir y venir de impresiones, sensaciones, historia. Leyendo Cuerpo te llamas fui víctima del sueño, que me sacó del mundo físico hasta llevarme a ese estado de conciencia en que a uno lo bombardean las imágenes confusas y difusas, sueño que es otra forma de acercamiento al morir. Ahora, Marlene, más que recargarme de tu libro, intentaré abrirlo y ver el contenido de esa casa que es el Cuerpo.

 

 

II

El Cuerpo, nuestra casa, el gran desconocido ente campeón de la ubicuidad, que podemos sentir en cada uno de sus cuatro puntos cardinales, es un misterio que nos acompaña en toda nuestra existencia, una entidad llena de signos, marcas de recuerdos y olvidos. El cuerpo es el refugio que está en todas partes de nosotros, que dondequiera podemos sentirlo placentero o puede dolernos en mil lugares de piel y hueso, a su antojo y libre albedrío.

El cuerpo que, de acuerdo con Marlene Zertuche, es tacto, esqueleto, memoria, pero también tiempo y espacio, respiración y agua. Podríamos extendernos indefinidamente nombrando todos esos elementos que, mientras no nos duelen, pasan inadvertidos por nuestras alarmas sensoriales y simplemente se intuyen allá, remotos, lejanos en un profundo depósito de armas y armaduras, fuerzas y debilidades.

Marlene nos habla sin aspavientos del continente humano que nos ha sido entregado desde que nacimos para convertirlo en estuche de todas las representaciones del ser. Describe, con una precisión que solo es posible mediante los recursos de la poesía, los instantes de toma de consciencia de ese cuerpo. Se trata, pues, de manifestar que la plena consciencia del cuerpo se adquiere mediante el dolor y en los estados del alma descritos.

Por ejemplo, en el poema con que abre el libro, “es tarde para ser triste”, hay incluso un anagrama del verbo estar, que refuerza subliminalmente la emoción que causa: estar de para ser triste; es decir, refleja cierta forma de estar en cuerpo y alma en esta tristeza.

De ese profundo depósito de armaduras y armas va extrayendo Marlene las diversas estrategias para enfrentar sus estados de ánimo, que se depositan sobre estas páginas dirigidas a quienes leemos sus cartas de juego y en las que igualmente advertimos con íntimo asombro sus cartas de navegación.

El cuerpo revela su nombre luego de asumir plenamente las sensaciones opuestas del placer y el dolor. Cuerpo te llamas es, le parece a este humilde presentador, el resultado de esa confrontación. Marlene da muestras de esta dualidad entre el cuerpo y los estados psicológicos, pero lo hace con un grado razonable de emotividad. Lo que quiero decir es que sus poemas apelan más a los espíritus sensibles que a los sensibleros. A un moderado entendimiento del dolor físico con una moderada descripción. Es el espíritu aprendiendo las lecciones del cuerpo, para que el cuerpo, en reciprocidad, acepte y aplique las recomendaciones que da el espíritu.

Cito parte del poema “es tarde para ser triste”, a fin de complementar lo que afirmo:

 

que la conciencia mantenga pulcra

por encima del mal tiempo

que corte la escena

acuda a otro recuerdo

me refugie en un rincón diferente esta vez

 

que para perdonar está el olvido

sustituir la imagen

o meterse uno bien dentro de uno mismo

profundísimo

en el silencio de agua

y que para ello no baste cerrar los ojos, respirar

 

le antecede a todo un golpe

un hueso roto en la historia propia

la confusión de personas

el tren que nunca tomamos

digámoslo de una vez:

el error le precede.

 

Fin de la cita. ¿Cómo les ha quedado el cuerpo?

 

 

III

 

El cuerpo, nuestra casa, y las casas a las que suele ir de visita. Las casas y las cosas que conectan el fuera con el dentro. Las imágenes del tren urbano, la casa móvil en la que diariamente viaja una parte de la ciudad enfundada en atuendos contra el frío o para el verano, pero con su desnudez fundamental. Todo ello es el cuerpo en acción con la palabra. Con “acercamiento al morir”, Marlene me ha recordado un poco al extenso poema que Jaime Sabines dedica a la muerte de su padre: “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”.

Al margen de la simple comparación, el punto es que la poeta trata su asunto de manera sosegada, diferente. Logra equilibrar este sentimiento de la muerte, tema que ha sido recurrente en algunos autores de la poesía mexicana. Hay en el poema reminiscencias, signos de alguna estancia en una sala de hospital, donde aparece la imagen del “abismo del sueño / en medio del consolador / propósito de los narcóticos // lo tenido al dolor / para no soportarse en él mismo / un pecho inflado / por la absurda marcha / de una máquina //”.

No es tan solo el cuerpo en su relación con la presencia de la muerte. Nuestro cuerpo se acerca y se aleja de ella muchas veces a lo largo de la existencia. Intuyo que Marlene ha vivido esta experiencia y que ha fortalecido su vida a partir de ella. Se ha vuelto más sabia. En este vaivén entre salud y enfermedad hay un cuerpo que transportamos, lo hacemos viajar en trenes y autobuses, despierto, somnoliento.

Es esta cercanía tan evidente que todos vamos enfrentando la que en un momento dado nos permite advertir que navegamos en un mismo barco azotado por las mismas tormentas de la vida. Eso es lo que entendemos luego de leer el poema titulado “mundo físico”, donde concluye escatológicamente hablando: “entonces, ¿por qué tanta diferencia? / ¿de qué materia se siente hecha la reina?”.

En un plan en que la realidad nos aterriza en la igualdad, y nos conformamos con ella, viene el poema “mundo físico / variación”, donde, al contrario, “ella se siente bien no siendo ella”, o que, dicho en palabras del lector, el personaje del poema se ha sentido mal siendo ella, y que, para que algo le ayude a ser más ella no siendo ella, se ha practicado, en palabras llanas, una cirugía plástica.

Realmente, los poemas de Marlene no dejan instante con cabeza, puesto que incluso el horno de microondas tiene su taza en este desentierro.

           

 

IV

 

Decálogo para presentes o futuros lectores de este libro (también para quienes ya lo leyeron)

1. Suba al tren eléctrico de Guadalajara en cualquier estación, donde tenga necesidad de hacerlo. Abra su Cuerpo te llamas en la primera página. También puede iniciar la lectura desde la piel misma del libro, que es la portada.
2. Arranque con el primer poema. Mientras lee, se escuchará esa voz femenina grabada que anuncia las estaciones e instruye sobre normas de urbanidad ferroviaria. Le parecerá normal, una voz sin cuerpo y, por tanto, sin alma.
3. Tanto si viaja en la línea 1 como si lo hace en la línea 2, llegará a la segunda parte del libro, que se inicia con “tres poemas en el tren”. En este lugar de su lectura puede suceder que escuche esa voz leyendo, uno por uno, el título de los tres poemas. “Por su seguridad, está prohibido recargarse en las puertas”, es el primero.
4. Aquí podría ser que quienes viajan al lado suyo miren de reojo, como suelen hacer todavía quienes, por carecer de celular, no llevan audífonos, y eventualmente exclamen, o solo se griten con su voz interior: “¡No manches, ese libro dice lo mismo que la grabación!”.
5. Luego escucharán el tan familiar “antes de abordar, permita salir”. Aquí, sonríales y, si acaso preguntan, dígales que, efectivamente, es un libro mágico que puede guiar a sus lectores en sus desplazamientos por la vida y por la urbe.
6. Uno de sus vecinos temporales preguntará: ¿y dónde lo venden? Dígale dónde, pero si acaso decide regalárselo, ejercería un acto sublime de su parte.
7. El poema “próxima estación”, es probable que coincida con la despedida de ese extraño o extraña con quien usted ha compartido un momento que recordará siempre. Podría ser la Estación de los Árboles, donde “el viento nos habla a todos con comunicación fluida”.
8. Cuando llegue a poemas para no seriar, cierre su Cuerpo te llamas y guarde esos poemas en prosa para degustarlos sentado o acostado bocarriba o, ¿por qué no?, trabajando en su computadora. Hasta allí le seguirá la naturalidad con que el libro le hace revelaciones: si la computadora le da estas opciones: “reiniciar / suspender / apagar”, relájese y lea el texto correspondiente para que asuma ese sentido filosófico y aprenda a insertar un aliento positivo en la duda.
9. Pasando, ya en la parte III del libro, por “París en la Calzada” y por los “tres poemas para leer telegramas”, llegamos a poemas que hablan precisamente de la poesía, de asuntos cotidianos como lo que sucede entre el agente de tránsito y el personaje del poema “del tránsito a la terapia”, un hombre que le indica lo contrario del semáforo.
10. Con poemas como “mi taza”, “manos” “en pie” y los demás hasta llegar a “cuerpo te llamas”, que cierra también el cuerpo del libro, dispóngase a entrar de nuevo en ese ámbito en el que la poesía reconcilia a sus lectores con el mundo. Todo el libro ha sido un juego donde al final se destapan cartas, cada una de las cuales muestra “la inmensidad de la sorpresa”.

Los poemas de Marlene Zertuche me ubicaron desde el sueño en una estación múltiple de trenes, de sur a norte, de este a oeste. Y aquí estamos, tal vez ante una tristeza tipo III, en pie, donde “no hay pecho a tierra, / no hay rompan filas, / no hay emprendan la retirada.//”.

 

******

 

ACERCAMIENTO AL MORIR

ya he tenido mi advertencia
una lección para aprender a no morir
a mitad del túnel, el arrepentimiento:
volver
he tenido mi dolor
el olvido, ese rostro que todo lo borra
la sonrisa del hombre
la delicadeza de las manos de las niñas
los ojos, cuerpos queridos
el abismo del sueño
en medio del consolador
propósito de los narcóticos
lo tenido al dolor
para no soportarse en él mismo
un pecho inflado
por la absurda marcha
de una máquina
sube el diafragma
el diafragma cae
entra una aguja
otra aguja
otra más
sale sangre
otra gota
otra más
todavía tengo plasma
para mi consuelo
toma esta pastilla
espera un poco a que haga efecto
pide a dios, recuerda la infancia
haz una revisión de tus actos
perdona
pide perdón arrepentida
limpia tu conciencia
lava la sábana
acepta el llanto
no digas “no más”
espera
todavía no sabes
qué es morir
aunque te acercas un poco

 

 

 

 

HECHOS BRUTOS

la poesía requiere de
la ciencia de la química
decía Siqueiros
un martillo cae
la puerta se cierra
los cuerpos se mueven
ahí está la física
hay preguntas
a las que nadie responde
imaginaciones que se agotan
paciencias que se asfixian
palabras que se nos quedan
en la meditación de la madrugada
atoradas porque uno concluyó
el sinsentido de articularlas
ahí está el entendimiento
vienen los flujos más humanos
las lágrimas, el semen
la saliva
y su composición viscosa
ese pH intimísimo que regalamos en el beso
una proteína que segrega el hígado
despacito, apenas para pintar el plasma
y cumplir con la mitad de sus funciones
como cuando dejamos
sólo armada la orilla del
rompecabezas
o la lectura de una novela
que en principio nos entusiasmó
y no nos interesa más
la poesía, sí
requiere de la ciencia de la química
como el amor
que pide
materia
átomos
partículas
hechos brutos
que no necesitan ser analizados
bajo la lente del microscopio lejano
sino sentidos, de piel a piel

 

 

 

 


MANOS

veo mis manos eligiendo
las guayabas
las uvas
mis manos
tocando alguna puerta
que no se abrió
las que señalaban la página al explicar
a la niña la operación aritmética
están ahí, en esa imagen:
abriendo la tierra
en la desesperación
de buscar la semilla
la raíz de todo
la explicación, decimos
y no encontrar

 

 

 

 

TRISTEZA TIPO III

abro la puerta del día
de ella asoma
la gravitación de la Tierra:
dos pájaros en el alambre
el parque verde de pasto nuevo
el reciente recuerdo de tu respiración cansada:
apenas tocó la noche tu sueño
la abuela diagnosticó pronto:
tristeza tipo III, dijo tremenda
hay que evitar el iv
un té que depure el hígado
yerba de San Juan para el amor de dos
y sobre todo, aunque no se sabe de qué modo
dejar que los ojos suelten las antiguas melancolías

 


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