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21 Jul 2013 / 07:20 am

   

Palabras como cuerpos, antología poética en memoria de Edwin López, Gerson Gallardo y Tirso Vélez, es un libro para el recuerdo, para erradicar el olvido, para hacer de la memoria una labor diaria, un oficio recurrente en tiempos en los que tiene más valor las armas que las ideas, en tiempos en que la ignorancia dirige los destinos de la vida y condena al miedo y al silencio.

Palabras como cuerpos, reúne poemas de 19 poetas que expresan mediante la palabra el horror por el asesinato de tres poetas, pero a la vez le cantan a la vida y a los bellos recuerdos. Por ello la poesía pone en ridículo a los victimarios, pone en evidencia la barbarie y estupidez de quienes tratan de callar la belleza. En estos poemas se expresa la esperanza por los días que vienen y el rechazo al horror y a la bestialidad, a la cobardía y a la ignorancia de quienes cometen tan viles actos.

UN EJERCICIO DE MEMORIA

En el año 2003 integrantes del Bloque Catatumbo de las AUC, con apoyo de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, desaparecieron y asesinaron a los activistas estudiantiles de la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS) Gerson Gallardo Niño y Edwin Ariel López Granados, y desplazaron forzadamente además a otros integrantes de la comunidad académica.

Entre el 3 y 13 de abril de 2003, Gerson Gallardo Niño y Edwin Ariel López Granados fueron víctimas de desaparición forzada. Dos meses después de su retención, sus cuerpos sin vida y con señales de tortura fueron encontrados en el kilómetro 18 de la vía que del municipio de Tibú conduce al corregimiento de La Gabarra.

El 4 de junio del año 2003, paramilitares asesinaron en el centro de Cúcuta al poeta y político de izquierda Tirso Vélez, sobreviviente del genocidio contra la Unión Patriótica, partido por el cual obtuvo la embestidura de Alcalde del municipio de Tibú. Para la fecha del crimen, Tirso era precandidato a la Gobernación de Norte de Santander por el Polo Democrático.

   

Saúl Gómez Mantilla

       

SEÑAS PARA UN CRIMEN PERFECTO

 

 

Vamos a suponer que las cinco balas que gastó

entre el abdomen

y la espalda le hicieron cosquillas no más

                y pese

al tiro de gracia

                       certero- infalible

El muchacho sigue vivo

Supongamos que es así

porque lo han visto

por la Pacho muy tranquilo

al bailarín

Allá los de la funeraria

Allá los que  lloran inconsolables y

lamentan haber nacido paisano en su guerra

Si esto es entre Ud y los que no saben morir

valdría la pena comenzar de nuevo:

Volver su cuerpo al Sol (donde lo trajo)

Limpiarlo de heridas y ofensas

(Cocéle la ropa…

Vestílo)

Si lo peina con ternura

puede que le crezca

el cabello un poco

            como antes era

Convengamos

que tampoco fue capaz de sacarle el ojo

y desde aquella noche

él no hace otra cosa que

mirarle profundamente

(supongamos que así porque lleva Ud. mucho lodo en la nuca)

Allá los que dicen que los años ya pasaron!

Allá los que hablan de indulto

                            los que olvidan

Qué va a saber nadie nada!

Recuerde: esto es entre Ud. y algunos cobardes

que no aprendieron morir

Si algo salió mal esa vez

valdría la pena

invertir el procedimiento:

Póngase del lado opuesto

Apúntese

Maldígase:

           “Puta-mi-madre

                      Malditocomunista!

 sin olvidar el tiro de gracia  certero-infalible

Así queda resuelto el asunto

del crimen imperfecto

Y allá los que digan que ahora el muerto es Usted

Allá las madres felices con su niños de pecho

Allá los últimos que ríen.

Esto  es entre Ud. y nosotros

                (cobardes que no sabemos matar ni morir)

Freddy Ñañez - Chucho

   

INTERROGATORIO EN EL CUARTO DE HIELO

 

Vos preguntas a dónde ir

si la marisma hunde la sabiduría

si este odio que se traga todas las miradas,

enquistando el silencio hasta la desaparición,

conecta tan imposiblemente todos los teatros del hombre.

Vos preguntas con tu mirada turbia,

con las armas preparadas,

con esta suerte de actitud que representa

todas las posibilidades negadas

por si acaso la respuesta es un enfrentamiento.

Y en tu pregunta se van tras los árboles,

hundiéndose sin más remedio en el olvido,

la sonrisa y el quehacer de una esperanza sin crecer.

Vos preguntas qué hacer con esta rabia que puede más que el miedo

y sin embargo tan atada, tan sin manos, tan sin voz.

 

 

Javier Cortés

   

PEQUEÑO CONTEO DE LOS GRITOS

 

 

A Fabio lo mataron saliendo de su casa un 18 de diciembre. Roberto no soportó su juego y se hundió en sus miedos. James en lo profundo de una fosa recibe el abrazo de su hermano. Luis viajó y no dejó noticias de su impenetrable paradero. A Mireya, el tedio de sus pulmones la arrojaron fuera del escenario. Alexander quedó en la autopista de Villa del Rosario esperando con ansia la fecha de su grado. Javier espera tendido en medio de una emboscada. Arturo no pensó que el miedo de sus vecinos pesara tanto. Tirso vio a su esposa envolver su cuerpo. Gersón dibujaba sobre los árboles pensando en sus abuelos. Edwin reía y sentía al bailar como se le iba el cuerpo.

Los demás como débiles sombras se alejan lastimeramente.

Todos ellos me reciben en sueños, toman mis libros y desordenan mi ropa. Todos ellos reclaman mi silencio, penan por mi olvido y esperan un encuentro que no se mida en lágrimas.

 

Saúl Gómez Mantilla

   

AQUELLOS QUE DESVISTE EL MAR

 

Te fugas del sueño

mudo

ahogado

como aquellos

que desviste el mar

carne dulce

blanda y pálida

Despiertas

abandonado otra vez

sobre la cama en desorden

Entre los gritos del barrio

y el crepitar de murmullos secos

el día se acomoda

la luz vuelve a torturar sus colores

Con cólera bebes el agua impura

en el cuenco de la humillación

en las manos donde la eternidad aún forma

las figuras que persiguieron tu niñez

de ojos abiertos bajo las sabanas

Ellos ya te buscan

No lo sabes

El espejo esquivará tu  mirada

La barbera morderá tu cuello

Vienen por ti

En otra casa desayuna la muchacha

que te llorará más tarde

y tu

bebes café

Ellos recorren la avenida ventosa

Tu caminas un instante

que comenzó hace años

abres la puerta

y no ves a tus hermanas

—Rezan con un alfiler

                      que quema y cura

                                      debajo de la lengua—

Cierras la puerta

caminas

Miras distraído y eres visto

por los animales del cielo

que rugen tormentas

y presagian un dibujo que aún no has visto

En el cruce de las avenidas

el viento te acorrala

se acerca con ellos

en contravía

entre la gente

que apretuja un secreto en cada puño

que se aparta

que se aterra seis veces

que te mira caer

con asombro con lastima con miedo

No sabes morir

y sin saberlo

has visto caer el casquillo de tu última mañana

 

Norwell Calderón Rojas

 

DE LAS FORMAS DE LA MUERTE.

 

A Tirso Velez, Edwin López y Gersón Gallardo.

 

Uno

(aunque hablar de uno suene extraño)

debería nacer muerto

ir naciendo a medida que se crece

en mil partos sin cesárea.

Nacer con muerte de infarto

antes de los cinco años

sin saber de las arrugas del rostro

y de las canas dispersas en el cráneo.

Uno

debería ir aprendiendo de la parca que le mira

para sostenerse del latido

y a los diez años irse reponiendo del cáncer en el alma

cicatrizar sin la menor intención las heridas del amor a los veinte

para que a los treinta el beso haga menos daño.

Uno

debería estar enfermo de deseo en los sesenta

para morir de vida

y también de amor, única forma digna de entrar al sepulcro.

 

* * * * * *

 

RESULTA entonces que no tenemos miedo

a estos golpes quiebra huesos

que hacen saltar los ojos

y nos dejan sin cabello.

Que nos ponen acorbatada la lengua

terminando en el centro del pecho

y saliendo del final del cuello.

Que nos derriten la humanidad

y nos adornan de moretones el cuerpo

nuestro bello cuerpo de amores embadurnado

y caliente aún de sexo.

Resulta entonces que no tenemos miedo

florece en nuestro último latido la esperanza

y una palabra nuestra bastará para sanarnos.

Uno y mil veces uno naceremos

nuestra es la eternidad del amanecer

y del instante de los pájaros en el pecho.

Resulta entonces que no tenemos miedo.

 

Rodolfo Ramírez Soto

   

APARIENCIA

 

Siempre estuve afuera,

mirando cómo ellos se tragaban su sufrimiento

todos los días venían henchidos de fortaleza

con la mirada altiva, sin el más mínimo reflejo de dolor,

como estatuas en las que ni siquiera

se desdibujaba una sonrisa

aunque ésta fuera menos hipócrita que su aparente seriedad.

Parecía que el viento

no les podía hacer ni el más leve daño con sus caricias,

ni la lluvia los mojaba y nunca les escuche

lamentarse del frío o el calor.

Para ellos todo estaba solucionado

aunque dentro un enjambre de telarañas los carcomiera,

los imaginaba muriéndose en un cuarto oscuro

desgarrándose en llanto.

 

Yaqueline Gómez Mantilla


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