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13 Jun 2020 / 08:23 am

 

Presentamos un conjunto de poemas de Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1978). Poeta, investigadora, traductora y profesora universitaria radicada en Italia en 2010. Aquí, en la serie “Maternidad no subrogada”, asistimos a una suerte de ecos líricos, postales del silencio y viajes de la contemplación.

 

 

PERFECCIÓN

 

Cuando estamos tendidos en la sombra,

la memoria se rinde al peso de un abrazo.

Y no importan los despertadores

ni qué puertos sin brújula común.

Junto a ti recostada en la tibieza,

con tus brazos plegados en los míos.

 

Es nuestra perfección.

Ir hacia el precipicio sintiéndonos a salvo.

 

 

LA ESPERA

 

Casi nunca diluvia en mi desierto.

 

Si sucede,

tan violenta es el agua

que o te escapas debajo de una piedra

como una lagartija

o te conviertes 

en boca de la lluvia.

 

La gente dice «qué mal tiempo»

aquí, cuando llovizna. 

Yo guardo luto, elevo 

plegarias y cantos de tormenta.

Pero tú eres 


una gota

de un color tan denso

que volcándote en un lago pintarías


su vaguada completa.

 

No me cansa esperar.

 

Yo siempre fui una boca de la lluvia,

también en el desierto.

 

 

UNA FAMILIA

 

Era un tiempo en que el mundo tenía dos verdades.

Mi padre nunca se dejó crecer la barba.

Jamás nos pidieron documentos.

«¿Qué nos pasó en aquellos años de vuelos peregrinos?»

empecé a preguntar, cuando aprendí a leer. 

«Todo normal», fue la única respuesta.

«Los lápices escriben lo de siempre»

 

Crecí como una despojada del entorno 

entre la negra noche de los libros

y aquel diáfano

limbo de mi infancia.

 

Una tarde volví con mis preguntas.

 

La paz

no debiera ser completa

mientras cueste

el silencio de los otros.

 

Cómo eran los vecinos.

Sus costumbres, su ropa, sus palabras.

Dónde estaban ahora.

 

«Había una familia», me dijeron.

«Si tu hermana iba a jugar al patio, se ponían alerta»

«El hijo nos pedía el teléfono»

«De pronto los dejamos de ver»

 

Esas pudieron ser nuestras baldosas.

Las llamadas

y un delta mi verdad.

 

Rara vez las preguntas nos dejan como antes.

 

A veces fracturan la memoria

para no regresar.

 

 

NON SERVIAM

 

Es hora de ordenar esos estantes

con un pan bajo el brazo.

Los versos de hotel con pantalones, 

los que nombran «sartenes» y «cocinas»

sin caer en «desliz confesional»

porque hay que ser un hombre

para hablar de una casa,

para hurgar en lo ajeno y en los cuartos privados

llevando el permiso en la mirada.

 

Yo no pido:

«escribamos entre coágulos de sangre»

ni: «cantemos, oh Poetas,

del clítoris la rosa».

 

Solo digo que existen

todavía

demasiadas repisas

con forma de paraguas.

 

 

CUADRO DE CIELO CON SILUETAS

 

Te imaginé peinando las ramas de los sauces,

la mano en alto, apenas extendida,

la cabeza apoyada entre mis piernas,

otro modo de entrar en mis ventanas,

mar abierto y azul.

 

Te vi volver de viaje con retraso.

Vos te hacías un té mientras me hablabas

del último raid en Medio Oriente,

de un paisaje con olas y el verano

de espumas por llegar.

Florecía en el cuadro una camelia

y se oía la brisa de mi nombre

basculando en tu voz.

 

No era un sueño, querido. Parecía

una escena tan real como un recuerdo.

 

Qué lúcida, a veces, la nostalgia

de lo que nunca hemos sido

y que tampoco será.

 

 

ESPARCIMIENTO ACUÁTICO

 

Nos cruzamos una tarde de pileta.

Yo nadaba tranquila, con bikini a triángulo,

y surgiste del agua

para acercarte a hablar. 

 

Ahí estaba tu hija.

Por lo bajo dijiste «nació por accidente».

Con sus ojos azules,

su equipaje de asombro en las pestañas,

nos mostraba el milagro de ese error.

 

Fuiste poniendo al viento tus heridas.

Yo te oía serena.

Me hablabas de su madre.

Tan joven, tan puta, tan con novio.

Los ídolos que sangran en los lentos altares del después

y un día se sepultan. Pero no te lo dije.  

 

Anocheció en el agua. Nuestras hijas

jugaban como hermanas.

 

Hasta nunca, quién sabe, buena suerte.

Te saludo en la puerta de la ducha

con las letras de un nombre que olvidé.

Y pensar que construimos un mundo aquella tarde.

Es el dolor. Nos hace una familia.

 

 

MATERNIDAD NO SUBROGADA

 

A pesar de la prisa,

que doblega el deseo con cansancio,

yo quiero ser la gata sonámbula de sueño

la cigarra

que orquesta su orfandad

en esta danza urbana

y peregrina.

 

Así como la nube

abre el grifo a la lluvia cuando quiere

y una hiedra conoce

la tapia propicia en que aferrarse

la palabra

sabe trepar robusta y sigilosa

por su herida de luz.

 

Aunque despojen

mis horas al amor y me convierta

en extraña del desnudo

que reposa conmigo,

nacerá más potente la vida

en la belleza, lo que guardo

de humano.  

 

Porque tengo

la mirada inconclusa

y una astilla

me estorba entre los labios

me ha crecido el poema.

 

Nadie podrá comprarlo.

 

 

***

 

MARISA MARTÍNEZ PÉRSICO (Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1978). Poeta, investigadora, traductora y profesora universitaria radicada en Italia en 2010. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires y doctora en literatura española e hispanoamericana por la de Salamanca. Ha traducido a los poetas italianos Valentino Zeichen, Tiziano Fratus, Stefano dal Bianco y Alessio Brandolini. Sus poemarios: Las voces de las hojas (1998, Ediciones Baobab, Buenos Aires, primer premio en el Certamen Río de la Plata II con el auspicio de la secretaría de cultura de la Nación Argentina), Poética ambulante (2003, Edición antológica del Instituto Cultural del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, seleccionada en el certamen Arte Joven de la Provincia), Los pliegos obtusos (2004, Edición antológica del Instituto Cultural del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, La Plata), La única puerta era la tuya (2015, Verbum, Madrid, finalista premio Pilar Fernández Labrador en Salamanca) y El cielo entre paréntesis (2017, Valparaíso España, Granada). Se encuentra en prensa su poemario Principios y continuaciones. En 2018 se publicó su primera novela, “Las manos en la madre”, por RIL Ediciones (España/Chile/Colombia). Es investigadora correspondiente del CONICET en Italia y coordinadora de la comisión de Humanidades y Ciencias Sociales de la RCAI (Red de Científicos Argentinos en Italia – Programa Raíces del Ministerio de Cultura de la Nación). Desde 2014 dirige en Roma la revista Cuadernos del hipogrifo. A los 17 años recibió el premio de ensayo literario otorgado por la UNESCO en conmemoración a la caída en batalla de José Martí, que implicó una estancia en Cuba, así como el premio de ensayo sobre pensadores nacionales otorgado por la Universidad de Lanús, por sus investigaciones sobre Leopoldo Marechal. Ha editado y prologado a Luis García Montero, Joan Margarit y Leopoldo Marechal.  

 


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