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12 Jul 2015 / 18:12 pm

 

Reseña de Fredy Yezzed

 

  

Libro: Del diario hastío

Freddy Ñáñez

Editorial Edición del Autor,

Caracas, 2013, 203 págs.

 

La poesía venezolana siempre ha gozado de juventud y vértigo. Está muy lejos de la solemnidad y la retórica de otras regiones. Muestra de ello, es la vigencia de la obra de José Antonio Ramos Sucre –su poeta emblemático–, la irrupción en la vanguardia con el grupo del Techo de la Ballena, el salto de las fronteras que han tenido las obras, entre muchos otros, de Vicente Gerbasi, Eugenio Montejo, Ramón Palomares, Rafael Cadenas, Luis Alberto Crespo, Alfredo Silva Estrada, Juan Calzadilla, Víctor Valera Mora y Gustavo Pereira. En ese camino, no es extraño que haya generaciones posteriores con obras innovadoras y con una gran impronta experimental en la poesía venezolana; ejemplo de ella es “Del diario hastío” (Caracas, 2013), el último libro del poeta Freddy Ñáñez (Petare, 1976)

            “Del diario hastío”, cuya escritura penduló, como lo indica el libro, en IX Cuadernos desde 2009 hasta 2013, está integrado por 607 fragmentos numerados. El autor del prólogo, J.A. Calzadilla Arreata, llamará la atención sobre el carácter moderno del texto breve y fragmentario con las siguientes palabras: “El arte del texto breve es un arte de la fragmentación y del fragmento. Si es que el fragmento es la imposibilidad de la nada y el germen latente de un todo posible. El texto breve tiene la plenitud de su precariedad”. Como ejemplo citamos el fragmento inaugural que desde la primera línea anuncia el espíritu reflexivo, dubitativo y conjetural del libro:

 

1. 

¿Yo soy un escritor? Me abismo como cualquier analfabeta. Vivo de exhortos como un Caín moderno ¿Soy el escritor que creo? Para semejante título, ¿no se necesita un dolor adquirido, un alma enconada, antigua, poblada de deudas? Yo nací vacío y heredé de súbito una vulgar indiferencia.

 

Confunde el adjetivo “diario”, en el título del libro, ya que en algún punto de la lectura se convierte también en sustantivo, en el sentido en que se presenta como una relación de hechos, lecturas y pensamientos en un marco temporal, caótico, pero con aparente línea gracias a la numeración. El hecho de que aparezca desde el comienzo la primera persona, ya le da al libro un aire que conservará durante todas sus páginas, el de un carácter confesional, sin llegar a ser intimista; y el de total sinceridad, sin ser grave y patético. A continuación un ejemplo, donde aparece el vuelo lírico de forma mesurada y delicada, a pesar del estilo coloquial y conversacional de la voz:

 

3. 

Sólo sabemos que vino un desengaño grande al espíritu. Sabemos de aquel momento en que se hizo carne; pero ninguna palabra responde jamás por el dilatado crecimiento de esta tristeza.

De esos matices, nada sabemos.

 

Quien haya leído con leve atención “El libro del desasosiego” que escribió Fernando Pessoa, como su heterónimo Bernardo Soares, podrá hallar, guardando las dimensiones y los contextos, asombrosas correspondencias en “Del diario hastío”. Los dos libros, como creo lo hace todo poeta moderno, son una lectura incisiva de su época a través de su experiencia personal. En esas tensiones leemos a la voz del libro en constante diálogo y polémica frente al discurso ideológico y estético:

 

6.

Derek Walcolt ofreció, junto a un catedrático (he olvidado su nombre), una conferencia sobre Literatura del Caribe. Después de la aburrida y dilatada intervención del académico, el poeta se dedicó a leer El mar es historia… Jamás se escribirán versos así en Francia, España o Alemania. Hay un brillo exclusivo de los pueblos invisibles. Aullido tribal de superioridad copiosa. Algunos abandonaron la sala.

Nuestra poesía —venganza tan altiva contra occidente— me permitirá esta noche dormir en paz.

 

Otro libro que viene a la memoria a la hora de localizar las posibles vertientes del libro “Del diario hastío” es “Juan de Mairena (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo)”, cuyo autor fue un ficticio profesor de gimnasia y retórica creado por Antonio Machado. El libro de Ñáñez no entra en tal juego experimental de consumar un heterónimo como hace Pessoa o Machado, pero la voz se retroalimenta constantemente de sus pareceres y dudas estéticas; aspecto que lo hace una rara confluencia de poéticas. El tema de “Del diario hastío” es todo el mundo porque en su saco no se escatima tema, idea o temor, —por pueril o trascendental que sea—, pero el que escribe es crítico y minucioso observador y desde el aire se sostiene y en ese entramado discute y expone su particular visión del mundo y la poesía:

 

33.

Una palabra que no piense ni respire. Sólo eso preciso ahora. Una expresión que sea arbitraria como el rencor o la idiotez. Inconscientemente libre, pero sin el tufo de Bretón. Un nombre al menos para comenzar a traducir mi hastío. Impotencia mía de no saber bautizar siquiera mi Ars hipocondríaco.

 

Los autores que alimentan las horas de lectura de Ñáñez entran con mucha frecuencia en “Del diario hastío” y es gracias a su angustia rebelde y disconforme frente a la figura del poeta, el mundo de la poesía y su final y esencial preocupación “escribir bien”, que conocemos sus influencias. Son, en ese camino, Ramos Sucre y César Vallejo las figuras a las que se desea —siempre fallidamente— emular, más no en su estilo, ni en el hueso de su orfandad, sino en su aullido y aventura misma. Citamos dos ejemplos, donde habita una dosis de humor necesaria para hacer habitable el libro:

 

12. 

Mi mala voz me impidió ser Héctor Lavoe. Mi buena suerte me inhibió de escribir Los Heraldos Negros. El que soy es el resultado del no poder Ser. Sólo existimos negativamente. Con un saldo en contra.

 

36.

Empezaré a escribir de nuevo. Mi punto de partida una mezcla de La Torre de Timón y Trilce. Mi pregunta eterna ¿Podré esta vez plagiar ese aullido?

 

¿Y por qué no buscar correspondencias, además, con “Hojas de Hipnos” de René Char, ese libro dedicado a Albert Camus, escrito con numeraciones y párrafos medianos –y oh, casual coincidencia– en una época conflictiva como lo ha hecho Ñáñez con su Venezuela? ¿Cómo no recordarlo –en la excelente traducción del argentino Raúl Gustavo Aguirre– cuando dice en el poema 83: “El poeta, conservador de los infinitos rostros de lo viviente”? Y luego, vertiginosamente, encontrar momentos de lucidez y a la vez de inteligencia en “Del diario hastío”:

 

49.

12 de Octubre de 1492: aprendimos a robar lo que nos pertenece.

 

57.

POSTAL A UN VIEJO POETA

Desconócete a ti mismo.

 

78.

Es preciso aprender a ser lentos. Ése es el secreto de todo Dios.

 

La esencia del libro “Del diario hastío” es filosófica con una fuerte tendencia hacia la idea platónica y la corriente existencial. Por sus líneas desfilan citas y acotaciones de Platón, Aristóteles, Sócrates, Kant, Nietzsche, Kierkegaard, Schopenhauer, Maquiavelo, Hegel, Spinoza, Cioran y hasta el colombiano Estanislao Zuleta asoma con su luz contestataria. Sin embargo, el libro de Ñáñez es imposible no ligarlo al poeta moderno, Charles Baudelaire, quien inserta la noción filosófica de Modernidad, “el poeta debe ser un observador crítico de su tiempo que cambia vertiginosamente”, durante todo el libro se está interpelando el presente, sin abandonar el pasado.

El autor de “Postal de Sequía” no le teme a los temas actuales, ni a los discursos más polémicos que brindan los medios de comunicación. Ñáñez se presenta como un testigo de las contradicciones, el caos y el vértigo de su época. Otro aspecto que aparece con obviedad es la aparente relación que se extiende entre “hastío” y “spleen”; en Baudelaire es “melancolía, tedio de la vida, bilis negra, depresión, hipocondría” y en Ñáñez es de “disgusto y tedio”, pero con una dosis gigante de “ironía” y “esperanza”. Citamos un fragmento que parece salido de los “Cuadernos de notas” de Baudelaire y que conceptualiza el valor del libro en relación con la angustia y el tedio que se experimenta:

 

41.

Más que El concepto de la Angustia, lo que le debemos a Kierkegaard es la angustia de todo concepto. Su teoría unificó los vértigos; en otras palabras: resemantizó el abismo humano.

 

En este punto, notifico al lector que para la presente reseña, no se ha pasado en las citas del primer cuaderno que lo integra, lo que comprueba la densidad en contenidos y los innumerables caminos a los que lanza al lector. Hay mucha tela por cortar, se dice en el argot popular. Por este motivo, entre todos los tópicos que toca, se llama la atención sobre un tema notoriamente curioso y que demuestra el amor, la compañía y la solidaridad de Freddy Ñáñez por su segunda patria, la Colombia que tanto visita y que tanta fraternidad y palabra le ha brindado.

 

53.

Los curas de Colombia despiden a los muertos así: “Eres polvo”. Pero no dicen: “mas polvo asesinado”.

 

 

528.

BOGOTÁ, 23 MARZO 2012

Vuelvo a comprar este libro de H. Rojas Herazo. Vuelvo a subrayar, pero con mi propia mano, el mismo verso que resume la razón de estar aquí:

     El amor es vegetal por eso: porque rompe y emerge

     porque sube

     porque la muerte sufre con su vuelo.

 

 

Con los anteriores ejemplos, damos cuenta que a diferencia de otros intelectuales y poetas que viven en la burbuja de su intimidad y no se atreven a meter la mano en el horror que vive Colombia, Ñáñez no escatima sus capacidades creativas para hablar no solo como venezolano, sino como un individuo más dado al abrazo unificador. Su preocupación va más allá de las fronteras y su visión está cargada de una fuerte identidad latinoamericana que lee la historia y el dolor desde una perspectiva crítica. El mundo y su vertiginoso cambio lo inquietan y lo sobrecogen.

Finalmente, omitiré para no extender el presente texto, las similitudes que se pueden intuir entre “Del diario hastío” y  “El cuaderno de Blas Coll”, de su compatriota Eugenio Montejo. Pero da pie para pensar que el libro de Ñáñez tiene mucho de ensayo, minificción, crónica, noticia, entrevista, conversación, escena teatral, epitafio, apunte filosófico, graffiti, aforismo y sobre todo “poesía en prosa”.

Si es un libro de poesía, como hasta ahora lo he afrontado, es un libro singular y bello; si no lo es, es un reto para los espíritus más arriesgados y aventureros. “Del diario hastío” es un libro inclasificable a nivel genérico y espeso en ideas y contenidos; demorado para la lectura, la reflexión y la réplica. Su espíritu está cruzado por la velocidad y la filosofía. Su virtud radica en ser profundo y a la vez fulminante.

 

 

Fredy Yezzed

Buenos Aires, julio de 2015

 

 ***

  

FREDDY ÑÁÑEZ. Petare, República Bolivariana de Venezuela, 1976. Titiritero, poeta y editor. Entre 2000 y 2007 funda y dirige la revista literaria Sujeto Almado y el sello Nadie Nos Edita Editores. Algunos de sus libros de poesía: Un millón de pájaros muertos (El Árbol Editores, 2004), Fuego donde dice paraíso (Ministerio de Cultura, 2004), Bajo Palabra (Dirección de Cultura y Bellas Artes Táchira, 2005), Suma del Árbol (El Árbol Editores, 2007), El nombre de todas las cosas (El Perro y la Rana, 2009) y Sombra bajo Tierra: Antología 2000-2009 (Monte Ávila Editores, 2010). Con el poemario Postal de Sequía ganó la XVII Bienal José Antonio Ramos Sucre, 2009.

 

FREDY YEZZED. Bogotá, República de Colombia, 1979. Como investigador literario escribió el estudio “Párrafos de aire: Primera antología del poema en prosa colombiano” (Editorial de la Universidad de Antioquia, Medellín, 2010). Tiene publicado los libros de poesía: “La sal de la locura”, (Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández,Buenos Aires, 2010; Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2014) y“El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein” (Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2012). Actualmente está radicado en Argentina.

 


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