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2015-07-06 13:11:44

 

Reseña de Jorge Valbuena

 

 

Libro de poesía: Asma

Autores: Edwin Gamboa – Fabio Delgado

Editorial: Piedra de toque, Poesía ambulante. Colección Estampillas Poéticas.

Bogotá 2015

 

Los poetas han dejado de ser hijos de la divinidad pero no por ello menos dioses. Acaso nuevos dioses, dioses otros que se precipitan a edificar  con las hebras de sus angustias altares remotos, escenarios donde pueden trocar máscaras por destierros, balanzas por aire, sobras de eternidad por retazos de asombro. Todo ello como una constelación de incertidumbres.

Así el panorama de Asma; libro que teje una alabanza para el incendio, libro que alza la voz para el despojo, eco enfermo de gritos. Ninguna temporalidad, señal, hilo que nos destine a cuidar el paso en sus páginas; es la forma del cuerpo errante que hemos sido y que tienta a sus reflejos a olvidarse, pero quedan las marcas, el hollín, las cicatrices, llanto en las arterias para ser uno contemplado en la tempestad del otro.

Son dos voces que se confabulan para migrar, hacer un viaje al respiro como única sentencia de nuestro paso por la historia del viento, tempestad que se hereda, escudriñan en el aliento las espinas que han quedado ancladas al dolor y al juego. Edwin Gamboa y Fabio Delgado crean en Asma otra forma de acceder al tiempo, lejos de la línea horizontal que a diario nos asoma en nuestras acciones e intercambios, nos entregan a las fugas que convulsionan en nuestras emociones, las formas que contiene el recuerdo y los instantes, sin asemejarse a la presunta lucidez que hemos inventado para revelarnos:

 

Gamboa traza:

 

¨También hay madera de la chimenea de la infancia,

el dulce silencio de la lectura en la habitación,

el gorgojeo de la lluvia que cae, anocheceres más

bellos que la tarde y horas de la noche

que nos acercan a la divinidad

(no hay otra divinidad  que el reino de las palabras)¨

  

 

Delgado rema:

 

 

¨Hay disparos fuera de mi casa.

adentro casi todos están muertos

y beben café negro

en los rincones.

 

En las escaleras se sientan los desaparecidos

buscando respuestas

en las ventanas.¨

 

Es en las ruinas que acontece el tiempo, como otra víctima del miedo y las circunstancias, el pasado deja de ser una sombra compasiva. En Asma se transcurre sin inicio, ni límites, ni destinos, el tiempo es un juego más de las derrotas. El verbo no toma distancia ante sí mismo, las palabras hilvanan de nuevo los asuntos que ya han sido sometidos a certezas, los briosos asuntos del pasado que vuelven a pasar, por Ítaca, esta ciudad, la pintura, la rebeldía, las masacres, el ajedrez, la guerra, la ebriedad, la literatura, el amor, los atardeceres, la calle, Penélope.

No pretende la revelación ser parte de estos ahogos, no hay epifanías que marquen una distancia entre el yo y su entorno, sino un paisaje que entrelaza un todo a su caída, en lugar de la descripción proponen el enfrentamiento, en lugar del ritual proponen la desmitificación; el poema se ofrenda a sí mismo y sus detalles son solo piezas de un extenso tapiz que es la humareda del mundo, templadas allí con la azarosa minucia con que invaden los recuerdos.


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