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15 Ene 2019 / 13:45 pm

 

Al panteísmo se puede llegar de extrañas maneras. Uno se hace una pregunta y la lleva todo el tiempo a donde vaya y algún día la vida se la responde si estás preparado para comprenderla. Tiene aquí el lector un conjunto de poemas panteístas tomados del libro ¨Hilo soñado¨. El cuerpo, la danza, el recuerdo, los pequeños dioses domésticos, los ritos ancestrales, los antepasados, la pareja, la pérdida, el teatro ritual, la herida de la cultura violenta, el yoga, han llevado a su autor a situarse en el límite entre las certezas y las intuiciones. En ese exacto punto medio en que sitúa la línea divisoria es donde empieza la percepción de un universo aún más complejo que el de la vida cotidiana. El autor ha tejido y destejido cada hilo. En el camino ha ido abandonando todo, incluso el nombre. “Nikai Igaido” significa “hilo soñado”. La vida que vivimos es un recuerdo, dicen los taitas de Putumayo en Colombia.

 

Daniel Ferreira

 

 

 

mirada

 

I

ese sueño te penetra,

sólo tienes ese sueño que te escribe,

tu rostro se construye mientras cava.

la muerte ya empezó sobre tu rostro,

no tienes otro camino que migajas.

Escribes.

hermanos que escribieron como tú

cavando desde su esqueleto este silencio

ya se han ido.

 

II

todo lo que has vivido te ha dejado frente a una cara,

medio oculta, que aún pudiera ser la tuya.

(sueñas que los muertos que te hacen no te olvidan,

que el olvido que pronuncia sobre un destino tu presencia

alcance a traerte ante ti mismo,

que te pronuncie sobre el sueño antes de que el laberinto atrape

en vez de ti, algún fantasma).

(con palabras que tienes en tu boca todo el día

intentas señalar algún destino al hombre que conoces

cuando sueñas).

 

III

sólo hay una conversación, la tuya contigo mismo

aunque se vista en diferentes caras.

¿dónde irán tantos a buscar qué en tantas caras?

sólo hay el mismo rostro que desde antes de nacer nos mira

(entraremos lentamente en él,

nos asfixiaremos en nuestra más íntima mortaja).

encuentras cada uno, sales, sueñas que habrá más allá de lo que hubo

y el afán de caminar a algún encuentro

hace que pierdas tal vez lo delicado:

la serenidad del animal que mira

como si no supiera que es otro embajador oculto

de lo que te busca.

 

IV

echas tierra en el rostro que no ha sido,

esperas ser de alguien, sales, invitas esa chica,

ocultas la palabra que sólo se te dará,

alguna vez,

en el silencio.

no te ha dicho nada pero

la rueda y el gran mundo

son un lenguaje silencioso:

todos los caminos te pronuncian,

todas las palabras que caminas son tu cara.

 

V

ocultas la mirada con ceniza

de discursos que nunca saldrán de las cantinas,

tu rostro ha dibujando en cada habitación de la memoria

el mismo sueño

(ah, no haber sido en cada cosa su silencio,

una sombra que alcance a acariciar el mundo.

ser siempre el mismo, construyendo

el laberinto que camina como animal sobre los rostros)

memoria de un conocimiento que fue nuestro,

la Presencia sólo es, y por momentos, su silencio.

 

 

habitaciones de la Casa

(espejo múltiple)

 

1

 

Basavanna

 

adentro del mundo

tengo mi voluntad que ya no espera

—que Shiva oculte mi nombre,

todos los dioses son pequeños,

que Shiva oculte mis ojos

no podré mirar más a mi cara

no tener nada es ocupación de los poetas

e hilar la luna con manos muy pequeñas,

—te vestiré de sombra,

mañana ya no te verán los pájaros,

dormirán en tus manos y no se darán cuenta.

mi señor es, como tú sabes,

«el señor de todos los ríos que se encuentran».

 

2

 

rito

 

las mujeres del rito están desnudas

no tienen pensamientos

que las defiendan de la muerte,

se sirven a sí mismas

desde los altares,

bailan.

afuera las vemos

mientras cubren las paredes del templo

y es la imagen de un Dios que nos expulsa,

estamos alegres.

las mujeres del rito mueren sobre los altares

dejando su piel para que cubramos el mundo.

 

 7

 

un hijo

 

en la casa de papá trabajé

haciendo surcos para el agua

a los terrenos donde el polvo

empieza a crecer como la semilla.

a veces en la tarde me sentaba sobre un tronco

a pensar que en esta casa

no había pasado,

que la noche no llegaba nunca,

que sobre mis hombros descansaba cada cosa,

que mi vida era más bien río

que lleva pequeños salmones

que nacen y mueren

dejando sus hijos más allá de la ribera.

hoy espero en esta noche a que llegue ese viento,

me iluminará la cara y saldremos juntos.

él me llevará tan alto como para ver el mundo;

sabré que en la mano de mi padre

pasé toda mi vida,

que sus ojos eran ese viento de la noche

que en la noche, sobre mi cuerpo,

me cubría.

 

 

raíz

 

atrás el cielo sin paredes

desordenado

sin cifras

abierto

y la mente va uniendo lo diverso

y hace guías.

cuerpo,

mapa donde el lenguaje ha puesto huevos,

leo mis manos que dibujan cielos:

Aldebarán, Júpiter, Casiopea,

también acá, antes, en Esta-tierra nombramos

las estrellas

pero nuestros nombres no le gustaron a la Iglesia...

mis manos son esas mismas que escribieron nombres

que leímos juntos...

adentro como un fluctuar de olas

me habla ese lenguaje que dice nombres

para dibujar lo abierto,

lo escucho no siempre, sólo a veces,

y de mí, tendido sobre tierra mojada de mi cuerpo,

crece una señal que sólo leerá mi hijo.

 

 

cantos de Adán

 

I

nos encuentra la tarde en este tren que se asoma por el mundo

         como el más inocente de los hombres

somos pasajeros que llevan la tarde en los ojos

y ella tira su ancla roja que arrastra el mar

   donde las estrellas son ovejas

   que se ahogan cada noche.

afuera los campos tienen animales que son felices con un pedazo de mundo

esperando que la mañana cubra de leche

la lluvia,

y nosotros, ¿qué esperamos en este tren donde se van los días?

pasamos por el mar

y nuestro tren se hunde en el abismo,

es oscuro y por la ventanilla una luz azul hace tu cara.

—Señor,

afuera la ballena nos acompaña en nuestro viaje, amenazante,

entre cada gota que ahora es sólo una voz entrelazada

y la duda, una postal nueva, que nos envia su piel blanca,

pero es hermoso el valle

cuando viene la luna

y juego con Eva a descubrir el mundo

o cuando ella descanza al lado mio

y me quedo dormido con su imagen

en la hierba.

 

II

 

amanece y tengo sobre mí el pequeño cuerpo de Eva,

sus senos que tienen piel para guardarlos de mi beso,

ahora no es el viento

como cuando se presentaba por la tarde

  llena de pájaros

y era la brisa que acariciaba mi boca

 cuando la nombraba.

Dios es un gato que cubre el universo

yo lo veía en la mañana sentado en el corazón

   del paraíso

      lamiéndose las patas.

ahora estoy viajando

   por un valle diferente

Eva tiene la sangre que me distrae del juego

amanece y tengo sobre mí su cuerpo

por el que siempre se está dispuesto

a perder uno

   o dos paraísos.

 

diluvio II

 

yo te propongo un trato

viejo Noé adorador de ballenas,

constructor de relatos:

nombraré todas las cosas

nada se quedará por fuera...

empezaré a decir montaña,

casa, viento,

y tu recogerás mi boca cuando muera.

 

 

lluvia

 

el juego es arduo, el amor ha conquistado todo un mundo y los devotos lo persiguen; no sabré en quién confiar, él lo ha contaminado todo y no hay hombre o mujer en donde no lo vea ¿a quién dirigiré mis oraciones si el dios que lo protegía todo voló más alto para no contaminarse de su cura?

el amor se acerca, va y viene sobre el mundo, su mirada lo atormenta todo, hace que sea más brillante cada cosa.

(ahora que has llegado ¿a dónde me dirijo, a qué lugar donde tú no hayas estado haciendo que se muevan mis palabras para intentar nombrarte,

tuya, decidida a hacerte ante mis ojos, de agua para recorrer todas las formas?

acercándote a mi nombre me mencionas y trato de alejarme porque otros me han hablado de tu fuerza, pero ahora ya te he visto y mi enemigo crece como lluvia aquí, en este cuerpo.

 

 

 ***

 

 

NIKAI IGAIDO - Nació en Roldanillo, Valle del Cauca, Colombia, en 1985. Cursó la carrera de Estudios literarios en la Universidad Nacional de Colombia. En 2007 la Universidad Nacional en su colección “Viernes de poesía” editó una selección personal de su poesía titulada “La tarde y la montaña”. Se desempeñó como promotor de lectura en Asolectura y Biblored, además de como promotor cultural dirigiendo una fundación en su pueblo natal llamada “Casa Abierta”, y como librero. En 2010 inicia un viaje itinerante de títeres por Latinoamérica que lo lleva a Buenos Aires en donde actualmente vive, estudia títeres en la Universidad Nacional de San Martín, y está vinculado al proyecto editorial “Tierra del sur” editorial cooperativa, auto-gestiva y horizontal, además de animar y participar activamente en las FLIAS (Ferias del libro independiente y auto-gestivas) en argentina.


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