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19 Nov 2018 / 09:45 am

 

Nota selección de Alejandro Cortés González

Algunos conocieron a Rafael Serrano por sus programas de Jazz en U. N. Radio o por ser el bajista de Isidore Ducasse, una de las bandas de jazz blues más destacadas de la escena bogotana. Otros lo conocieron por ser el bajista, vocalista y fundador de la agrupación Nosferatu, Black Metal Experimental, que en marzo del 95 sacó su álbum debut Temblor de cielo, una sinfonía de horror. También hubo quienes lo conocieron como el profesor de literatura que creó una sociedad con los estudiantes para leer poesía y cuentos fantásticos a la salida del colegio.

No hace falta ser un vampiro para que hayan muchas vidas dentro de un solo cuerpo. Desde muy joven, Rafael Serrano se destacó en la literatura y en la música, razón por la cual tendió puentes entre ellos, guiños musicales a L´autremont y a Huidobro, con la constante perspicacia de una criatura que sustrae el elíxir de las cavernas.

Fábrica de agujas, fue primer libro de poesía de Rafael Serrano (Caballo muerto Editores 1995), nos muestra un tránsito oscuro entre lo herético, lo fantástico, lo literario y lo musical; allí están el sueño del barrio, el ardor del suicida y las frecuencias lúgubres de la música, la otra gran pasión de este autor que en 2014 falleció, dejándonos en música y poesía, el legado de sus vampiros.

 

 

 

HACIA BAGDAG

 

Viajan en largas caravanas

a través de la cortina del desierto

bajo el sol,

                        sobre el cadáver

en el viento claro de la tierra

                        donde nadie vive.

 

En tinajas de barro llevan agua.

En cántaros de vino llevan sangre.

 

Así,

como un tropel de arena y de mujeres,

los sueños del poeta van hacia Bagdag

cabalgando en los muslos de la suerte,

del azar, de la desidia.

 

Cuando lleguen no habrá nada.

 

No habrá nada más real

que un par de buitres

merodeando la carne de una estrella.

 

 

ORACIÓN OSCURA DEL BAJISTA

 

Toda mi ilusión está puesta

en este corazón que grita.

La noche logra convertirlo

en jauría;

oscuros ritos lo adormilan como a un héroe

las yerbas lo preparan

en las artes de la guerra.

 

Lo he guardado y vigilado

durante horas

en la noche ultraica que resbala

sobre el patio de armas.

 

Algunos disparan perdigones

o ensanchan la pretina con tambores de revólver,

curtidos en el oficio de los homicidas.

Yo embisto el miedo con este tenebroso temblor.

 

Mis manos sobre este talismán

son un sacrificio y una liturgia.

 

De repente estos latidos

como un trueno avisan:

el cordero ofrecido sobre esta piedra,

aún respira.

 

Oficio el pálpito del trueno,

la noche me secunda.

 

 

MEMORIA DEL CUERPO

 

Este es mi cuerpo y su memoria;

largas caminatas

ceñido al potro de mis piernas

me han llevado hasta el párpado de un buitre.

 

Hondas trepanaciones recorren este cráneo

que sueña con la noche que tienes en los pechos.

 

Mi cuerpo sueña y nunca olvida:

una secta de aguijitas le trepida entre los poros.

Hay una religión en toda su osamenta;

viajo con él como dios en una biblia.

 

Lo dejo en el perchero

para que destile sus gotas de sereno y de cansancio.

 

Sabe del palpitante polvo

que arrastró en su vida de bisonte.

 

Este es mi cuerpo de memoria tricolor.

 

Este es mi exilio estrangulado,

mi salvoconducto

y a veces es, también,

martillo de miel

que se espesa entre sus labios.

 

 

COLOQUEN TRAMPAS AL POEMA

 

Coloquen trampas al poema

cácenlo con balas de plata;

no preparen simples rayos de aluminio

o navaja de hojalata.

 

Si abre la boca,

inmediatamente sofóquenlo con sal

antes que suspire

y si mira con sus ojos de ignominia

muéstrenle un cristo, un crucifijo.

 

Ámenlo también.

Dejen que muerda el cuello

de su universo

y admírenlo

cuando cruce su sarcófago

entre el fuego y la humedad,

cuando lo vean como un murciélago

de alas membranosas.

 

No se sorprendan

si les habla de Esopo o de Heráclito,

de Napoleón o de los Borgia,

pues él se ha escapado de la historia.

 

No crean en la errabunda quiromancia

de los gitanos que lo rondan,

pues ellos mienten como poetas

o como estrellas.

 

Tiéndanle una trampa

a este caballero que evade los arcabuces

y los espejos;

nunca será cazado en su belleza

como un utensilio

de la realeza transilvánica.

 

Les pido, eso sí,

no suspender ajo en el filo de sus palabras.

No entierren una estaca en su corazón

mientras sueña con un cuello de cisne

o una noche eterna.

 

 

NECRONOMICÓN

 

Soñé la voz herética, profunda; una guía gutural y encabritada ahonda el cielo que, abierto y febril, ilumina la cabeza de los que han tocado la extraña signatura del terrible libro.

Siento el menosprecio de los dioses; puedo ahora desatar tormentas o volver nerviosas a las yeguas en las que caen ademanes míos.

Suele ser que el libro está enterrado en tierras santas de conventos y de cementerios benditos y suele ser que logra colmar de insania el buen juicio de quienes pisan la humedecida calidad de dichos predios.

Este libro, acaecido en mitad de la tormenta, resulta evocador dramático de dioses iracundos.

Existen monasterios erectos a favor de fósiles humanos; Necronomicón está engastado por algún lugar, entre la carne de dios.

 

 

BARES

 

Si alguna vez despierto

he de buscarme

en el bar más infinito

y profundo

y me limpiaré la boca de la lama

y sacudiré mi cabello del polvo

y contaré mis huesos

por si no me han saqueado.

 

Si alguna vez despierto

has de buscarme

en el bar más angustioso

y correremos juntos

-sin ningún pretexto-

por las praderas de este mundo

tan checoslovaco

como nosotros mismos.

 

 

GEOGRAFÍA DE CIEGOS

 

En los libros de geografía

suele obscurecer más a prisa.

Pienso en el país que los ciegos

observan en esas montañas “braille”

y en los héroes bizantinos

calcados desde la piedra de su corazón.

 

Los Alpes suizos se fabrican

con una regla de hielo.

Los vientos alisios son

-en realidad- el beso de una mujer.

 

Ávidos en imaginar la luz

o el agua verde de los ríos,

chapotean en dos o tres líneas

y es plano el mundo

cuando desemboca el cauce

en la orilla de las páginas.

Sueñan con conocer

la boca dentada del mar Báltico

 

Transidos en el libro muerto,

los ciegos perdonan el silencio de los bosques

con sus dedos desgastados.

De sus revelaciones

ha crecido el tallo de la espera

hasta ser testigos

-en el retorno del silencio-

de la zigzagueante soledad del poeta

en la ciudad de sus sueños.

 

 

RETRATO DEL SUICIDA

 

Vincent Van Gogh

no nació en una ciudad

que se debata entre sombras de otras ciudades

-entre ruinas solares de otras ciudades-

confundiendo el correteo de los gatos y los ratones

con los asaltantes y sus cuchillos,

como la mayoría de nosotros.

 

Vincent Van Gogh

Nació en el humo de “Las chimeneas” de 1.890;

En rededor suyo fumarolas

En rededor suyo un planeta al que llamamos sol.

 

Dicen que Van Gogh tenía siempre

una ballena azul en el bolsillo

y una puesta de sol

quién sabe dónde.

 

Dicen que corto una parte de su oreja

por amor a una muchacha que no escuchaba.

 

Dicen muchas cosas.

 

Lo que nadie a dicho todavía

es que a Van Gogh

lo acecha una legión de hombres

para prenderle fuego

con antorchas pintadas por él mismo.

 

Lo asedian también la soledad

y unos girasoles que crecen en su mentón,

cada mañana,

mientras intenta repasar (con una navaja sin filo)

los rayos de sol que crecen en su rostro de suicida.

 

 

FÁBRICA DE AGUJAS

 

Quienes fabrican agujas

suelen dormir

en el filo azul de los relámpagos;

la noche se agita en su cabeza

con el brío de mil potros

de ennegrecido corazón.

 

Dioses iracundos

golpetean con martillos y cinceles,

el sexo de Afrodita

y en este goce

el rayo salta

desde oscuro frenesí.

 

Siento la presencia

de muchachas sudorosas

entrando a la oscuridad

de pestíferas alcobas,

cansadas por el tedio del trabajo.

Hombres que desisten de la fe

y ensombrecidos ángeles prevaricadores,

resulten cediendo paso

al caballo de la muerte.

 

Los comedores de opio

comienzan a soñar

con extraviados herbazales.

 

Y la fábrica de agujas

suena

su silbato tenebroso.

 

 

 

**

 

 

RAFAEL SERRANO: Bogotá, (1970 – 2014). En 1997 fue miembro fundador del grupo “Generación del 98” de la que hicieron parte, entre muchos otros, Federico Díaz-Granados, Sandra Uribe, Andrea Cote y Fernando Denis. En 1995 publicó su libro Fábrica de agujas (Caballo Muerto Editores) y en 1999 fue editor de la Revista de poesía ULRIKA. Ganador del “Premio Nacional de Poesía Universidad del Norte” (Barranquilla, 1990) y finalista del Concurso Nacional de Poesía “Mejor Poema a Bogotá” (Caracol, Casa de Poesía Silva, 1988). Bajo heterónimo ganó el Concurso Nacional de Poesía “Descanse en Paz la Guerra” en 2003 y en 2009 publicó Un libro de vampiros en formato digital.

Publicaron poemas suyos las revistas Golpe de dados y Puesto de combate. Fue reseñado en el directorio de poetas colombianos del maestro Rogelio Echavarría Quién es quién en la poesía colombiana y en la antología del poeta Guillermo Martínez González El vuelo diabólico.

Como músico, fue bajista y líder de dos diferentes proyectos de trascendencia nacional e internacional: a comienzo de los noventas, el EP Temblor de cielo de la agrupación Nosferatu; e iniciando el año 2000, el álbum Cierra la puerta de la agrupación Isidore Ducasse Jazz Blues Band.

Periodista de profesión. Su pasión por el jazz lo llevó a ser realizador radial de los programas “Otras Latitudes”, “Tránsitos y transiciones” y “Jazz la hora”.

 


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