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14 Jul 2016 / 00:08 am

 

Por Jorge Luis Bustamante Alvarez

 

 

A mi juicio existen dos tipos de libros de poesía: los que están llenos de artilugios lingüísticos, que hacen de los simple un oficio mal visto, un defecto de la realidad, esos libros que hacen que el asombro quede únicamente en el que será lo que quiso decir cayendo en el vicio de la incomprensión. Por otro lado están los libros de poesía que se sorprenden a sí mismos, aquellos que el lector siente que emanan una especie de halo cómplice que invita ser descubierto, que llevan consigo una parte de la realidad, una estrategia para mirar el mundo desde otros ojos. De los segundos es este libro de Xavier Oquendo.

En este manual el autor ingresa en el mundo desterrado de la espera, lo desconocido, lo real, lo que angustia. Parece ser que este concepto es una trampa en el lenguaje de la vida cotidiana, después de la espera no queda nada, ya que esta es posibilidad, acción continua de cambio constante. El ser pertenece al pasado, el presente es una ilusión de esta trampa verbal. Nos dice el poeta:

 

Solo se es en el pasado

Porque el presente es la hoja que espera algo

Que hace el cambio.

 

La voz poética se adueña de la espera haciéndola sujeto y deseo. Por otro lado la quietud de la misma es la fuerza de gravedad que absorbe al poema y al poeta en un instante con paciencia de árbol. En este libro la palabra espera nos remite a una especie de fantasma, de angustia, el poeta sabe que esta es la palabra precisa, la verdadera condena nuestra y del mundo, la realidad que va más allá del lenguaje, que no es solo árbol, luna, ciudad o dolor.

Lo que puede ser, es la espera, lo que aún no se encuentra constituido, lo incierto, lo desconocido y sin embargo lo único que existe. Al transitar por el libro de Xavier Oquendo lo conceptos mencionados van tomando forma de abanico  en el pensamiento del lector, los poros se vuelven cómplices de la sensación de lo inquietantemente familiar. Esta relación con lo siniestro, con lo oscuro que espera ser nombrado.

Este libro se encuentra en estrecha relación con lo que no se reconoce, con lo cerrado. Sin embargo el autor sabe que poesía, como dijo García Lorca, es hacer posible lo imposible.

Todos hemos esperado en ciertos momentos pero ¿Quién ha sido espera alguna vez? Este libro de Xavier Oquendo nos invita a ser espera, a sernos invención constante en el instante de la duda, del tiempo. La fijeza es siempre momentánea, todo es continua dialéctica, en la quietud está el movimiento de las cosas, las cosas están siempre a expensas del ser cuando el lenguaje las bordea, la espera, en cambio, es el ser de nosotros y de este infinito poema.

El poeta busca, como diría Gelman, que el viaje al poema sea más importante que el poema en sí mismo, es decir que el lector sea el eterno cómplice del poema, este libro de Xavier Oquendo llega como punzada al alma, como agua necesaria después de la sequía, como llegan las palabras a conquistar el dolor y la incertidumbre.

Así que:

 

A esperar amigos, cómplices, panitas,

Ñaños, cuates, sombras mías.

 

La espera siempre es la acción que siga a la palabra. El instante que queda después de la fotografía. Al final de este libro lo que nos queda es la espera. Gracias maestro.

Ni más ni menos.

 

 

MANUAL PARA EL QUE ESPERA

(FRAGMENTOS)

 

 

Xavier Oquendo Troncoso

 

 

 

Son tristes los ojos del hombre que espera

 

Luis Eduardo Aute

 

 

2

 

Soy la espera

que se asienta en el campo,

en el viento que no se mueve,

en las calles sonoras que no fluyen.

 

 

 

4

 

Soy la espera del agua

que no llega al mar sino evaporada.

Una lluvia lejana

que nadie la ve,

que nadie la siente

            ni el pez que espera

la migrante caminata salada

con su astucia de sofisticada ola.

 

 

6

 

Estuve rondando una cuantas cuadras de casas.

Estuve podando algunos corazones,

algunas habitaciones repletas de algas azules

donde crecen los insomnios color hormiga.

 

 

7

 

Soy la espera del árbol

que no recuerda el tiempo de semilla

ni de raíz

ni de madera

ni de gusano de madera.

Ni ese piso de vieja casona que croa

                        que cruje

                                   que llora.

Ni esa rama que cae

con el fruto pesado.

Ni esa ausencia de árbol podado

ni esta angustia de árbol poblado

ni esta ansiedad de árbol doblado

                         de árbol quemado

de fuego heraclitiano

de fuego robado al fuego primigenio

que espera al pensamiento

para que pueda verse luminoso.

 

 

13

 

La espera me hace sudar el tiempo

                                               y los momentos

como un dios

tras la transformación de la nada

o como Luzbel

tras el faro de su destierro.

 

Así es el tiempo que uno tiene:

entre la velocidad de la luz

y su concepto.

 

 

15

 

Estoy tras la sombra de la espera.

 

Estoy en el camino azul de los gorriones

manchando lo que no se ha movido,

lo que no ha sido intervenido,

lo que no ha mutado,

lo que está en natural estado.

 

 

16

 

En el desierto

espera la cobija eterna de la arena,

el viento bullicioso que crea la duna

y que deja en estado de espera

a cualquier piedra

que tenga forma de roca.

 

 

20

 

Soy la espera del reloj parado,

aquel al que se le cayó la cuerda

y se ahorcó con ella

cuando la soga del tiempo

no había caído en cuenta

que la espera estaba condenada

a ser solo dolor

            solo amor

 

 

21

 

Solo el mar que espera las manos infinitas.

Solo el sabor audible de la tierra,

cuando ingresa un temblor

llega puntual.

 

 

26

 

Soy la arena ansiosa

que espera a la ola deformada

para que se resuma en la espuma.

 

 

27

 

Soy la flor que se cayó en otoño

de tanto esperar una primavera puntual.

 

 

28

 

Soy ese pétalo rugoso y destartalado

que no ha podido desprenderse

de la espera de su corola.

 

 

29

 

Soy el río que desespera

porque su cauce se cansó de ser

                                               de estar

y de ver su finitud

                        su soledad seca

                                   su dolor de piedra.

 

 

35

 

Soy aquella otra persona

que ama esperar

y no disipa su deseo.

 

Todo llega en plan de punto.

Todo está allí

para que suba su mano

hacia el manzano

que tiene colgando su fruto

como una esperanza.

Y si no quiere manzanas

querrá el corazón de una sandía

o el olor de una guayaba

o el sabor de una mandarina

que se expande en amarillo.

 

 

36

 

La espera no espera esperar

porque la roca donde edificarán su pirámide

está allí desde años.

Desde que alguien

-en algún salón nupcial-

le regaló sin desesperación

la voluta de su corazón

para que el amor explote

para que el volcán explote anticipadamente.

Sin esperar.

 

 

39

 

Ya no te espero luna ciega.

Ya estás descubierta,

                        pisoteada por la historia.

 

 

40

 

Ya no te espero

cuerpo de sol ni noche de cuerpo.

 

 

41

 

Ya no te espero

                                   Puerto roto

                                               nave olvidada

                                                           alfombra picada.

 

 

42

 

Ya no te espero        cosa que hablas

                                   cosa que eres palabra

                                    cosa que eres planta

                                   cosa animal

                                   vegetal de cosa

                                   resina de cosa

                                   cosa azul

                                   ruptura de cosa.

 

 

43

 

Ya no te espero        alunado momento

                                   enredadera podada en seco

                                   manta de virgen olvidada.

 

 

44

 

Ya no te alcanzo a ver         espuela de caballo clavada en jinete

                                   rueda de sombra sobre la pared

                                   alcancía romana

                                   camino griego

                                   isla desierta.

 

 

45

 

Ya no te veo              por la cerradura de la puerta

                                   por el hueco del voyerista

                                   por la voz movida

                                   por el mundo.

 

 

48

 

¿En dónde me romperé el cuerpo

de tanto esperar conocer los huesos?

 

 

49

 

Ya espero      cosa espesa

                        sendero de cosa que se escapa

 

Ya espero      camino de la rosa para ser flor con aroma

                                               y marchitarse hasta el mal olor.

 

Ya espero      marinadas e ilesas aguas de mar

                        que me da la ola y no el tsunami que no es predecible.         

 

 

50

 

Ya te espero              rana albina

                                               Roma moderna

                                                           remo salado

                                                                       risa sagrada.

 

Ya te espero              sueño molido

                                               zona dolida

                                                           cima virginal.                      

 

 

51

 

Ya no sé dónde se rompen el muro y el mar

al mismo tiempo.

 

 

53

 

Ah espera. Ya no, por favor,

            hipotenusa

            ángulo rectángulo

            algebra de abecedario

            física cuántica herida.

Ya no, Espera.

Ni a tu sangre esperada la espero.

Ni a la cruz,

ni a la herida de látigo la espero.

Ni al lavamanos de Pilatos,

ni a la fiesta de Herodes la espero.

 

 

54

 

Ya espero      esa palabra de perro

                        esa palabra de alcoba

                        esa palabra de plaga           ya espero.

 

Ya espero      la ciudad que te viene

                        la ciudad que te va

                        la ciudad que te mata         ya espero.

 

 

***

 

 

XAVIER OQUENDO TRONCOSO (Ambato-Ecuador, 1972). Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Ha publicado los libros de poesía: Guionizando poematográficamente (1993); Detrás de la vereda de los autos (1994); Calendariamente poesía (1995); El (An)verso de las esquinas (1996); Después de la caza (1998); La Conquista del Agua (2001), Esto fuimos en la felicidad (2009), Solos (2011), Lo que aire es (Colombia, Buenos Aires,  Granada, 2014) y Manual para el que espera (2015) y los libros recopilatorios de su obra poética:  Salvados del naufragio (poesía 1990-2005), Alforja de caza (México, 2012), Piel de náufrago (Bogota, 2012), Mar inconcluso (México, 2014), Últimos cuadernos (Guadalajara, 2015) y El fuego azul de los inviernos (Italia, 2016); un libro de cuentos: Desterrado de palabra (2000); una novela infantil: El mar se llama Julia (2002), así como las antologías: Ciudad en Verso (Antología de nuevos poetas ecuatorianos, Quito, 2002); Antología de la poesía ecuatoriana contemporánea –De César Dávila Andrade a nuestros días- (México, 2011), Poetas ecuatorianos -20 del XX- (México, 2012). Su libro Solos fue integramente traducido al italiano por Alessio Brandolini (Roma, 2015). Fue seleccionado entre los 40 poetas más influyentes de la lengua castellana en “El canon abierto”, Antología publicada por Editorial Visor, en España (40 poetas en español -1965-1980-). Organizador del Encuentro internacional de poetas “Poesía en paralelo cero”. Es director y editor de la firma editorial ELANGEL Editor. Parte de su poesía ha sido traducida al italiano, francés, inglés y portugués.

 


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