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19 Dic 2013 / 10:06 am

 

 

Nota y selección por Henry Alexander Gómez

 
 

Dos voces, un tanto distintas, sacuden los dos libros publicados por la poeta argentina Soledad Castresana. En Selección natural la brevedad hace su canto. Son poemas sencillos que hacen de lo leve una luminiscencia que encierra toda la poesía en un instante. Lacónica y punzante, nos desborda su palabra en dos o tres versos. Hay una manera de mirar, un talante para rastrear oscuros secretos.

En Carneada su lenguaje es más desgarrado. La poesía, como la carne, se corta para abrir y ver lo que se guarda en el puro adentro. Existe un tono que se desangra a cada vocablo, un léxico que se prepara y se adoba con sigilo para ofrecer una dentellada perfecta.

Luego de su participación en Bogotá, en el V festival de Poesía y Narrativa Ojo en la tinta, presentamos una selección de poemas de sus dos libros publicados hasta el momento:

 
 
 

De Selección natural (2011)

 
 
 

PIEDRA
 
Aún
lo que no tiene conciencia
puede hacer sombra.

 
 

TORMENTA
 
Una vena de luz
desteje la noche.
 
Se inquietan los árboles.

 
 

EL JUGADOR
 
La caída de un dado
puede causar
un eclipse de sol.

 
 

LA BAILARINA
 
Algunos cuerpos son
el vértigo del aire.

 
 

PESCADOR CON MOSCA
 
Imitar es un arte
engañar,
un artificio.
 
La diferencia
entre el señuelo
y la carnada

 
 

EL SUPLICANTE
 
Que el cielo
se canse de mí
y caiga.

 
 

MANTA RAYA
 
Si fuera pájaro
nadaría.
 
El mar
descansa en el aire.

 
 
 

De Carneada (2007)

 
 
 

I
Mi sexo mandaba señales a los sentidos
a mis espaldas mi sexo
rebalsaba a los costados.
Yo frotaba las muñecas entre sí.
Orgías de peluches.
Los caballos copulaban como los perros
y los novillos montaban novillos
para mirar más lejos.
Parece que desde corral
no se ve hacia afuera.
Los eucaliptos se restregaban
contra los hongos contra los musgos.
Las violetas rastreras,
contra la puerta de la capilla.
Las campanas sonaban
a sexo a mis ojos.
Entrábamos en puntas de pie
para que el cristo
desnudo en la cruz
no levantara los ojos.

 
 

II
Terneros, temblores y gritos,
sangre entre las patas,
tachos rebosantes,
nostalgia seminal.
Las venas se volvían más violetas con la noche.
En la cena había huevos de ternero.
Todos comían con avidez.
La potencia animal los animaba.
Todos estaban hambrientos.
Yo prefería los corderos.
Orgías de balidos y peluche.

 
 

III
Crin Dorada cerró el relincho
en el pecho erecto, las patas cortas,
los vasos salvajes. La polvareda
sobre peones y chicos y moscas.
Con la furia del grito trabado
en las espumas de la boca
—garganta que no sabía frenar—
se tragó sus huevos y corrió.
Alambrados, pastos puna, osamentas.
El galope maldecía los filos y las manos.
Mi sexo fosforescía a los cuatro vientos.
Yo pensaba en Crin Dorada. Soñaba montarlo.

 
 

AMANECER
 
hay que revolver la sangre
en cruz
con una cuchilla
sin parar
mientras esté vivo
el cuero es duro
es dura la grasa
es duro atravesar
clavar hondo
¿quién que ha sido capado
puede soportar sin cagarse
ver la propia sangre
llenando una olla?
el último signo vital
se registra en el ano
mientras tanto el agua
hierve en los tachos
hay que sacar los coágulos
con las manos
hay que tirarlos contra un árbol
para las gallinas
para alimentar la rapacidad
de las crías de chimangos
el susurro del filo
raspa el cuero hirviendo
el pelo cae se apelotona
con la sangraza
el hombre que abre
despliega su precisión
como si midiera su miembro
el filo es la forma de la mano
el corte convierte
al cerdo en mariposa
la sierra divide
movidas por el reflejo las entrañas
 
crujen como si vivieran
sobre la carretilla
catarata de vísceras y caldos
hay que lavar las tripas
hay que escurrir
borrar los restos
las gallinas enfrentan
la saliva de los perros
no distinguen lo fresco
de lo digerido
mientras tanto la cabeza
hierve en los tachos
sin ojos
el aire congela el olfato
el frío limpia
el cerebro de un cerdo cabe
en la mano de un niño de 8 años

 
 

UN ENTIERRO
 
todas las noches
encerrábamos a los charitos
en el gallinero
una mañana cedió el tejido
y un revoltijo de plumas
se nos pegó a los ojos
en el patio de la capilla
enterramos los huesos
las patas los picos
hicimos guirnaldas de flores
sobre las tumbas
clavamos cruces
de varillas y alambre
las manos cubiertas de ampollas
rezamos
lloramos
más tarde sacamos las cruces
y las usamos de espadas

 
 

TÓTEM
 
el sol exprime las sombras
un niño acecha
entre los pliegues del bosque
por el tajo que le abre el costado
respira una liebre
le quema la carne debajo del cuero
hay que curar
para siempre
al que sufre
cada golpe retuerce
cada músculo
contraído
se estira
arden las axilas
la espalda se moja
un susurro de gusanos
sacude las raíces del pasto
el hocico se dilata
pero el aire ahoga
cuando la sangre
invierte el camino y se ensucia
queda la piel empapada
la carne molida debajo del cuero
el niño deja el palo
corre a la laguna
se esconde del sol
como del ojo de la siesta

 
 
 

DE LEJOS
 
donde los troncos
cambian a ceniza
se sostiene la ronda
una chispa es el origen
del equilibrio
pero alguien
lanza al aire un desafío
y otro
invade el centro
se inclina sobre la luz
que le cierra la frente
todo cabe en el fuego
todo toma su forma
los dedos
la piel del brazo
penetran las llamas
arde el miedo
de lejos
se huele la mano
un silencio enorme
abre los rostros
después del grito
el horizonte se revuelve
ahoga al viento
espanta a los animales del aire
huyen los que pueden correr
y se comprime el cielo como un pozo
solos
en medio de la noche
sin caballos

 
 
 

Soledad Castresana nació en la provincia de La Pampa (Argentina). Es licenciada en Letras. Fue varios años docente universitaria, investigadora y profesora de Español como Lengua Extranjera. También trabajó como correctora de textos para distintas editoriales. Coordinó talleres de escritura creativa individuales y grupales. Formó parte de la editorial de poesía Curandera.

Publicó los libros de poemas Carneada (Alción, 2007) y Selección natural(Fondo Editorial Pampeano, 2011). Este último fue elegido para su publicación en la convocatoria provincial que organiza la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa.

Poemas suyos fueron publicados en las antologías Poetas argentinas (1961-1980) (Ediciones del Dock, 2007), Última poesía argentina (Ediciones en Danza, 2008) y Un libro oscuro (Bajo la luna, 2011).

Su tercer libro de poemas, Contra la locura, está inédito.

 

 


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