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09 Dic 2020 / 14:22 pm

 

Un salto blanco a la página en blanco


Paracaidistas de Checoslovaquia de Eduardo Bechara Navratilova,
Editorial Escarabajo, Bogotá, 2020.

Hoy leí Paracaidistas de Checoslovaquia de un solo trago, sin pausa. La historia me atrapó de tal modo que no quería perder el hilo de los sucesos. La contraportada de Freddy Yezzed advertía que no era un texto convencional, que no iba a ser “del gusto de la ortodoxia de la poesía colombiana”. Quise probar qué tan ortodoxo era mi criterio o mi disgusto. El tema histórico me llamaba con fuerza. El listado de personajes en cada uno de los capítulos me preparó para una obra de teatro. El odiado personaje inicial me hizo estremecer. Su parlamento irónico anticipó lo que venía. ¿Bufón o demonio? Las dos cosas. No sé nada (no sabía nada) sobre los detalles de este capítulo de la historia sobre la invasión de los alemanes a Checoslovaquia. Pero cada texto en su brevedad, en su síntesis, me permitió conocer, sentir, ver, oler… Los lugares se abren, los personajes se perfilan, el tiempo se despliega. El coro es una voz abstracta, plural, que acompaña, observa, maldice, llora, lamenta…

La historia de “Los tres reyes” me pincha el corazón. ¿Cómo es posible referirse a las “técnicas de tortura” de este modo?

 

Láncenle manzanas contra el cuerpo. Que Balabán se pudra en su caparazón, que se vaya volviendo una masa amorfa, que nos pida misericordia desde el fondo de sus pies.

También dejaré un trozo de mi amor en tu recuerdo.

 

A medida que se avanza en la historia, se siente el dolor, la crueldad, la ignominia, la impotencia. Pero viene el resarcimiento, el alivio momentáneo para el lector: la resistencia. Que sople el viento, que los paracaidistas logren su objetivo, que el dolor tenga una pausa:

 

Saltar al vacío en medio de la neblina; salto blanco a la página en blanco.

 

Como bálsamo también fugaz, apenas como un destello en la negrura, llega el amor con su “baile de los cisnes”, con su “vuelo de violines”. Súbitamente tenemos que dar el salto, vemos los halcones en la oscuridad, estamos frente al vacío y “afuera nace un hoyo negro”. Caer sobre bosques de pino, destrozarse la piel, llevar un nombre apretado en la boca. Aquí se me atraviesan los versos de Miguel Hernández:

 

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes…

 

La tragedia, la ruptura del corazón. Hana, huérfana de una fábula, su madre “enferma de abandono”. Final triste, triste…

Enorme reto para la poesía que todo lo toca, que todo lo cuenta, que todo lo transforma. Y contra el escepticismo, contra la ortodoxia, versos como estos se encuentran dispersos, en cada trecho, a lo largo del relato:

 

…tus gentes se irán volviendo gárgolas, sueños, lámparas de cristal.

Checoslovaquia se convierte en un recuerdo de un recuerdo de un recuerdo.

Respiremos una palabra a la vez, sin aventurarnos a una ráfaga de sílabas.

Un tañido de campanas a lo lejos hace temblar las ciruelas bajo el sol.

Lánzate al fondo de la noche, invade la negrura en salto libre, naufraga en el aire.

Te cuido como una hija y te acaricio como una pérdida.


Se llega al final con el deseo de seguir. Viene entonces la “nota aclaratoria del autor” que en el afán de ser fiel con los hechos reales, de ser sincero con el lector, despliega un viento frío que corta de manera tajante la verosimilitud del relato. Los datos biográficos que se presentan son accesorios. Se cierra el telón, se acaba la magia y surge el director para decirnos que la trama, que la aventura del personaje no es del todo cierta. ¿Es necesario? Si la literatura “nos da la posibilidad de fantasear”, de imaginar y construir un Karel Navrátil, fiel a la memoria de la sangre y el corazón, en este caso, al capricho y al deseo del autor; como lectores no necesitamos descubrir al personaje “real”. No queremos que se le quite la máscara, que sea desnudado delante de nuestros ojos, pues ya lo hemos investido de otros atributos y otras historias con nuestra propia imaginación, con nuestro propio deseo.

La literatura, la ficción y la poesía son verdaderas en sí mismas, no necesitan certificado de autenticidad o archivos de datos que las respalden. Por el contrario, la ficción añade relatos, completa la realidad.

Paracaidistas de Checoslovaquia es una obra audaz que logra conjugar la narración teatral con la poesía, haciendo posible que hechos históricos de tal trascendencia se sinteticen en imágenes y expresiones verbales que conmocionan. El arrojo del paracaidista que se lanza al vacío y a la oscuridad es semejante al del autor cuando arriesga todo al crear esta mixtura que rompe con los géneros. Eduardo Bechara Navratilova da un “salto blanco a la página en blanco” y logra caer en el corazón del lector.

Luz Helena Cordero Villamizar
Noviembre de 2020

 


Poemas de Paracaidistas de Checoslovaquia

 

 

 


EL FÜHRER: OJOS SOBRE CHECOSLOVAQUIA

Quiero el poder. Quiero a Austria. Quiero a Checoslovaquia. Quiero los pies blancos de una bailarina; quiero a los ojos negros de mi perro. Quiero el jardín de flores luminosas, el verdor de la madrugada, a Europa entera unida a mis pies. Quiero los Sudetes, el hilo eslavo en la sangre de Alemania.
Una excusa, una que pinte de negro las paredes: el pobre nivel de vida en los ojos de un reflejo.
Konrad Henlein ven a mí, tu Führer, Alemania exige a Checoslovaquia autonomía para esas tierras de lomas cristalinas.
Francia, Inglaterra, cachorros del miedo, le pedirán a Beneš aceptar. Beneš tiene ojos de agua, y en su dulzura caerá también su pueblo. ¡Muevan al ejército! Ordeno, y te firmo esta directiva: guerra secreta contra Checoslovaquia.
Pase lo que pase, la tomaremos por sorpresa, pasé lo que pasé, la tragaremos, sapo que engulle al hermano.
Ven aquí, mi hermoso Blondi, quiero darte una caricia redonda. Tú respondes a mis comandos. El resto de humanos son la corriente de nuestro Elba.


CANTA EL CORO:

Una chispa. Cualquier excusa. La pelea sobre la mesa; juego de cartas. En la pelea todos pierden, aunque alguien gane; en la pelea afloran los instintos más mezquinos, los instintos más humanos.

 

 

 

 

RESISTENCIA CHECOSLOVACA:
GRITOS ANTES DE MORIR


Reina la caída; la muerte nos hace grandes; en la ausencia el pájaro de la noche reivindica el temblor; sin el miedo nos hacemos poderosos; con nuestro valor le cantamos al mundo; gritamos: somos dueños de nuestras ciruelas y la vida existe entre las grietas.
Un aullido es una adoración, un refugio, una tumba. En nuestro mundo florecen los gajos de las manzanas podridas.


CANTA EL CORO:

En el ascenso de toda águila hay una caída estrepitosa.

 

 

 

 

TENIENTE CORONEL JOSEF BALABÁN: AGUANTAR DESDE LA COMISURA DE LOS LABIOS


Me fortalece el silencio. No diré una palabra así los chillidos me levanten de esta camilla de moribundo.
Mientras más duela el punzón, mientras más me pince la tenaza y menos dientes tenga, seré más ligero en la borrasca que me aleja.
Estos carniceros llevan en su mirada la ruina de la especie.


CANTA EL CORO:

En medio del dolor crece la hierba frente a la laguna.

 

 

 

 

 

CAPITÁN KAREL NAVRÁTIL: SALTO A LA DIGNIDAD


Te llevo aquí conmigo, Checoslovaquia, en el fluir de mis venas aceleradas, en la sonrisa de Hana y en la de todos nuestros huérfanos.
Soy éste que se prepara para afrontar la caída, el que lleva el pulso de los perros que le ladran a la noche, el que palpita hacia la nada.
Con una caída comienza un nuevo despertar, un hombre encuentra el camino para volver a su patria, un padre reclama el brillo en el rostro de su hija.
A la puerta me acerco. Agujas de frío punzan mi carne. Espero el momento, oigo la orden y me entrego a los primeros ojos puestos a lo negro, el vacío de las palabras, el primer golpe, el primer aterrizaje a la punta de los pinos y el primer descender de un árbol que lleva la voz de nuestras mujeres.
Doy pasos sobre el colchón de acículas. Aquí vengo, Checoslovaquia, aquí vengo Vladislav y František, hermanos míos.
Hana de ojos miel, te vislumbro en el reflejo de la madrugada.


CANTA EL CORO:

Todo vuelo inicial marca un punto de partida y un camino zigzaguente.

 

 

 

 

 

MILADA NAVRÁTILOVÁ: SANGRAN DELIRIOS DESDE PRAGA


Te mostraré los ojos, hija mía, mis manos humedecidas, este rostro herido que cargo como fantasma.
Es Milada, tu madre, te hablo desde el silencio que se impone en las paredes de este sanatorio. Praga es una mujer de ojos celestes que también llora. Aparte de tu ausencia, sufro la vejación de doctores que sacan de adentro sus perros muertos en época de guerra.
Ni te imaginas mi presente. Habito un cuerpo que sigue siendo mío, mas las miradas parecen ahora tener vida propia. Mis palabras no son el río de la infancia, el eco de la juventud, los bosques llenos de champiñones ni las praderas sobre las que dancé.
Ahora nadie parece entender que un rayo de luz se perdió al interior de mi cuerpo, que lloro el mutismo de tu padre, el aire hunde alfileres en mi piel al pensar en su abandono.
La barbarie se aproximó a nuestro jardín justo cuando florecían los crisantemos.
Las mejores fotografías de mi vida son ahora un carrusel que desciende. Me lleva al fondo de esta tierra donde he podido ver las vetas de la piedra, esa huella que vamos dejando sobre la corteza, tus ojos.
Me imagino besando a Karel de nuevo, con tu canto de niña alegre junto a nuestra cama. Sueño que te cantamos: hija, algún día serás anciana. Cierra los ojos, Hana, con la yema de tus dedos toca mi nariz, toca mis labios suaves, huele mi cabello, las glicerinas de las manzanas con las que me bañó mi abuela. Pon tu oreja sobre mi vientre. Aún no has salido de mi cuerpo.


CANTA EL CORO:

En todo encuentro hay dos ramos de flores recién cortadas.

 

 

 

 

 

Eduardo Bechara Navratilova (Bogotá, 1972). Estudió Derecho y Literatura en la Universidad de Los Andes, Bogotá, y tiene una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Temple, Filadelfia, EEUU, donde fue profesor de Escritura Creativa (Creative Writing) y Escritura de Negocios (Business Writing) en 2009 y 2010. Novelas publicadas: “La novia del torero” (2002), Editorial La Serpiente Emplumada, “Unos duermen, otros no” (2006), y “El juego de María” (2015), Editorial Escarabajo. “Las maravillas de Alicia” (2017), Editorial Escarabajo, es su primer libro de cuentos y “Paracaidistas de Checoslovaquia” (2020), Nueva York Poetry Press su último libro de poesía.  Antologías publicadas: “Breve tratado del viento sur – antología poética de la Patagonia argentina”, (2018); “La vida es bella – antología poética de cine (2019); y, “Yo vengo a ofrecer mi poema – antología de resistencia”, (2020), Editorial Escarabajo Colombia en coedición con Abisinia Editorial de Buenos Aires, Argentina En 2016 fue galardonado con el premio Andres Bello, por la Fundación Andrés Bello con sede Madrid, España, por su obra narrativa completa. Desde enero de 2013 se encuentra realizando un viaje continental por Sur América en desarrollo del proyecto En busca de poetas, con el objeto de descubrir poetas editados e inéditos, documentarlos y publicar antologías de poesía suramericana por países y regiones.  Eduardo es editor de Escarabajo Editorial, dicta talleres de narrativa y poesía, es bloguero de El Tiempo, conferencista y colaborador de diarios y revistas literarias.

 


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