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05 Sep 2014 / 09:18 am

Nicolás Suescún, retrato de Mariela Agudelo

 

Por Hellman Pardo

Más que merecido el homenaje que se le brinda a Nicolás Suescún, en el marco del Festival Las Líneas de su mano 7, celebrado en el Colegio Gimnasio Moderno, en Bogotá. Traductor y poeta, ha mantenido siempre una obra callada y sigilosa, así como las puertas y las ventanas que cierran y abren su escritura.

 

LA PUERTA

 
Tengo sueño. Siempre sueño
que despierto, que veo mejor.
Me hallaba en el terminal marítimo
cuando un terremoto destruyó
la ciudad y toda la república.
A eso debo mi vida,
a mi pasión por el agua,
por su música,
por la sinfonía eterna del mar.
Años llevo desde entonces
recorriendo el mundo
y aquí estoy, ante la puerta.
Toda puerta, pienso,
para que sea de verdad una puerta
debe estar cerrada,
de lo contrario es un agujero
necesario para que pueda yo
pasar al otro lado.
Esto no lo dice la ciencia
sino el Tao
que es el camino
entre el vacío y la plenitud,
sabiduría milenaria
que dice que el cuarto
tampoco sirve para nada
si no tiene puerta,
es decir,
que el vacío del cuarto
es útil y es un cuarto
por el vacío que le es propio,
y el de la puerta
—y las ventanas.

Nicolás Suescún


Fundación La Raíz Invertida
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