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27 Jun 2020 / 09:28 am

 

Nota y selección por Piero De Vicari 

 

 

Íntimamente ligada a sus entornos, la poesía de Homero Carvalho Oliva (Beni, Bolivia,1957) nos acerca a esa otredad que fluye en sus versos con la identidad de lo próximo. Su palabra es búsqueda, pero también inquisición, reflexión y testimonio, un hueso que roe la profundidad del ser para ligarse (y re-ligarse) a un paisaje que lo reconoce como parte, nunca aislado espectador. Desde esa perspectiva, su obra jalona alumbramientos y lo ubican, sin ninguna duda, entre los mejores poetas bolivianos de hoy, fiel representante de una poesía latinoamericana que promueve mojones como señales imperecederas. En esta pequeña “Vidriera” que hemos preparado para LA RAÍZ INVERTIDA, podrán disfrutar del sesgo particular de su arte poética. Pasen y lean, que los ojos se inunden de luz.

 

 

 

 

 LEYENDA

 

En mi pueblo

los peces viven

en los ojos de los pájaros;

cuando tienen hambre

van a la laguna y lagrimean,

cada lágrima contiene un pez;

luego juegan a pescarlos.

 

(Reconstrucción del vuelo)

 

 

 

 

¿Quieres escribir un poema?

No esperes que una musa te embarace,

piénsalo, suéñalo, concíbelo;

siéntelo crecer en tu vientre,

y, cuando sus torpes movimientos

te cojan de sorpresa

en el micro

o mientras lees tus mensajes,

acarícialo, reconócelo,

que sepa estás ahí para él.

Hazlo tuyo antes de que nazca,

adivina su nombre en el viento,

entre los ruidos de la calle,

imagina los versos yendo

al encuentro de Calíope.

Al llegar las contracciones

de tu aún extraña creación,

alúmbralo en la soledad,

se tú mismo la partera;

cuídalo como una madre,

dale de beber de tu sangre,

enséñale la Rosa de los vientos,

el lenguaje de las estrellas.

Con el “Adagio” de Albinoni,

de fondo musical,

léele a Adela Zamudio,

la poeta heresiarca;

recítale “Ítaca” de Kavafis

y algún verso de la Dickinson.

Que escuche los noticieros,

no olvides leerle cuentos,

háblale de los filósofos,

así como de tus antepasados;

debe saber que la vida

es la metáfora de la muerte.

Cuando el poema esté listo,

tu cuerpo entero lo sabrá,

las yemas de tus dedos lo sabrán,

los versos querrán irse,

entonces, solo entonces, escríbelo,

déjalo volar en cada pALAbra.

 

(Reconstrucción del vuelo)

 

 

 

 

 

PÁJAROS Y VERSOS

 

El poeta Nuno Judice

afirma que cuando quiso

escribir sobre un pájaro,

este huyó del verso.

Lo intenté de otra manera:

sembré semillas en los versos

y los pájaros vinieron al poema.

 

(Reconstrucción del vuelo)

 

 

 

 

CIELO Y TIERRA

 

Para ustedes palabra mayor es Cielo

para nosotros palabra mayor es Tierra

ustedes miran al Cielo

buscando esperanzas

nosotros labramos la Tierra

desentrañando esperanzas

encantados por el Cielo

ustedes no se preocupan

por la continuidad del Universo

el Cielo es solamente

el que está sobre sus cabezas

para nosotros lo es

el que está bajo nuestros pies.

 

(Quipus)

 

 

 

 

NOSOTROS

 

Fuimos tantas veces nosotros

que me fui olvidando

que tú eras tú y yo era yo.

Hoy después de tantos años

extraño que tú no seas tú y yo no sea yo.

 

(Inventario nocturno)

 

 

 

 

LA CREACIÓN

 

Dios dijo apáguese la luz

tu ropa cayó al piso

y el mundo se iluminó.

 

(La luna entre las sábanas)

 

 

 

LOS ABUELOS

Los abuelos de mis abuelos

no imaginaron cómo era la patria,

porque la inventaban cada día.

En sus sueños

la patria era el hogar,

el techo que salvar de las lluvias de enero

y el árbol elegido para que se transforme

en la madera de la cama de los hijos.

No importaba si no conocían el país,

porque al despertar había que contar los sueños,

conjurando las pesadillas,

con salmos matinales

y tisanas de paja cedrón,

para que la esperanza

no sea enterrada con el hijo de los vecinos,

que murió de viruela y ningún santo pudo salvarlo.

Los abuelos de mis abuelos

no figuran en los libros de historia,

porque no fueron héroes ni villanos,

aunque muchos de ellos empuñaron la espada

cuando los hechos eran más urgentes que las palabras.

Los abuelos de mis abuelos

no despojaron a nadie de sus tierras,

su conquista fue la del territorio de sus amadas

y fueron guerreros de la alborada

alistando los machetes

para cortar el sol en pedacitos.


Hubo artesanos y costureras

entre los abuelos de mis abuelos

y alguno cantó a orilla de los ríos,

mientras otro escribía poemas.


También hubo ganaderos y herreros

y quién sabe qué otros de mil oficios

porque en el pasado los títulos los daba la vida.


Los abuelos de mis abuelos

fueron portugueses, indígenas y españoles,

                        ¿acaso importa?

Importa el amor que nos legaron

y las palabras de este y del otro continente,

con las que narraban el asombro cotidiano.

En mi pueblo, Santa Ana del Yacuma,

la nación de los Movimas,

los nombres de Leónidas y Raquel,

mis abuelos paternos,

son pronunciados por niñas y niños

en las escuelas que ostentan sus nombres

y los de Nemesia y Humberto,

mis abuelos maternos,

son recordados en las cenas familiares.

 

En los abuelos, raíces mías,

semilla de muchas generaciones,

portadores de mi nostalgia

está el pueblo ausente.

 

Ellos, viejos sabios,

les contaban cuentos a sus nietos

en los que aparecían y desaparecían duendes y viuditas,

y sus rostros se transformaban en los monstruos de las leyendas.


Los abuelos de mis abuelos

creían en las aves agoreras

y en los cotidianos milagros de la Virgen.


Eran buena gente los abuelos de mis abuelos.

Y aunque no son los héroes de ninguna saga histórica,

la patria no habría existido sin los sueños de mis abuelos.

 

(Bautizar la ausencia)

 

 

 

 

POÉTICA

 

La literatura es la perfecta metáfora estelar del tiempo, porque encierra el pasado, el presente y el futuro. Es infinita, como si cada libro fuera tan solo la palabra de un libro perpetuo que se escribe sin cesar. Está en eterno movimiento, nominando los mundos interiores, la vida cotidiana y la búsqueda espiritual, y se transforma en acción si el libro es leído y comprendido; entonces se convierte en una onda imperceptible que intenta interpretar el caos. Cuando el orden definitivo suceda al caos, la literatura ya no será necesaria y nosotros, los seres humanos, no tendremos sentido y los mundos, los soles y las galaxias desaparecerán, no existirá nada y la nada es la negación de la palabra. Ese será el momento, cuando la Divinidad volverá a despertar y conjugará nuevamente los verbos, para que todo vuelva a existir.

 

(Bautizar la ausencia)

 

 

 

EL PAÍS DE LOS POETAS

 

“Marcho lleno de un vigor supremo y nuevo,
                soy parte de una procesión inacabable”
                                           Walt Whitman

 

El País de los poetas

es el país de Roque Dalton,

perdido en la montaña

entre el Paraíso y el rio Leteo.

Allí donde el mundo

es una taberna y otros lugares,

donde los muertos rebeldes

están cada día más indóciles

y las palabras definen destinos.

 

País, nación, patria, estado,

donde el amor no es una búsqueda,

es la celebración de los encuentros;

sin dioses en el cielo ni amos en la tierra,

territorio de Roque Dalton y de los poetas.

 

Capital no posee el País de los poetas,

ni mezquinos mapas a escala,

las calles se caminan siguiendo

las hojas de Parra, los laberintos de Panero,

las huellas de Pizarnik y de Plath;

allá el horizonte está en todas partes

y las fronteras en ninguna.

 

Territorio liberado en pleno corazón,

en el que las y los poetas son casas abiertas

y el tiempo es la medida de la amistad.

 

Brisa fresca susurra cada ocaso,

entre las flores de los jardines y las bibliotecas. 

 

Cuando muere un poeta,

el divino Dante Alighieri lo guía

por los ilustres infiernos

hasta elevarlo a la tierra de sus hijos;

y en la heredad germinal

el poeta nacerá de nuevo,

su voz tendrá el alcance del viento.

 

Cuando sea grande seré poeta,

como Roque Dalton, 

el poeta cuya vida es poesía,

tomaré mi mochila, un libro de Pessoa,

otro de Cerruto y, por si acaso,

alguno de Derek Walcot;

un lápiz y un cuaderno escolar;

muy temprano iré a la montaña,

a trabajar en la siembra de mis hermanos

que habitan el País de los poetas.

 

 

***


 

HOMERO CARVALHO OLIVA (Beni, Bolivia, 1957), escritor, poeta y gestor cultural, ha obtenido varios premios de cuento a nivel nacional e internacional como el Premio latinoamericano de Cuento en México, 1981 y el Latin American Writer’s de New York, USA, 1998; dos veces el Premio Nacional de Novela con Memoria de los espejos y La maquinaria de los secretos. Su obra literaria ha sido publicada en otros países y ha sido traducida a varios idiomas; figura en más de treinta antologías nacionales e internacionales de cuento como Antología del cuento boliviano contemporáneo, The fatman from La Paz e internacionales, como El nuevo cuento latinoamericano de Julio Ortega, México; Profundidad de la memoria de Monte Ávila, Venezuela; Antología del microrelato, España y Se habla español, México; en poesía está incluido en Nueva Poesía Hispanoamericana, España; Memoria del XX Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia y en la del Festival de Poesía de Lima, Perú; así como en la antología Poetas del Oriente boliviano. Entre sus poemarios se destacan Los Reinos Dorados y El cazador de sueños, inspirados en las tradiciones, leyendas y cosmogonías de los pueblos amazónicos de Bolivia y Quipus en las tradiciones y leyendas andinas. El año 2012 obtuvo el Premio Nacional de Poesía con Inventario Nocturno y el 2013 publicó la Antología de Poesía Amazónica de Bolivia y la Antología Bolivia. Tu voz habla en el viento, que reúne a cincuenta y cinco autores, entre ellos a tres Premios Nobel de Literatura hablando de Bolivia. Es autor de la Antología de poesía del siglo XX en Bolivia, publicada por la prestigiosa editorial Visor de España. Premio Feria Internacional del Libro 2016 de Santa Cruz, Bolivia. En el 2017, La editorial El Ángel, de Quito, Ecuador, publicó su poemario ¿De qué día es esta noche?; el año 2019 la Editorial New York Poetry, de Estados Unidos, publicó su antología poética personal Memoria incendiada y en el 2020 la editorial Buenos Aires Poetry, de Argentina, publicó su poemario Reconstrucción del vuelo.


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