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22 Jun 2020 / 11:09 am

 

Presentamos una selección de poemas de la escritora rumana Ioana Gruia (1978, Bucarest). Desde 1997 vive en Granada, España, donde es profesora titular de Literatura Comparada en la Universidad.

 

  

 

 

LOS LIMONES 

 

l’odore dei limoni

EUGENIO MONTALE, “I LIMONI”

 

 

Ya no recuerda mucho aquel encuentro:

sólo el olor, el embriagante olor de los limones,

y el resplandor solar de sus cortezas.

El hombre dijo: nunca

                                    te dejaré.

Y nunca volvió a verlo desde entonces.

Después ella se fue lejos del pueblo.

 

Ya no le queda mucho por vivir

y siente sólo rápidos destellos

de amor, amistad, odio o compasión

hacia personas que ahora son espectros.

Pero el olor, el embriagante olor de los limones

nunca la abandonó. Cierra los ojos

y encima de su rostro ve las frutas

y el resplandor solar de sus cortezas.

 

 

LA RISA DE LA MEDUSA 

 

 

La Méduse est belle et elle rit.

HÉLÈNE CIXOUS, LE RIRE DE LA MÉDUSE

 

 

Cada vez que quisieran domesticarte,

que sientas que un ahogo te está ciñendo el cuerpo,

que intenten congelarte la risa entre los labios,

invéntate el caballo con alas y al galope,

abre la puerta y huye lo más lejos que puedas.

No vuelvas la mirada. No busques la venganza,

pero nunca renuncies al aire conquistado.

Suelta la cabellera, las serpientes no existen.

Pues la Medusa es bella y ríe a carcajadas.

 

 

 

ALGUIEN AL OTRO LADO

 

Una niña muy seria,

en la antigua avenida de mi infancia,

me visita en los sueños.

¿Qué has hecho de mi vida?, me pregunta.

 

No sé qué responderle. Sólo sé

que estoy al otro lado de la calle,

que la niña no logrará alcanzarme.

 

Algo lo impedirá:

la cautelosa sombra del silencio,

o la frontera súbita del miedo.

 

Algún día sabré qué responderle.

Tal vez no vuelva nunca, tal vez llore.

Tal vez nos convirtamos en pasaje,

y yo seré su sueño:

alguien que no recuerda su pasado,

con la memoria sólo del futuro.

 

Alguien que necesitará saber

si ha aprendido ya

a perdonarme.  

  

 

 

SUMMERTIME EN EL PONT DES ARTS  

 

Cuando sueño que voy a la deriva,

el saxo me rescata allá en el Pont des Arts.

 

Igual que esos candados de amor que hay en el puente,

tiran de mí los miedos hacia abajo.

 

Alguien toca despacio Summertime,

lo oigo desde el fondo de mi sueño.

Es verano otra vez y tú caminas

a mi encuentro en el Pont des Arts. 

Enroscado y caliente,

como un aire de jazz,

el deseo me asalta,

me arquea por encima de los miedos.

 

Nadie escapa a sus sueños,

tampoco a sus canciones. 

 

 

 

CADÁVERES LLEGARON A LA PLAYA

 

 

Cadáveres llegaron a la playa.

 

Todo estaba tranquilo: el mar en calma,

los niños con juguetes,

los bañistas absortos en sus sueños,

en la pereza azul de los veranos,

en el golpe apacible de las olas,

en su rumor de vagas lejanías.

 

Los cuerpos irrumpieron de repente:

trozos de carne muerta, descompuesta

en medio del sopor, de la aventura

que prometía el mar.

 

Los rodearon todos:

los niños con juguetes, los bañistas,

policías y médicos movidos 

por un afán inútil de hacer algo.

 

Un niño tocó un cuerpo.

Luego empezó a llorar.

Es la primera vez que ve la muerte,

dijo su madre mientras lo alejaba.

Su llanto contagió a los otros niños,

pequeño coro de tragedia griega.

 

Negros, lustrosos como el mar, los cuerpos

sin culpa y ya sin hybris, hoy parecen

las víctimas de un turbio sacrificio.

 

Y es la playa un altar improvisado.

Pero, ¿quién ofició la ceremonia?

 

 

 

LA CASA POEMA

 

Me gustaría que habitaras este poema

como habitas mi vientre,

que fuera para ti una casa.

 

Que la poesía fuera tu refugio.

 

Tu madre

habla todas las lenguas

con acento extranjero

y sabe

que siempre hay algo de intemperie en los refugios,

una fragilidad que te hará fuerte.

 

Enciendo para ti la casa poema.

En los inviernos que conocerás,

ojalá te proteja y te caliente.

 

 

 

ALGUIEN QUE NO ERA YO

 

Alguien que no era yo, porque lo estaba

viendo desde mi casa

 

Ángel González

 

 

 

Alguien que no era yo, porque lo estaba

viendo desde mi casa,

apresuró su paso entre la lluvia

y sacudió su pelo igual al mío.

 

Alguien que no era yo volvió su rostro

y vi que me miraba con mis ojos,

pero con un destello nuevo, ignoto.

 

Alguien que no era yo se fue alejando

hacia una vida oculta que no es mía

y sin embargo tanto anhelo en sueños.

 

Alguien que no soy yo también te quiere,

y vuelve a comenzar aquella historia,

aquel amor difícil que fue mío.

 

Por eso quiere tanto parecerse

a ese alguien que fui cuando me amabas.

 

 

***

 

 

IOANA GRUIA - (1978, Bucarest, Rumania). Desde 1997 vive en Granada, donde es profesora titular de literatura comparada en la Universidad. Ha publicado las novelas El expediente Albertina (Castalia/Edhasa, 2016, premio Tiflos) y La vendedora de tiempo (Espuela de Plata, 2013) y de los libros de poemas Carrusel (Visor, 2016), premio de poesía Emilio Alarcos y El sol en la fruta (Renacimiento, 2011), premio Andalucía Joven de poesía. Sus poemas han sido traducidos al rumano, francés, checo y albanés. Es también autora de los ensayos Eliot y la escritura del tiempo en la poesía española contemporánea (Visor, 2009) y La cicatriz en la literatura europea contemporánea (Renacimiento, 2015). Ha coordinado el volúmen colectivo La obra de Norman Manea. Crítica e interpretación (Editorial Universidad de Granada, 2016. Colabora en el suplemento Los diablos azules de Infolibre. Su página es www.ioanagruia.com


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