512
05 Mar 2020 / 20:20 pm

Por Charol Gualteros

 

Pero la danza no tiene con qué terminar. Cesa como cesa un sueño, que podría continuar indefinidamente; cesa, no porque se haya finalizado una empresa, pues no hay ninguna empresa, sino porque otra cosa, que no es ella, se agota.

Paúl Valéry

 

Danzar es escribir con el pulso del cuerpo, es contar las respiraciones del otro. Danzar es un encuentro, puede ser uno casual en El Rincón Cubano o uno esperado en el teatro. Los dos nos ofrecen expectativa, duda, susurro, aroma, sudor, deseo, vestido enredado, mano entre la carne, cabello esparcido en el salón, pero ¿En realidad necesitamos esto para vivir? ¿Acaso la mecánica de caminar todos los días hacia la estación del bus, hacia el trabajo o la escuela no es una danza desprovista de sentido y carente de minúsculos pormenores? ¿Es casualidad que mi gato esculque entre la estética de sus piernas el movimiento continuo mientras ronronea entre las mías? A mí me gusta la idea de que el mundo hace una danza silenciosa, y que si hacemos mucho ruido podemos olerla. Quiero decir que la calle parece tocar una melodía del afán que usted y yo correspondemos. Subo, entro, toco, refriego, espero, me devuelvo, consumo, alimento, revuelvo, entrego, observo, caigo, golpeo, levanto, presiento; allí entre las manos y los dedos hay una música que estamos bailando, una nota del hoy. Pero naturalmente al principio me quería referir al cortejo del baile y ahora hago apuntes de la música invisible que nos lleva a una coreografía. La repetimos tanto que parece imperceptible. Pero yendo un poco más a la aproximación de la danza, su inteligencia puesta en escena, cómo dice Valéry, la necesidad de lo humano de crear, de inventar, de mover el cuerpo en direcciones que logran un producto. Pues la maravilla artística no escapa a la eficacia que exigimos hoy a nuestras actividades. Sin embargo, este producto, aunque tangible es movido por un espíritu poético de la realidad, de la fatalidad, de la vitalidad inerte del cuerpo, de la resistencia al tiempo, de la ocupación de un espacio; un cuerpo que ocupa un espacio o un espacio que es ocupado por un cuerpo, o dos o tres.

 

En consecuencia, la danza expresada por Sweet Dance ha permitido crear un puente entre el lenguaje callejero, las problemáticas sociales y la búsqueda de un lenguaje a través del cuerpo. Este grupo liderado por tres mujeres con carreras abyectas a la danza, desde sus esfuerzos personales han provisto a los jóvenes de herramientas para decir, para contar historias y sobre todo y lo más importante para creer en crear. Esa manera inútil de sostenernos en lo humano, lo estrictamente agotable en una especie que cuenta su historia por medio de fenómenos inacabados. Tan solo procuran la permanencia en movimiento de lo humano. 

 

Su último proyecto, La Continuidad del Primer Grito, una apuesta por dar voz a aquellas que no la tienen y por sumar voces a aquellas que la alzan todos los días a costa incluso de su propia vida. Integra la danza, el teatro y la poesía. Tuve la oportunidad de colaborar en el performance Ni una más, con algunos de mis textos. Allí hacían hincapié en la violencia de genero evidente con las cifras que suben cada día y exponían las razones para expresar un grito de basta, que no solo reúne a mujeres, sino hace un llamado al artista a promover el respeto y el cuidado por el otro. Además de exponer con frescura y poder la exigencia de una sociedad que nos deje bailar hasta dónde la prosa del movimiento permita escribir.

 

 


Fundación La Raíz Invertida
Derechos Reservados Fundación La Raíz Invertida 2015

Algunas de las imágenes utilizadas en el portal han sido obtenidas de la red y son de dominio público, no obstante, si alguien tiene derecho reservado sobre alguna de las fotografías y se siente perjudicado por su publicación , por favor , no dude en comunicarlo.
PONTE EN CONTACTO
Inscríbete a nuestras redes sociales
Recibirás boletines y noticias www.laraizinvertida.com