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08 Nov 2018 / 19:30 pm

 

Reseña de Martha Lujano Valenzuela

 

Un día nos reconocemos como individuos o grupo y afirmamos ser, pero, para ser de verdad se necesita un punto de apoyo fuera de uno mismo, desde el cual yo podría verme a mí como otro, tal como propusiera la teoría literaria de M. Bajtín quien creía en el viaje adentro del sujeto sin pensar en la circunstancia del viajero. Eso mismo es lo que sucede a Chary Gumeta (María del Rosario Velázquez Gumeta, Chiapas, 1962) en Como plumas de pájaros. Antología poética publicada por CONECULTA Chiapas en su colección Las alas del sueño (México, 2016), este trayecto que realiza desde la expresión primera del amor filial, fraternal de sus duelos familiares : “Era mi hermana, la única, la mayor, la madre que no tenía hijos/la que razonaba sobre mí.” (p.36), “Abuela, abuelita, acidita,/vivo con tristeza la soledad de tu ausencia (p.19)”,”Padre, hijo, hermano/descansa/sé que duermes a solas con fantasmas” (p.48), con una voz joven que intuimos a punto de crecer en Veneno para la ausencia, inquieta y atemorizada por la inminencia del tiempo y de la muerte “No me hallo, pajarita, sin tu piel,/sin tu mirada/sin la efervescencia de tus manos” (p.73), “…ni tampoco me digas/ que los muertos entierran a los muertos/para darme consuelo de cigarras” (p.33) compañías permanentes de Perlas de Obsidiana : “entre el desvelo, la visita de la angustia/ encoge la mortaja de la tarde” (p.67), pasando por la transmutación de su voz en la naturaleza misma de un ave en Como quien mira por primera vez un unicornio: “El viento menciona mi nombre y le salen alas”…”Es difícil ser una paloma/y anunciar el fin de un diluvio” (p.97). Al pasar a También en el sur se matan palomas, vemos centrar su pensamiento en el origen: “Sé dónde está México,/mi geografía imaginaria aún lo ubica en ese lugar /donde viven los ciegos y sordos”, con toda conciencia de sí y de los héroes (algunos anónimos) de luchas interrumpidas que son llamados a rendir la derrota uno tras otro, como en los poemas Ante la pobreza del pueblo, Mientras escribo estas líneas, Cuando fue ejecutada, ¿…Y los muertos Marcela?, se hace un estado de cuenta de la situación actual del país. Es notable la presencia de elementos naturales, en un territorio que podría definirse como una Matria Naturaleza, culminando el tránsito en Poemas muy violetas y Voy al norte con el viento sobre el rostro, final de jornada de la misma voz cansada y superviviente a la vez, plena de vivencia y horror. Y en todo este recorrido, Chary Gumeta escribe como mujer, patriota, compasiva; doliente de lo que observa: “No es sencillo ser mujer/en este mundo de machos”(p.137)

Es el papel de la crítica literaria pugnar por hacer visibles los proyectos individuales, la literatura regional en su dimensión histórica; lograr el efecto de verdad propuesto por el argentino Daniel Link en el cual, las identidades femeninas llegan a conformar identidad colectiva ya que “escribir (y leer ) como mujer es una opción política y no el producto automático de la condición genérica”.

En palabras de Susana Reisz : “Para una mujer, verse como otro suele representar una ardua carrera de obstáculos. Uno de los más difíciles de saltar es que el paradigma de humanidad dominante es literalmente “otro” (y no otra)”, por lo que la poesía creada en términos duales y no como un simple ejercicio catártico, cobra el valor de lo social y lo humano.

Los tiempos que corren, el Siglo XXI, caracterizado por la geopolítica, la globalización y el dominio del discurso y de la lengua por una hegemonía cultural han influido hondamente en la valorización de la literatura escrita por mujeres, se han ganado terrenos como el de la conciencia propia, la autoestima, la elegía al cuerpo, pero también la luchas reivindicatorias comienzan a dar frutos en las clases y sociedades que cuentan con condiciones para la equidad, no así en la pobreza y marginación del sur: “En este sur inalcanzable/donde parece que no pasa nada”( p.152)

El fenómeno del Sur está en apogeo: pobreza, migración ilegal, falta de oportunidades de desarrollo; problemática que es actual fuente de debate de la economía y la política, no así de la intervención de gobiernos para amainar las diferencias Norte-Sur en la proximidad, como sucede en las fronteras de México con Centroamérica y Norteamérica. Así, el padecer del migrante queda plasmado en versos de miedo y conmoción ante el tren (“La Bestia”) y su trayecto de muerte, además, dolor y culpa de dejar la tierra: “Para morir en algún olvido/emigro de tu mirar/hacia el país de las oportunidades” (p.232), “Antes de cruzar la frontera/antes de poner un pie en ese territorio de tinieblas/te daré un beso como muestra de amor/y te diré cómo aprendí a amarte/bajo las sombras de los árboles/en nuestro lejano Quetzaltepeque./Una vez que nos pegue el viento extranjero/dejaremos que nos devore el humo y el ruido/de ese animal maldito,/y si todavía estamos juntos/cerraremos los ojos/y haremos de cuenta/que estamos soñando” (p.209)

Para detallar la poesía de Chary Gumeta es preciso hacer mención de su estrategia discursiva; es decir el procedimiento textual relacionado con el momento histórico.

Está presente el discurso de la melancolía y el tema de la pérdida, instalado en el diálogo de una primera persona con otras personas gramaticales, éste es sólo una metáfora para sugerir una perspectiva de lo vivido, y de la observación directa:

“Vos sabes bien, Marcela,/que una bala no hace la diferencia/entre ejecutado/y los que se perdieron/por defender la plaza” (p.128)

“Marcela,/cuando vengan por nosotras/sacudiremos el polvo de los recuerdos/sin cerrar los ojos”(p.132)

“Pedrito, nuestros países/no son diferentes,/Aquí y allá corren ríos de sangre/donde se bañan los genocidas.”(p.142)

Compa,/uno no nace con el destino en la mano/ni con el camino en los pies, las que nos tocó vivir así/tomamos al viento de la mano/ (p.144)

Esto revela el pronunciamiento de una tercera persona, un sesgo autoritario, patriarcal en este caso violento y asesino completamente adverso al Yo : Me gusta escuchar la demagogia/vulgar y burlona de quien se aprovecha/de la ignorancia de un país o un pueblo.(p.134), “La vida sigue su curso/entre disparos de bala/como sicarios que interpretan canciones de amor/mientras esperan a quien asesinar.”(p.181)

Echa mano de variadas formas literarias: género confesional, testimonial, diario y registro de sucesos cruentos que debieron aparecer en los periódicos y hace con ellos audaces injertos, realiza el acto de apropiación de la realidad con una actitud de compromiso, de acercamiento y lo más importante, buscando la visibilidad.

Poesía femenina como construcción cultural, con topografía y coordenadas históricas precisas, Chiapas o Tijuana, fin de un milenio, un lenguaje y la visión de mundo que está marcado por el punto de vista de la mujer dentro de una cultura, cada vez más o menos patriarcal y ahora, como antes también, territorio cruzado por la violencia “Lo único que escuché fueron gritos/ gritos cercenados por las balas/balas que silbaban canciones de muerte.”(p.173)

Escuché de la llamada Literatura Menor en la elaboración de Deleuze y Guattari, reivindicando las “minorías”, aquellos quienes no tienen el “capital simbólico” de Pierre Bordieu, obviamente económico tampoco, pero con el valor colectivo de la enunciación y la politización y el empleo del lenguaje. Lo minoritario, antes carente de valor puede ser problematizado y afirmado a la vez, por esto afirmo que la grandeza de la poesía de Chary Gumeta radica en la enunciación colectiva, la presentación de personajes arraigados en la realidad; sólo basta fijar la atención en algunos de los títulos de los poemas: “Cecilia, sicaria de tiempo completo”, “Mujer incendió a su marido golpeador”, “Migrantes”, “Autodefensas”, personajes entre lo público y lo privado, lo subjetivo y lo objetivo, la noticia alarmista y la estadística. Todos debemos saberlo, que el silenciamiento y la opresión de un grupo social está ocurriendo en estos momentos, mediante la neutralidad de los discursos hegemónicos (sean éstos políticos, científicos o artísticos).

A Las minorías, a los necesitados, cuya palabra ha sido sistemáticamente “eliminada”, hay que prestarles una voz pública. Aquí surge el problema de la representatividad: el artista se revela , lanza su manifiesto, se autodefine y crea conciencia grupal: “Basta ya de esa tolerancia autoimpuesta/de exigir justicia y ser mal vistos/tomemos responsabilidad de nuestra conciencia”.

Existe aún la inseguridad, el pánico al sojuzgamiento, el género abatido, la clase social en desventaja dentro del espectro social: “ejercer la palabra en México/es peligroso/callar te hace cómplice”(p.196)

Aquí no hay parodia o ironía, sino personas reales y un interlocutor que produce poesía , no es fácil afirmar la propia voz , adjudicarle lo “menor en cuanto uno y grupo”, en el poema surge un combate interno en el que la voz poética alcanza manifestaciones radicales y el conflicto puede desembocar en la desaparición de un punto de vista estable, una escisión en términos psicológicos, porque escribir como mujer implica riesgo y compromiso por expresar opiniones:

“No quiero ser una mujer desangrada/por la mano de la miseria/y de la maldad de mi país”.

Este es el viaje de Chary Gumeta de vuelta de la “exotopía”, lo que está fuera de sí, de su condición de mujer mexicana y que permite la auténtica comprensión del otro, sin abandonarse, sólo como un acercamiento : “Nadie me espera, ni yo misma;/no tengo nada/sólo este viaje/que me retorna a cuando fui pájaro/un pájaro que cantaba una canción extraña.”