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14 Jun 2018 / 11:19 am

Memorias de un ciego adicto al sexo
(Prólogo)

Por Javier Rocha Amaris

  La música de la poesía de Moreno, no es propiamente una música del azar, en memorias de un ciego adicto al sexo, todos podemos ser ese ciego que habita la poesía y todos podemos ser conscientes de un grado de ceguera que tenemos, y que nos deja en el aturdimiento de la contemplación de la vida. Son parte de dicha experiencia Seducción Ciega  y Cómo se pierde la cabeza.

      Ray Charles es un colega del ciego que recorre los poemas y cuenta como perdió su virginidad y una ninfómana que parece ser la protagonista de Lars Von Triers, tiene una experiencia sugerente al visitar el confesionario. Polvotriste, por su parte como uno de los amigos de Condorito, integra el combo de los fornicadores de los ciegos y desciende a los infiernos dantescos cada vez que entra en contactos orgigasquicos con el mundo de piel fémina, padeciendo la enfermedad de penar en sus encuentros… Todos parecen seres únicamente interpretables al calor del ritmo vertiginoso y trepidante del piano de Carla Bley con su trío de jazz que acompaña a la entrada de paraísos de final feliz, sobre todo en ese concierto -que parece música para ciegos- del Culli-Jazz- Festival de 2012.  

       Tomaré el riesgo de interpretar la escritura de Álvaro a partir de notas musicales que se producen como telón de fondo en la sinfonía de la vida, desde su novela ¨Bailar o morir¨ y ahora en este encantador y seductor libro de poemas, como una recurrente álgebra poetizada reaparecen las músicas y como en un universo cortaziano, Paris ciudad luz proyecta sombras y más que un juego de palabras, se escuchan las melodías y el sex de max a través del sax...

      En la poesía además de palabras dibujadas a punta de versos, conviven olores como los de mujer morena y se recorren los míticos calabozos consagrados a la pasión en lechos trajinados por mil batallas en habitáculos chapinerunos donde los cuerpos conservan su calor custodiados por los felinos de Bengala de las cobijas, mientras duermen arrullados ante una luz decadente de un viejo tv enrejado a la manera de los juegos de George Bataille.

      Confluyen viajes oníricos que a la manera del simbolismo francés de Aloysius Bertrand quien influenció magistralmente a Baudelaire, y cuyos poemas llevara al piano Ravel en ¨Ondina¨ un ser mágico también seduce al ciego y lo lleva de la mano a las entrañas del océano donde se experimentan las corrientes frías entre sombras de montañas submarinas de los seductores abismos oceánicos, y ante la pelea con un pulpo también adicto al sexo por una razón solo revelada en las claves del tríptico de mar, el ciego sale con vida para contar la leyenda que reside en un bocado marino.

      Pero el ciego no cosifica el deseo ni a la mujer, simplemente celebra en cada verso confesando que el sexo débil es el hombre… Es cuando el ciego reconoce que se derrite ante el sol del ser llamado mujer y sería capaz de repetir sin temor y con agrado su ceguera, cada vez que se origina el incendio que produce la presencia, cuando no la mirada de una mujer que se posa sobre un ciego adicto al sexo. 

      Con cierto tono irreverente y burlesco la poesía de Álvaro lo toma por asalto a uno como un rufián de barrio de capa o ruana por calles en desnivel y en pendientes empedradas de fachadas de puertas grandes y antiguas, andenes iluminados por faroles de la vieja candelaria, quien pudiendo hacerle un daño a uno prefiere soltarle una broma, con esa picaresca de Francois Villon, acompañado de un cierto aire de ambiente bucólico evoca su la prosa a través de la denuncia del sistema educativo que con la escuela mata al artista, al científico y al sabio.

      Pero con la invención del beso, el ciego casi de manera inconsciente encuentra el remedio contra el pánico de la soledad, desatando las cuerdas fugaces que teje en su idea de vivir acompañado como inventor de besos. Y la música reaparece con el jazz, la champeta y la salsa entre luces lasers que atraviesan en varios sentidos la poesía de Álvaro con notas de Duke Erlintong, cuya acompasada armonía sitúa en pensamientos de antaño, donde aparecen Héctor Lavoe, y Michael Jackson comprobando la eterna melodía que estalla en las varias músicas de su poesía.

      De los poemas postmodernos destacan que celebran de igual manera el placer de hacer deportes extremos y el sazón de los licores y el humo que ameniza la rumba llevándonos de la mano como por un paseo playero de Rubem Fonseca con la poesía que se filtra por sus cuentos en el resplandor del caribe sobre las arenas de la playa de bosques tropicales donde una mujer como remedios la bella u otra chica de Ipanema, con sus encantos hace caer los frutos maduros de los árboles y despertar leyendas en los pescadores que cuentan que: ¨ el mismo mar detenía la marea cuando ella se acostaba a su lado en esas tardes… ¨, dejando al descubierto aquella otra felicidad que proviene de la belleza de la carne y por la cual se abandona la ciencia y se asumen los caprichos de la naturaleza.

      Bajo las nuevas formas de un nuevo amor y con el lenguaje de sugerencia los inventos postmodernos y la tecnología, aparece con las estrellas de cine y en el hombre solitario que se enamora de la aplicación que es su asistente de casa, y cuyo amor llena los vacíos de los orgasmos sin que ni siquiera tenga presencia, pero le empiezan hacer falta los olores de un cuerpo para que la ilusión siga siendo verdad. 

      La idea de ver el crimen desde otra perspectiva y encontrarle algo de curioso, como en crimen hermoso, nos remonta a Tomas de Quincy en su famoso y genial y siempre recomendado, Asesinato como una de las bellas artes, pero el de Álvaro es más – ya lo había mencionado- del corte de Aloysius Bertrand por su correspondencia con la cultura francesa, con esos destellos misteriosos de la luna que desciende por su escalera luces espectrales y se mete por la ventana a vernos como a una criatura.

      Es el ciego entonces quien nos revela muchos detalles y nos contempla desde una ventana de la percepción, como si fuéramos los realmente ciegos de fáciles placeres, como su teatro de personajes adictos a la vida, a la poesía y como él también adictos al sexo. 

 

 

 

 

PERCEPCIÓN

Llegó al círculo de los hombres,
olí su falso maquillaje,
mi percepción descubrió medias de rombos,
el tamaño de impostados pechos,
las nalgas de maniquí se mecieron
y la coquetería derritió a los machos,
el más osado ganó el duelo.
Se la llevó.
Repleto de carcajadas y con la maldad del ciego,
fui el único que descubrí al marichuelo.

 

 

 

 

ATRACO

La niña me condujo a su casa de brazo
por no tener pertenencia de la luz.
Se ideó un secuestro,
perdió,
hurté su corazón.

 

 

 

 


LA VIRGINAD DE RAY CHARLES

Me contó cómo perdió la virginidad
el amante del góspel,
de las niñas,
del alcohol.
Volado de joven a un burdel de pueblo,
las prostitutas lo bailaron y lo regaron de besos,
lo desnudaron,
embriagado perdió la conciencia,
pleno de luz se encontró entre borregos,
una asnita que lo lamía.

 

 

 


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