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31 Ene 2018 / 15:41 pm

 

Selección y comentario de Danny León

 

El epigrama, como composición poética, ha logrado perdurar y buscar asidero a través del tiempo. Desde el periodo helenístico, en la Grecia antigua, hasta los albores de nuestro siglo, esta manera de creación literaria ha logrado desarrollarse y adaptarse a las necesidades del poeta y a las inquietudes de su época. Sin bien la estructura y motivos varió relativamente, de acuerdo a las formas propias de la lengua en que se escribía, este siempre ha mantenido sus características esenciales: la brevedad y la astucia. Es pues, desde sus inicios, un género de especial agudeza que sorprende y eleva, lo aparentemente ordinario, a estratos espirituales. De Catulo a Martial, de León de Arroya a Juan de Iriarte, de Voltaire a Nicolás Boileau, de John Donne a Jonathan Swift, de Ernesto Cardenal a Eduardo Lizalde, el epigrama se ha sostenido como forma vigente de poetizar. Diría que incluso como una manera necesaria y eficiente para decantar el humor, el sarcasmo, la ironía, la burla tosca, el odio visceral. Nada más necesario en estos tiempos donde lo “políticamente correcto” se ha convertido en casi una religión que coacciona y restringe, en muchos casos, la expresión sincera de las pasiones.

Siguiendo esta larga tradición y bebiendo de estas fuentes, Francisco Trejo opta en sus primeros trabajos por una recuperación y actualización del género epigramático. Rosaleda, La cobija de Ares y El tábano canta en los hoteles son libros que, a mi modo de ver, dan testimonio de una búsqueda constante, de un perfeccionamiento de la técnica y el afilamiento del aguijón. Apelando al tono mordaz y a la unidad temática, Trejo urde un imaginario satírico, donde desfilan infidelidades, fantasías no correspondidas, odios y afrentas entre rivales, bajas pasiones, testimonios eróticos y amores destinados a la clandestinidad. Todo esto bajo la licencia del doble sentido o el albur, muy propio de la cultura popular. En suma, una poesía que urde con maestría el humor cotidiano con los embrollos, siempre vigentes, de las relaciones humanas. Dejo a continuación una pequeña selección sus poemas:

 

De El tábano canta en los hoteles, 2015

 

La fábrica

Descubres
                             que está mal hecho el mundo.
              José Emilio Pacheco


Entrégate, Flora,
y ponle creatividad
a la fabricación de tus orgasmos:
si está mal hecho el mundo
es porque los amantes
no engendran con ingenio.

 

***


La ruina del tábano

Me arrepiento, Flora, por amarte en exceso.
Con el dinero de León
que gastamos, este año en los hoteles,
ya hubiera publicado
                 mi primer libro.

 

***

Los frutos negados

¿Piensas, León, que puedes poseer a Flora
sólo porque la riegas de vez en cuando?
¡No, señor!
A la flor se le canta, se le besa y se le moja
todos los días,
para que sus frutos caigan,
abiertos de tan dulces,
                       sobre la cama.

 

***


De La cobija de Ares, 2013

Tóxico

Amarte, Alejandra,
es caminar voluntariamente
hacia la pira de fuego
como Heracles lo hizo
para evitar el dolor
de su piel envenenada.
Mi veneno
es la existencia de tu esposo
y me arde hasta la médula
saber que me sueñas
        recostada a su lado.

 

***

 

La súplica de Penélope
O la inclinación por los dientes gallardos

Por favor, Zeus,
te pido que mi esposo
—más artero en el campo de batalla
que en la contienda conyugal—
no regrese a mi lado:
es ahora, dice el oráculo,
un viejo sin dientes
que no morderá con bravura
las carnes que ofrezco
       a los mozos que me acechan.

 

***

De Rosaleda, 2012 

 

Para que un poeta actual conserve a su esposa

Dedícale tiempo a tu mujer, Juventino;
deja de pasarte las horas en Twitter
inventando aforismos y crudos versos
para sorprender a tus seguidores.
Mírala verte su miel sobre las sábanas
y peinar la cascada de su cabello.
Mírala ungir sus piernas con aceite de coco
y perfumar sus brazos de porcelana.
¿Vas a ignorar el canto de las sirenas
y dejar correr el agua del río?
¿No la ves arder en la pira del ansia?
¿No escuchas el crepitar de su carne?
Reflexiona, amigo, y no la descuides:
estoy harto de que sufra en la espera
y de tener que amarla
                     cuando no me corresponde.


***

Francisco Trejo.

Ciudad de México, 1987. Estudió la licenciatura en Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y la Especialización en Literatura Mexicana del Siglo XX en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Entre otros reconocimientos, obtuvo el VIII Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2012 y el XIII Premio Internacional Bonaventuriano de Poesía 2017. Sus libros publicados son Rosaleda (Rojo Siena Editorial, 2012), La cobija de Ares (Editorial Praxis, 2013), El tábano canta en los hoteles (Conaculta/Gobierno del Estado de Guerrero/Ediciones Monte Carmelo, 2015) y la antología personal Epigramas inscritos en el corazón de los hoteles (El Ángel Editor, 2017.