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01 Mar 2016 / 16:07 pm

 

Nota y selección de Alejandro Cortés González

 

Con antecedentes unanimistas, en sus primeros versos intentó representar el alma total de las masas como una personalidad con vida propia. Posteriormente, renegó de esos versos y comenzó a publicar sus libros alejado del unanismo, pero conservando la meditación existencial que desarrolló con él. Pierre-Jean Jouve marchó por un camino intermedio entre pensamiento y temblor, entre simbolismo y surrealismo.

 

Contemporáneo a las vanguardias de comienzos de siglo, se apartó de ellas a través del descubrimiento de su propia corriente: un hilo delgado que reflexiona desde lo poético, rico en matices oscuros heredados del simbolismo, con los que urde una realidad que jamás habría creado el pensamiento puro. Su meditación no es aforística ni filosófica, es poética… capaz de escuchar cuando la emoción reflexiona.

 

Bien lo dijo Bachelard en La poética del espacio:  “No hay obra más nutrida de meditaciones psicoanalíticas que los libros de Pierre-Jean Jouve”.

Bien lo complementó su traductor, el argentino Federico Gorbea: “En él la inteligencia se convierte en tensión espiritual, ausencia y presencia del sentido”.

 

Pierre- Jean Jouve es un poeta para leer despacio, porque sus líneas están cargadas de ecos profundos que tardan en regresar.

 

 

Traducciones de Federico Gorbea

 

 

De Las nupcias (1925-31)

 

LA CÉLULA DE MÍ MISMO plena de asombro

La muralla pintada a la cal de mi secreto

Abro la puerta con mi mano vacía

Un poco de sangre herida en la palma.

 

 

El diluvio

 

Lo que había de más vasto y de más tranquilo

De más pleno, de más transparente

Sin bordes

Igual

Glauco y pacífico en un vaso

Sin paredes y como aceite reunido bajo el sol de la voluntad divina,

 

Lo que había de más acuoso en ese desierto de lo calmo

Y lo que había de más feliz por fin

En esa punición perfecta del crimen reducido, durmiente sin chapoteo

Ya que el agua no se mezcla con el espíritu,

 

Lo que había de más hermoso en la masiva muerta luz del diluvio

Fundidas las montañas diez mil metros

Tapizados los fondos del mar con la fornicación de las ciudades,

 

Era un ramo

De silencio, una napa de silencio

Un movimiento de silencio posado

Una extensión no controlada de silencio que también sería recubierto,

 

Era

Una paloma en gestación silenciosa

Que se detendrá sobre el techo con un nuevo efecto de silencio.

 

 

Mundo sensible

 

El alma está sola encima del mundo azul

De la tierra bella y animal, sin espacio.

 

Un día la tierra en movimiento

Con los tonos, las brisas, el olor del sexo

Y las estaciones y las risas que como las palabras

No vuelven más

 

Y los árboles cuyo borde es majestuoso

Y los esfuerzos del pasajero o viajero bajo el calor inmenso

 

Nada son para el alma oscura que se mueve

Hacia otro poder y hacia otro toque de adoración

En el interior de su fuerza ciega;

 

Pero otros días todo es uno

Y uno en uno y todo en uno

Y uno en Dios

Y Dios presente en un tronco de árbol muerto.

 

 

De Sudor de sangre (1933-35)

 

ÁRBOL DESNUDO que devoras, oh madre y tierra y muerte

Sombra de larga historia, boca sangrante.

Satisface y condena al hombre, ese corazón largo

Que aspira a morir dentro de tu mano viscosa.

 

 

De Materia celeste (1936)

 

Negro retorno a la vida

 

Si las sombras son más profundas que la sangre

O si la sangre es mucho más profunda que la sombra

 

Qué negrura hay en los límites de tu roja sangre

Es aquí donde se entra en la noche virgen

Es aquí donde ella desencadena sus luces

Hormigueante de espacio y de espacio y de noche

Es aquí donde deja caer sus ruidos

Y sus mantos y sus desnudeces profundas

 

Es aquí donde todo surge, se yergue y adora

Como nada en la Nada y en el no de la noche.

 

 

Una sola mujer adormecida

 

En tiempo húmedo y profundo eras más hermosa

En la lluvia desesperada eras la más cálida

En un día de desierto me parecías más húmeda

Cuando los árboles están en el acuario del tiempo

Cuando la mala cólera del mundo está en los corazones

Cuando la desgracia está cansada de tronar sobre las hojas

 

Tú eras suave

Suave como los dientes del marfil de los muertos

Y pura como el coágulo de sangre

Que salía riendo de los labios de tu alma.

 

En un tiempo húmedo y profundo el mundo está más negro

En un día desierto el corazón es más húmedo.

 

 

De Kirie (1938)

 

ADIÓS. Las tropas de cristal

La materia celeste

Se reunieron en lo alto del último día,

Las innumerables sombras de Elena viajan

En este país movidas por el aliento de Dios.

Todo es profundo todo es sin falta y cristalino

Todo es verde azul todo es alegre y azulino.

 

 

De  La virgen de París (1944)

 

TÚ QUE DUERMES fortalece la sangre de los amantes

Tú que velas libera de la sangre a los amantes

Un hombre es más divino que la guerra extranjera

Si guerreando se cambia en destrucción desnuda

Si muere para sus caminos de tierra y ya no es más,

 

Dios mío, qué infinito asilo serás para el corazón sin visión

Para la carne sin cara, para la muerte corporal y sin idilio.

 

 

De Diadema (1949)

 

A sí mismo

 

Ahora escribe para el cielo

Escribe para la curva del cielo

Y que ningún plomo de letra negra

Envuelva tu escritura

 

Escribe para el olor y el viento

Escribe para la hoja de plata

Que ninguna fea cara humana

Tenga mirada ni conocimiento ni aliento

 

Escribe para el dios y el fuego

Escribe para un amor en un lugar

Y que nada del hombre haya

En el vacío que una llama hiela.

 

 

De Oda (1950)

 

III

 

Diosa de lo bello te he vendido mi alma.

¡No impasible y helada! No inhumana y dorada

Sino como en la ardiente pintura,

La Dama de Misericordia abre hasta su propio manto a los arrodillados,

Así me has convertido en silencio; y entonces pregunté al infinito lechoso del cielo negro que eras

Adorable inconsciencia tocada y no tocada.

 

El número, el sagrado número de los signos y de las ondas resplandores y líneas,

El número del espíritu hablando, pues el espíritu sólo habla por números

¡El número del espíritu del umbral o número del espíritu que crea!

Te adoro oh furor adorador del Número

Espíritu del espíritu abierto creando más allá de la cifra

Número que formó la Palabra como un irrefutable viento de bronce

 

Y de abrirse aún, más allá, como una mujer en su zona de sombra;

Arte respirando con un viejo aliento de ciudad pero también arte derramado sobre formas de arcilla y de aguas madres

Belleza de un cerebro-laberinto y belleza de azul-meteoro

Aquí venido de las entrañas y de gemas líquidas y más henchido de cosas que la orquídea misma del sexo

Allá tan transparente como gélido aliento de invierno un monje deambulando mucho antes del alba.

 

 

De Lengua (1952)

 

AH, EL POETA escribe para el vacío de los cielos

¡Puro azul que el invierno no logra ver más! Escribe en la conjuración de los silencios de nieve, ¡en los ahogos de las fiestas falaces!, y en la carencia y en la opacidad, cada una de sus líneas es como si no estuviera (y su fino personaje, a la luz vestido, es como si no estuviera)

Y sólo en la conjuración secreta y admirable, véanlo defender sus amores extraños

Cuando en su lugar nadie tuvo coraje de amor

 

Entonces en la orilla negra de los fabulosos vientos y de los sueños de algas, y bajo el peso dulcísimo de tempestades de bruma

Encierra la palabra en la botella verde,

Campanas de desesperanza y de horribles grumos

Lanza a la ola superior una botella sin acción, sin fuerza y sin dirección que alcanzará el nivel de amor

Un día, fuera de toda belleza, de toda gloria, de todo día.

 

 

De Melodrama (1956-58)

 

Fénix (I)

 

Qué lentas las verdaderas estaciones y qué áridas las montañas

Qué presentes los hombres sin sentir el oleaje de su corazón

Cómo mueren unas en las otras las olas del mar

produciendo un fulgor en la cresta de las más ávidas,

El poeta escucha el Tiempo que inscribe junto a su corazón

los rasgos de una pluma de hierro

 

No es vuestro huracán, mortales enriquecidos de motores,

No es vuestra angustia vacía en busca del sol distinto de otra tierra

Ni vuestros discursos sin verbo ni vuestros moribundos calores,

Lo que él siente en el movimiento de las noches que acortan su dominio,

 

Sino cuanto lo lleva viviente, en el último día, a vadear un agua calma subterránea

Y lo que florecerá los árboles

y a su partida pulsará más locamente el arpa enorme de los vientos,

Y cuanto henchirá de amor el vasto pecho de la tierra

cuando la estrella azul de su muerte aparezca sobre la llanura,

Todo cuanto ha de ser siempre pensante, espejo cóncavo del firmamento.

 

 

De Prosas (1960)

 

Paisaje chino

 

Llueve sobre un lago, todo está borroso y detrás, sigilosamente, el trueno. Largas cintas sueltas deshilachan las rocas más duras mientras el agua está lisa como una virgen. Yo paseo una pena de varios siglos notando el aire vivo sin viento sobre mi cara.


No hay nadie en este país. Todo es aquí pérdida, fantasma, ausencia después de la muerte. Ni siquiera existe esa pena de la que hablé. Una vez más se trata de lograr que el terrible conflicto no mate al poeta.

 

 

De Memorias (1962-66)

 

COMPRENDERÁN MUY POCOS que el fuego de la carne

Y la blancura del cielo, el rechazo de la vergüenza

Y la tentación bienaventurada del deseo,

Se mostraron siempre bajo la misma luz

 

Se opusieron se amaron

Con igual cuerpo en tantas angustias

Sin que el pecado ni la loca esperanza

Cedieran al adversario algo de sus fuerzas sagradas.

 

 

 

 

PIERRE-JEAN JOUVE

 

(Arras, 1887 - París, 1976) poeta y novelista francés. Estudió matemáticas y derecho. En 1906 fundó en Lille la revista Les Bandeaux d’Or. De 1911 a 1913 adelantó estudios de Filosofía en Poitiers. En sus inicios hizo parte del unanismo francés, junto a autores como Jules Romains, Charles Vildrac y Georges Chennevière. Posteriormente, renegó de sus primeros versos, tradujo al francés Poemas de la locura de Hölderlin y Romeo y Julieta de Shakespeare, y comenzó a publicar sus primeras obras: Las nupcias (poesía), Paulina (Novela).

 

 

Obras

 

Las nupcias (1925-31)

Sudor de sangre (1933-35)

Materia celeste (1936)

Kirie (1938)

La virgen de París (1944)

Diadema (1949)

Oda (1950)

Lengua (1952)

Melodrama (1956-58)

Prosas (1960)

Memorias (1962-66)

 

 


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