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29 Feb 2016 / 11:39 am

 

Nota y Selección por Jorge Valbuena

 


En la Poesía de Sandra De la Torre Guarderas (Quito, 1971) se precisa un rigor en la exploración del instante, se asigna un sentido a la multitud de las cosas, a los seres que son los objetos cuando los inventamos en nuestros sentidos y los enseñamos a sentir hasta perderlos de vista en nuestro abandono. Así el lenguaje en su voz se torna una suma de ecos que se enlazan con los latidos, las huellas, los rostros, los presagios, las caricias. Versos aparentemente en calma, como mirar a la línea de un océano, de repente el vértigo nos salva. Aquí una selección de poemas de su libro El hueco en el zapato, que mereció el Premio Paralelo Cero en el año 2012; y tres poemas inéditos.  

 


FUGA

Con el empeine arqueado
se desliza
           punta         talón
                     punta  talón.

La posee
        una música interna
 se entrega al remedo
         del cisne en el lago.

Ágil
      no alcanza a traducir
             el ímpetu del deseo.

Gira torpemente
                 ensaya un relevé
   despega.

Pajarilla sin alas
extiende su ficción al viento
con el empeine arqueado
       cruza airosa
                            la calzada.

De: El Hueco en el zapato (2012)

 

 

CUARENTA barrotes menos uno
escapan trinando con el viento
van a empollar memorias
en Cabo Pasado.

Brillan sus cuerpos metálicos
sobre la última montaña.

Mis ganas de volar
atardecen.

De: El Hueco en el zapato (2012)

 

DE LIRIOS

El ramo en el centro
su aroma infecta
cada escondrijo.

La madre los cultiva
al servir el almuerzo
abona la guerra
advierte
muecas floreciendo
en sus capullos.

Todos tragan
la sopa de espanto
contienen el habla
                   el gesto.

Ella
levanta la loza
tiembla
                   podando.

Secos
                   los hijos
esconden sus rostros
        los rastros                
                  las hojas.
       
Macetas floridas
atestan ventanas
                      repisas
                 memorias.

Demasiados
           los almuerzos
vividos en la casa
sin ramos de rosas
solo
                     delirios.

De: El Hueco en el zapato (2012)

 


FIEBRE

Roce (pla)tónico
en el umbral de los labios

(des)pedirse
con las manos ardientes

(trans)formar
esculturas en arena

(des)vestirse
del olvido

(pre)sentir
 la (de)cadencia de las hadas

(des)esperarse en la calle sombría
(trans)portándose a la altura
(inter)cediendo un poco más
hasta que se (tras)toquen
los (anti)cuerpos
y estalle
                                la fiebre. 

De: El Hueco en el zapato (2012)

 


FONDUE

Su aroma me toca.

Lo imagino
       jugando en mi lengua
            embarrándome
  de maravilla.

Un fluir negro
se excita a fuego lento
                      me bulle.

Son ganas
                   que no pasan
                aunque paso
                             de largo
 con los ojos bien cerrados
                           viendo
                          lo invisible.

De: El Hueco en el zapato (2012)

 


ESPEJOS

Evadió esa mirada violenta y corrió al reflejo de la ventana. Su rostro era tan dulce como antes.  La imagen fue empañándose con la pena hasta perderse. Y entonces los cuernos, las alas le brotaron lentamente. Empezó a elevarse seducida por el vértigo. Sus uñas marcaron surcos rojizos en brazos y piernas.  Detrás del vidrio, el viento.

De: El Hueco en  el zapato (2012)

 


VÉRTICE

Escucho en la caracola
la contrariedad de las olas en desbandada
recuerdos pájaros batiéndose en el vaho.

Hierve
       se multiplica
       el rugido en el hueco insondable
bailan las dudas y las parcas
dientes del infierno
                           sus zapatillas.
                                        
La certeza
       parece aflorar en el fondo
el león se ha dormido
la caracola vuelve a la repisa.

Vibra en la repisa
              en la oreja
               feroz  siempre
                                       feroz
no hay fondo.

Se arremolina Láquesis en puntas
devanando el hilo con urgencia
cantan las dudas su opereta
en el nácar de mi oído
                                incansables
celebra Cloto
Átropos
       tijeretea  el viento
braman los aplausos
silba la cuchilla
       en el mar íntimo de la caracola.

De: El Hueco en el zapato (2012)

 


INTACTO

Miro
la casa de mi niñez
la certeza
tapizando los muebles.

Toco el terciopelo
        no veo mis manos.

Me busco a tientas
            aunque hay luz

cierro los ojos
                     tinieblas
los abro
                  el viejo tapiz.

La vida se vuelve
un querer encontrarme
      otra vez
                 con mis manos.

De: El Hueco en el zapato (2012)

 


SAL DE AQUÍ

Ni en la carne humeante
ni en el rábano recién tajado
ni en limón o aceite
puedo disolverme
adherirme
no penetro por sus poros
en vano escarbo el sabor.

De: El Hueco en el zapato (2012)

 


CIUDAD A PIE

Avanza en tacones bulliciosos, el paso firme, la piel tostada por el sol vertical, pasa como flecha destructora, una monja con hábito, cruz enorme al cuello, pingüino exótico en extinción, tu amor fue un encebollado sin pescado, pasajes a la mano, pare bien, asfalto roto, polvo, charcos, gritan, hacen el amor en la pared, gotas frías, la voz del viento,  María no pidas piedad en el monte, luz roja, gimen neumáticos, una cebra en el paso, la acera dormida al lado del  borracho, nubes negras arriba y abajo, éste tan es demás, ¿qué verde le daría a la hembra?, oscuro para los matorrales, claro en las copas de los árboles, difumina la cascada, a diez dólares la obra, adoquines, hamburguesas del cholo, siga por el medio.

 

De: El Hueco en el zapato (2012)

 


DORMÍA
el pulso en ralentí bajo la piel antártica
las manos en cruz sobre el pecho
como el escarabajo bocarriba de Szymborska
con esa sonrisa que ignora el devenir
los pies juntos, libres del acoso de sus huellas

Dormían las ramas, las hiedras, las amapolas
a pierna suelta, con desenfado silvestre
cien años, cien bosques, siempre
dormía el castillo sin el chistar de las puertas
ni el rubor de la estufa o el tic de las horas

Dormían los pajes, los reyes, el centinela
dormía su ansia en el fondo del pozo

Y ese endiablado galope tronó en la calma
destejiendo telarañas hasta la última alcoba
besó la Poesía los labios inmóviles
y nunca más nadie pudo dormir.

De “Andinismo en la Azotea” (inédito)



CUERPO OPACO

Riego la sombra que crece en mi jardín
sus hojas morenas provocan al viento 
besa su tallo el suelo humedecido

No la sembré yo
acaso su semilla vino del sur
donde germinan más fértiles los espectros

Qué feliz se ve bajo el alumbrado público
rendida su negrura a los dedos de la neblina
bailando un andarele con el agua del grifo

Mis ojos se mecen en sus hojas
se duerme mi noción de estar despierta
olvido la sed del jardín
bebo la sombra de esa sombra que baila al viento
me sacio de tiniebla
soy la tiniebla que florece con el toque del agua

Pero qué triste me mira
triste y sediento me mira el bambú
que se interpone en el sagrado cauce de la luz.

De “Andinismo en la Azotea” (inédito)


ME CALZO LOS CRAMPONES
me enguanto me encordo
abotono la gana de romper el viento
hundo mi pie en la pared resbaladiza
llora el enlucido lágrimas de yeso
avanzo a la primera ventana
el cristal me retrata antes de retractarme
me aferro a la cuerda como péndulo de reloj
una queja se desmorona entre los escombros
que caen sobre los transeúntes
que alzan a ver mi contorsión ascendente
que alzo a ver en el cristal de la tercera ventana
repitiéndome en la retina del rascacielos
cierro los ojos para no repetirme en mi retina
resbalo medio metro no es nada
siento el vértigo aunque no el verdadero
oigo caballos de fuerza en el pavimento
aspiro demasiado aire demasiado poluto
recupero altura pierdo sudor en el quinto piso
mi quinto reflejo dice que soy un guiñapo agazapado
sonrío y saludo por si alguien dispara
incrusto las uñas en las rendijas
soporto la gravedad de la ley
no muy lejos no tan fría ni tan blanca está la cima
acampo un rato en la cornisa
la alfombra de Aladino se sacude en el piso dieciséis
su porquería llueve sobre mí en avalancha
evado el polvo en un balanceo suicida
soy un péndulo desbocado marcando las doce
me estabilizo estiro el brazo toco el aire
no hay más pendiente
solo una cima plana hecha de puro concreto.

De “Andinismo en la Azotea” (inédito)

 


***

 


SANDRA DE LA TORRE GUARDERAS - Quito, 1971. Poeta, editora, guionista y realizadora audiovisual. Estudió comunicaciones en University of Nothwestern, de St. Paul, Minnesota. En 1998, Integró el Taller literario de poetas jóvenes de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Más tarde ejerció su oficio en los talleres literarios de FLACSO Ecuador y Palacio (I)caza de Palabras de la Universidad Andina Simón Bolívar. Es cofundadora de Editorial Rascacielos. Su ópera prima en el género lírico, El hueco en el zapato, es Premio Nacional de Poesía Paralelo Cero 2012. Es coautora del poemario infantil “Cuando cierro mis ojos”, 2013.

 


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