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31 Ene 2016 / 19:56 pm

 

Selección y nota de Nicolás Forero Olaya

 

De los mejores poetas polacos que ha dado el siglo XX, Zbigniew Herbert (1924–1998) destaca por entregarle al mundo la poesía de un hombre que es uno solo en todas sus facetas. Una poesía que nos recuerda lo inútiles que son las palabras para nombrar y evocar intacto todo lo que los objetos guardan para nosotros; una poesía que nos enseña que la historia de la humanidad ha sido «sólo nacimiento y muerte» y que, sin embargo, los más bellos deseos del hombre, sus sueños, no han podido ser humillados. Una poesía en la que figuran personajes propios de su ideal estético y que son recurrentes en muchas de sus obras: hermanos llegados de la guerra, con abismos bajo la frente; mujeres que vacilan entre entregarle afecto o no a un jóven soldado; algún profesor de antaño, asesinado en el segundo año de la guerra; Calígula, el Divino Claudio, Procusto y otros nombres de la tradición para sugerirnos que viven aún entre nosotros los continuadores de sus ideas. Pero es Don Cógito, el personaje creado por su ingenio, el que más sobresale: aparece para recordarnos lo que ha vivido el poeta y el pueblo polaco, los sentimientos de indignación y los deseos de hacerle frente en una batalla desigual al monstruo que ha situado una ciudad, un país que el poeta añora. La poesía de Herbert no sólo es la poesía de un hombre que camina «erguido entre los que están de rodillas» –como ha sugerido Xaviero Ballester, citando al mismo poeta–, es la poesía, también, de un hombre enteramente comprometido.

Los poemas que se presentan a continuación han sido tomados del libro Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas (1993), de Ediciones Hiperión, cuya traducción y presentación estuvo a cargo de Xaviero Ballester.

 

 


NUNCA DE TI

 

NUNCA de ti me atrevo a hablar
inmenso cielo de mi barriada
ni de vosotros tejados que contenéis la cascada del aire
bellos aterciopelados tejados cabellos de nuestras casas
callo también de vosotras chimeneas laboratorios de la tristeza
abandonadas por la luna estirando vuestros cuellos
y de vosotras ventanas abiertas-cerradas
que os resquebrajáis de través cuando morimos en ultramar
 
Ni siquiera describiré la casa
que conoce todas las fugas y mis retornos
aunque pequeña es y no abandona a mi párpado cerrado
nada devolverá el aroma de la cortina verde
ni el crujir de la escalera por la que traen una lámpara encendida
ni de la fronda sobre el portón
 
Querría en verdad escribir sobre el picaporte de la cancela de esta casa
de su apretón áspero y su amistoso crujir
y aunque de él sé tantas cosas
repito sólo la cruelmente común letanía de las palabras

Tantos sentimientos caben entre un latido y otro
tantos objetos es posible asir con ambas manos
 
No os sorprendáis de que no sepamos describir el mundo
tan sólo hablamos a las cosas con ternura por su nombre de pila

(1957)

 

 

EL DE CIENCIAS NATURALES

 

NO puedo recordar
su rostro

estaba de pie frente a mí en lo alto
al final de sus largas piernas separadas
veía
su cadenita de oro
su gris levita
y su flaco cuello
al que estaba prendida
una inerte corbata

fue el primero que nos enseñó
el anca de una rana muerta
que pinchada con un alfiler
violentamente se contrae

él nos introdujo
a través de un microscopio dorado
en la vida íntima
de nuestro bisabuelo
el paramecio

trajo un obscuro grano
y dijo: cornezuelo

instigado por él
en el décimo año de mi vida
fui padre
cuando tras una tensa espera
de una castaña sumergida en el agua
apareció un brote amarillo
y todo estalló en canto
alrededor

en el segundo año de la guerra
mataron al de ciencias
los malandrines de historia

si es que fue al cielo–

quizá camine ahora
sobre largos rayos
vestidos con grises medias
con una enorme red
y una caja verde
alegremente bamboleándose a su espalda

pero si no se fue allá arriba–

cuando en el sendero del bosque
encuentro un escarabajo encaramándose
a una pelotilla de arena
me acerco
me cuadro
y digo:
–buenos días señor profesor
permítame ayudarle

lo transporto delicadamente
y me quedo mirando un rato
hasta que desaparece
en la obscura sala de profesores
al final del corredor de hojas

(1957)

 

 

EL TRENO DE FORTINBRÁS

para M. C.

 

AHORA que nos hemos quedado solos podemos hablar príncipe
   de hombre a hombre
aunque yaces tendido en la escalera y ves tanto como una hormiga muerta
es decir un negro sol de rayos quebrados
Nunca pude pensar en tus manos sin una sonrisa
y ahora que yacen sobre la piedra como nidos derribados
están tan indefensas como antes y es este precisamente el final
Las manos yacen aparte La espada yace aparte Aparte la cabeza
y los pies de caballero en blandas pantuflas
Tendrás un funeral militar aunque no fuiste soldado
es el único ritual con el que estoy algo familiarizado
No habrá cirios ni cantos sino mechas y estruendo
el crespón negro arrastrado por el empedrado yelmos herradas
botas caballos de artillería redobles redobles lo sé nada del otro mundo
serán mis maniobras antes del traspaso de poderes
es preciso agarrar a la ciudad por el pescuezo y sacudirla un poco

Antes o después tenías que morir Hamlet no estabas hecho para la vida
creías en ideas de cristal y no en la arcilla humana
vivías en continuos calambres como en un sueño cazabas quimeras
con voracidad masticabas el aire y al punto vomitabas
no sabías ninguna cosa humana ni siquiera respirar sabías

Ahora tienes paz Hamlet hiciste lo que te correspondía
y tienes paz El resto no es silencio sino que me pertenece
elegiste la parte más fácil la estocada efectista
mas qué es una muerta heroica frente al eterno velar
con la fría manzana en el puño en el sitial alto
con la vista sobre el hormiguero y la esfera de un reloj

Adiós príncipe me espera un proyecto de alcantarillado
y el decreto concerniente a prostitutas y mendigos
debo también idear un mejor sistema de prisiones
ya que como con razón observaste Dinamarca es una prisión
Parto hacia mis asuntos Hoy en la noche nacerá
la estrella Hamlet Ya nunca nos encontraremos
lo que tras de mí quedará ya no será materia de tragedia alguna

Ni darnos la bienvenida ni el adiós vivimos en archipiélagos
y estas aguas estas palabras qué pueden qué pueden príncipe

(1961)

 

 

QUÉ PIENSA DON CÓGITO DEL INFIERNO

EL más bajo círculo del infierno. Contra la opinión generalizada no lo habitan ni déspotas, ni matricidas, ni quienes rondan tras el cuerpo ajeno. Es el asilo de los artistas, lleno de espejos, instrumentos y retratos. A primera vista, la más confortable sección del infierno, sin alquitrán, fuego o torturas físicas.


Todo el año se celebran aquí concursos, festivales y conciertos. No hay temporada alta. El lleno es permanente y prácticamente absoluto. Cada trimestre surgen nuevos rumbos y, según parece, nada está en disposición de detener el triunfal avance de la vanguardia.


Belcebú ama el arte. Jáctase de que sus coros, sus poetas y pintores ya casi sobrepujan a los celestes. Quien tiene el mejor arte, tiene el mejor gobierno –por supuesto. Pronto podrán medirse en el Festival de los Dos Mundos. Y entonces veremos qué queda de Dante, Fra Angélico o Bach.


Balcebú apoya el arte. Asegura a sus artistas paz, buena pitanza y estricto aislamiento de la vida infernal.

(1974)

 

 

SEQUOIA


GÓTICAS torres de acículas en el valle del torrente
no lejos de Mount Tamalpais donde al alba y al atardecer
densa la niebla como oceánicos ira y arrobamiento
en esta reserva de gigantes enseñan un árbol cortado
        éneo tocón de Occidente
de vetas desmesuradamente regulares como círculos en el agua
y algún perverso inscribió aquí las fechas de la historia humana
a una pulgada del centro del tocón el incendio de la lejana Roma de Nerón
en la mitad la batalla de Hastings la expedición nocturna de los drakkars
el pánico de los anglosajones la muerte del desdichado Hárold
está referida con la ayuda de un compás
y finalmente aquí en la orilla de la corteza el desembarco de los aliados en Normandía

El Tácito de este árbol era un geómetra no conocía adjetivos
no conocía la sintaxis que expresa terror no conocía ninguna palabra
así que contó añadió años y siglos como queriendo decir que no hay
nada salvo nacimiento y muerte nada sólo nacimiento y muerte
y en el interior la cruenta pulpa de la sequoia


(1974)

 

TONADA DE DON CÓGITO

VÉ donde fueron aquellos hasta el linde oscuro
tras el vellocino de oro de la nada tu último premio

vé erguido entre los que están de rodillas
entre los que vuelven la espalda y los derribados en el polvo

te salvaste no para vivir
tienes poco tiempo has de dar testimonio
sé valiente cuando la razón desfallezca sé valiente
en el cómputo final esto es lo único que cuenta

y qué tu ira impotente sea como el mar
cada vez que escuches la voz de los humillados y los golpeados

que no te abandone tu hermano el Desprecio
para los delatores verdugos cobardes –ellos vencerán
irán a tu entierro y con alivio arrojarán un terrón
y la carcoma escribirá tu biografía retocada

y no perdones en verdad no está en tu poder
perdonar en nombre de los traicionados al alba

guárdate sin embargo del orgullo innecesario
contempla en el espejo tu rostro de bufón
repite: fui reclutado –acaso no había mejores?

guárdate del corazón árido ama la fuente matinal
el ave de nombre desconocido el roble invernal
la luz sobre el muro el esplendor del cielo
ellos no precisas de tu cálido aliento
existen para decirte: nadie te consolará

vigila –cuando la luz en las montañas dé la señal– levántate y vé
mientras la sangre haga girar la estrella obscura en tu pecho

repite las viejas maldiciones de la humanidad los cuentos y leyendas
pues así conquistarás el bien que no conquistarás
repite las grandes palabras repítelas con terquedad
como quienes marcharon por el desierto y murieron en la arena

y por ello te premiarán con lo que tengan a mano
con un azote de sonrisas con un homicidio en el basurero

vé pues sólo así serás aceptado en el círculo de las frías calaveras
en el círculo de tus antecesores: de Gilgamesh Héctor Roldán
de los defensores del reino sin linde y la ciudad de las cenizas

Sé fiel Vé

(1974)

 

 

DON CÓGITO SOBRE LA POSTURA ERGUIDA

 

1

EN Útica
los ciudadanos
no quieren defenderse

en la ciudad estalló la epidemia
del instinto de conservación

el templo de la libertad
se trocó en rastro

el senado delibera
cómo no ser senado

los ciudadanos
no quieren defenderse
asisten a acelerados cursillos
de genuflexión

pasivos esperan al enemigo
escriben aduladores discursos
entierran el oro

cosen nuevos estandartes
inocentemente blancos
enseñan a los niños a mentir

abrieron las puertas
por las que ahora penetra
una columna de arena

por lo demás como de costumbre
comercio y copulación

 

2

Don Cógito
querría estar
a la altura de las circunstancias

esto es
mirar al destino
directamente a los ojos

como Catón el Joven
mirad en las Vidas

no tiene sin embargo
espada

ni ocasión
para enviar a su familia a ultramar

espera pues como los demás
pasea por la insomne habitación

contra los consejos de los estoicos
querría tener el cuerpo de diamante
y alas

mira por la ventana
cómo el sol de la República
se aproxima al ocaso

le quedó poco
en realidad sólo
la elección de la postura
en la que desea morir

la elección del gesto
la elección de la última palabra

por esto no se tiende
en el lecho
para evitar
ser estrangulado mientras sueña

querría hasta el final
estar a la altura de las circunstancias

el destino le mira a los ojos
en el lugar donde estaba
su cabeza


(1974)

 

 

EL MONSTRUO DE DON CÓGITO

 

1

DICHOSO San Jorge
desde su cabalgadura
podía ponderar con precisión
la fuerza y movimientos del dragón

el principio básico de la estrategia
es la exacta valoración del enemigo

        Don Cógito
        se halla en peor posición

        se sienta en la baja
        silla de un valle
        cubierto de una espesa niebla

        en la niebla no hay forma de percibir
        los relampagueantes ojos
        las voraces garras
        las fauces

        en la niebla
        sólo se ve
        el destello de la nada

                       el monstruo de Don Cógito
                       carece de dimensiones

es difícil describirlo
escapa a las definiciones

es como una enorme depresión
extendida sobre el país

no se deja atravesar
por una pluma
por un argumento
por una lanza

si no fuese por su peso sofocante
y la muerte que produce
uno creería que es una alucinación
una enfermedad de la imaginación

pero existe
con certeza existe

como monóxido de carbono llena herméticamente
casas templos bazares

envenena los pozos
destruye la construcción del pensamiento
cubre el pan de hongos

la prueba de la existencia del monstruo
son sus víctimas

es una prueba indirecta
pero suficiente 

 

2

gente sensata dice
que es posible convivir
con el monstruo

sólo hay que evitar
repentinos movimientos
repentinos discursos

en caso de amenaza
adoptar la forma
de una piedra o de una hoja

hacer caso a la sabia Naturaleza
que aconseja mimetismo

no respirar profundamente
pretender que no existimos

            A Don Cógito sin embargo
            no le agrada vivir como un farsante
           
            querría luchar
            con el monstruo
            en tierra firme

            sale pues al amanecer
            hacia somnolientos suburbios
            previsoramente equipado
            con un largo objeto punzante 

va llamando al monstruo
por las calles vacías

insulta al monstruo
provoca al monstruo

como arrogante duelista
de un ejército inexistente

grita–
sal despreciable cobarde

en la niebla
sólo se ve
el enorme hocico de la nada

             Don Cógito quiere entablar
             una batalla desigual

             debería tener lugar
             posiblemente pronto

             antes de que sobrevenga
             un sucumbir por inercia
             una vulgar muerte innoble
             un estrangulamiento por informidad 

(1984) 

 

 

***

 

NICOLÁS FORERO OLAYA. Nació en 1993 en la ciudad de Bogotá. Terminó su escolaridad en el año 2011, y actualmente es estudiante de la Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá.

 


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