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28 Ene 2016 / 23:00 pm

GOOD BYE LENIN

De niño algunas veces jugaba a ser cosaco.
otras veces retozaba como Konsomol o cosmonauta.

Así transcurrió la infancia:
guerras del Zar
en un patio sin nieve ni abedules,
ni estepas ni pueblos incendiados.
A veces era Kasparov o el osito Misha
y recreaba historias de amor en el transiberiano.

La voz del padre daba cuenta de Matrioskas y samovares
y del mausoleo de Lenin bajo una luz ultravioleta.
De los monumentos a Puskhin y Máximo Gorki
y de las noches blancas de Leningrado.

Era el verano de 1985
y por onda corta hablaron de la perestroika.
cambiaron los coros del ejército rojo por canciones de U2
relatos de pioneros por un incendio en Chernobil.

Y no volvieron los cosacos, ni los konsomoles,
ni los cosmonautas a mi cuarto
en aquella noche en que mi madre me daba las buenas noches
en voz baja para no despertar a toda la casa
mientras apagaba para siempre
la última luz de mi infancia.

Federico Díaz-Granados


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