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26 Ene 2016 / 13:12 pm

 

El escritor colombiano Fredy Yezzed, nos presenta una selección de poemas del libro Remanencia del joven poeta David Marín-Hincapié (Buga, 1990). Con este libro fue merecedor del Premio de poesía Joven (2014) del Festival Internacional de Poesía de Medellín.


Remanencia

 

Lo irreal intacto en lo real devastado.
René Char

 


VERANO

 


I


Después de largas vigilias han bajado de los montes. Quieren sumergirse en el agua, que la luz los roce tan pronto despunte la claridad. Quieren apaciguar la sed devorando moras y arándanos, frutillas del bosque que han brotado en la duración de la lluvia. Ignoran que se alejan cada vez más. Que la renuncia al deseo es su destino inaplazable. Llegarán pronto al olvido.

 


II


Tornan al temperamento del verano. Encuentran agilidad en los cuerpos y beben la fertilidad del río. Hay un color en el que condescienden con el placer y adoptan la claridad. Son semejantes al pájaro que el sol hincha y prepara para la sumisión en el gozo del canto. Están paseando bajo la prueba del encantamiento.

 


III


Bordean el lago. Advierten que es el verano de los nacimientos. Una música de pájaros los conduce al interior de los frutos. Están presos en la locura de los hongos. Ni siquiera el aroma del rosal ocultará el detritus para el que están destinados. No saben que cosechan la traición.

 


IV


¿Cómo pueden mirarse con indiferencia un par de animales sosegados? ¿Cómo pueden suponerse colmados dos cuerpos a los que se les impone la transparencia de unos labios expertos en vértigos y desapariciones? Han morado lo suficiente en el deseo como para olvidarse. Pueden escapar a la opacidad de una noche, y luego sobreponerse a la fugacidad. Pueden dejarlo todo, sumidos en el residuo de un cause blanco entre las manos. Que la humedad preserve esta serenidad de los cuerpos y que no se extinga la luz en la posterioridad de la eyaculación.

 


V


Todo deseo se ha extinguido. Cada cuerpo reclama para sí la exhumación. Antes podían atravesar a ciegas un cuerpo desconocido, beber las formas del labio, deleitarse en el misterio de los contornos. Ya no responde igual la piel a las manifestaciones de la luna en la penumbra. Animales cerrados a un verano lleno de trasparencias y frutos a punto de caer. Animales cautivos en el peso del plomo y la angustia de saberse plenos. ¿Cómo insisten en avanzar a la luz que es ahora una presencia frugal?

 


VI


Para regresar al bosque les han dado un par de piedras, un sendero de hierbas maltratadas, un río exacto en rumores y las vibraciones de la luz. Irán sordos ante los designios de los pájaros y avanzarán silenciosos en la pureza del color y se entregarán a las dádivas del verano. Después, acogerán la marca de un ardor en las dos manos con que se aferran. Y por el temor con que fueron rodeados, no les resultará distante este estigma ante el abandono.

 


VII


Han sido tragados otra vez por la oscuridad. Y son pacíficos ante las fieras nocturnas. Ya se reconocen en el nombre impuro de las traiciones. Los aromas en los que consultan la nostalgia es materia aborrecible. Se dejarán seducir por las palpitaciones del bosque como lobos que cohabitan la irritación. Indiferentes al oxido y al olvido, de la verdad solo conservan la lágrima.

 


VIII


Lo que tenían por decirse está clausurado por ciertas heridas. No eran acusaciones bajo la intemperie. No eran inscripciones bajo tantos sueños muertos o entre sombras que presagian las trasparencias. No era la invasión de la memoria como un grito que atraviesa el umbral y escarba la señal de la locura sobre el rostro. Eran caudales internos. Era algo semejante al desgarro de la luz en el fondo de las entrañas.

 


IX


Nombrar este abrazo es cargarlo de aromas innecesarios. Pueden justificar el transcurrir de las horas y recoger el calor en sus vientres y alentar un sabor dulce en los dedos. Son ya animales ínfimos en la mansedumbre y han visto desaparecer un ciervo herido en el interior del bosque. Las palabras han penetrado como sombras extraviadas. El temor acrecienta esta docilidad. Ahora el fulgor de dos cuerpos reposa como estampas vagas en la noche.

 


X


Desnudos. Tienen los ojos blancos y es casi como abrazar la lengua de un muerto. Vienen manos cubiertas por el terror y se adentran por túneles irreparables bajo la herrumbre. Temen. Es una soledad sucia en la que tiemblan los residuos de la memoria. No hay palabras ante la destrucción. Esta desolación inefable endurece las bocas.

 

Homenaje a Egon Schiele

Medellín, septiembre de 2014

 


David Marín-Hincapié (Colombia, 1990) Escritor y profesor universitario. Realizó estudios de literatura en la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros Abro la noche (2011, Beca de Creación Alcaldía de Medellín - Fundación Arte y Ciencia) y Remanencia (2014, Corazón Negro Editores). En 2014 el Festival Internacional de Poesía de Medellín le otorgó el Premio de poesía Joven por su libro Remanencia. Actualmente se desempeña como docente de la Red de Escritores Ciudad de Medellín y realiza estudios de Arte en el Taller del maestro Samuel Vásquez.

 


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