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30 May 2015 / 15:48 pm

 

«Fue necesario afectarse y luego hermanarse a la vitalidad del sol, a lo permanente de la muerte. Sospechar que algo nos recorre por igual. Con cada muerto, la muerte es nueva. El sepultado se hace urgencia de recuerdo, así germina este poemario. El corazón es huérfano hasta que encuentra a ese otro que es el amigo-hermano, para no volverse a pensar sin morada, es todos los amigos o amigas entrañables “mi aliento yace en tu aliento”». -Ariela Córdova Herrera. Chile. Comentario sobre Hermana sol Hermana Muerte.

«Los Días de la Aldaba. La puerta cerrada y la llave rota, supuestamente dentro del llavín, nos impiden salir a enfrentarnos con la vida, que es el fragor cotidiano, permite sentarnos en la butaca preferida, donde el sol se proyecta sobre el hombro izquierdo. Su lectura es como mirar un cuadro abstracto, provoca sensaciones, recuerdos difusos, percepciones particulares para cada lector. Las palabras como pájaros escapados de su jaula de papel, parten hacia la nada, hacia lo ignoto y, aunque uno insiste en atraparlos y hacerlos suyo, se alejan y se acercan con sus cantos sonoros y sus silencios al batir de las alas.» -Emilio Comas, La Habana 15 de enero de 2015.

« …en el mudo de este pueblo por Dios olvidado, de cuartos condenados por una terrible aldaba, en este mundo, todo está permitido, menos los besos, porque los besos están hechos para quien ama, para quien ansía morir en el éxtasis. Pero aquí reinan los días de la aldaba. Aquí, los besos están prohibidos. Pero así como en la sexta sinfonía de Beethoven, sobre los iluminados campos de trigo y amapolas, de pronto se escuchan los truenos que anuncian la tormenta, también en la poesía de Marcos Rivadeneira Silva, aparece cierto viento de calma, de esperanza:

“Me urge tu cabello

Sobre el rostro húmedo indiferente

Cabello de viento que galopa en el sentido de los pájaros”.

“Tormenta
Mañana habrá tormenta

Toma mi mano”».

-Ivan Oñate en la presentación del libro los días de la Aldaba de Marcos Rivadeneira Silva.

 

 

 

 

Los días de la aldaba

 

1

 

                   Junto a su sexo me entregó la mitad de la tierra cuando deshace su mortaja la neblina. La tierra sale a flote con sus luces escondidas en la hojarasca, la que recibe el rocío mientras los cuerpos descansan.

                   Junto a su sexo me regaló la mitad del aire con su presentimiento de zozobra, el aire que acongoja las flores en portales o ventanas. El que trasnocha con árboles y sacude la oscuridad con impaciencia.

                   La tierra misma se estremeció con sus caderas en esa época. Y tembló así telúrica en marzo de 1987. Algunas casas cayeron y las iglesias del centro histórico dejaron ver sus interiores virginales.

                   Yo surgí de mujer como confesión de pecado, igual afloraron los vestigios arqueológicos así desprendidos de toda vestimenta. Una veta en la superficie terrestre fui. Yo que surgí del modo como nacen las canciones, aun espero el significado de la mancha de tinta en los papeles.

                   Con su sexo propagó en mí un bagaje de ensueños, de promesas que se deja en el tintero con el tiempo en contra, afirmaciones instintivas y pensamientos ocultos. Detrás de la puerta, una tarde, llegaron las mentiras con todo su bagaje, no timbraron, no pidieron permiso, no anticiparon, simplemente se instalaron en mitad de la cama.

                   Llegó el día en que tuvo que partir. Y aún tenía su sexo fortuito en mi olfato y aún tenía las manos llenas con sus gemidos, me dejó atado a una silla de mentiras y sin catálogo de supervivencia. 

                   Junto a su sexo aprendí la vida que apura, la del organillero con malabares de mono capuchino. La del hierro que forja espadas para la guerra. La del campesino que cuida ovejas negras bajo la luna. La del eco que se atora en los barrancos. La del monte que bebe las verdades bajo sus pies, todos los días sin feriados.

                   Junto a su sexo aprendí a descoserme de mi cuerpo, a ser un ente metafísico en soledad, a mirar desde los balcones la monotonía y llegué a ser el capitán de los mensajeros con medalla de papel aluminio.

                   Desde su sexo encendí las heridas, cautericé con hierro fundido los sumideros de despojos. Y su mirada se abrió como capitán en avanzada, fundadora en indias, descubridora del agua torrente en ríos escondidos. Con su cabello coreaba canciones de sonajeros. Y con su sexo se fundó los poblados, se concibieron herederos y establecieron casas grandes, caballerizas y pocilgas.

 

 

De: Los días de la Aldaba la Habana 2015

Primera parte de tres.

 

 

 

 

* * *

 

 


No se olviden de los geranios

 

 

 

 

Tengo una santa a la que abrazo

cada sábado de gloria con las alas de los vientos grises

 

La santa no es una mártir, no es una tormenta de arena

es un refugio blanco como blanco es el fondo del féretro

blanco mullido de tafetán de novia

féretro es la casa donde me amparo del aullido de las ballenas en celo

féretro es la cama de dos plazas con sirenas aladas de mis cuentos

donde muero cada día

donde despierto

 

Tengo una santa a la que abrazo

cada sábado de gloria con las alas grises

las alas son extensiones del sistema nervioso que brotan en mi alma

robadas a los caídos

arcángeles o cupidos muertos

 

Tengo muchos secretos de gente corriente

grabado en borrador de tiza

Algunos guardados en papel cuadriculado

Las historias ocultas en el invernadero de la abuela

o los apuros forzados detrás de la puerta

 

He vivido con este cuerpo relatando historias

para sorprenderme con el sonido de la voz.

 

No me gusta mi voz

es un sonido burdo

me hubiera gustado ser más sutil

no sé… femenino

 

Mi voz es una jauría de lobos al acecho

mi voz es una mezcla de medicamentos

que asoman la mirada por un agujero

es una muestra de aciertos

de gemidos y ladridos rudos

Mi voz tiene máscara de carnaval veneciano

cartón pintado adornado con plumas

ocultando siempre algún misterio

 

De vez en cuando tengo necesidades

me asocio con prostitutas

o voy a algún bar a leer poesía

a veces tengo necesidades que no tienen que ver con las compañías

he sabido jugarme en las mesas verdes

perdiendo siempre la dignidad

 

Yo seguiré siendo el mismo

Sí no me encuentro (saben ustedes) estaré

recostado en algún refugio blanco de nubes migratorias

donde se dibujen canciones níveas

y se escuchen verdades murmuradas entre truenos

de madrugada

 

Por los senderos temprano rodarán

todas las malas ideas que nunca se concretaron

los proyectos labrados con las manos

donde pusimos todo el ser (no solo el alma)

y que nunca conseguimos ni una palabra de ánimo

solo caricias de consuelo

 

Quiero seguir arando la tierra de los niños

donde vuelvan a sus andamios para ver crecer

tréboles y colmenas de miel y arrullos con besos

 

descubriendo sobre la hierba

los nidos abandonados

los pichones con remedos de plumas

que se avientan agitando las dudas

 

antes que me vaya

No se olviden de los geranios

-      no se olviden de los geranios –

 

 

De: Los días de la Aldaba, la Habana 2015.

 

 

 

 

 

 

Desobediencia o (América)

 

                        Vengo de una tierra de profetas que leen el futuro en el oráculo de una silueta desnuda. Vaticinan el porvenir en el espejo de cuerpo entero de cualquier habitación. Vengo de una tierra comprada con pedazos de vidrios de colores. Donde los chicos fundan castillos de arena para rescatar damiselas de los cangrejos y esconderse de las olas del atardecer bajo las tablillas de espuma flotante.

                        Vengo de una ciudad cercada por un coro de barcos que protegen los amores perdidos. Mi tierra es verde y contigua al estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía creada en 1516. Vengo de una tierra ajena a las manecillas de los relojes, donde la luz no se esfuerza para renacer en frutas vertiginosas, botones de buganvillas o falditas plisadas de medio curso. El sol es un dios alejado de la realidad igual que las llanuras, los ríos y tu mirada.

                        Vengo del barrio de lo natural, no de la naturaleza de Rousseau sino de lo natural, del alma que recorre el amatle de los libros palabra por palabra, amando, sintiendo tal los embrollos de los hombres. Mi pueblo tiene historia grabada en piedras, pintadas en desiertos, tejida en quipus y ordenada como calendario sagrado como se ordenan las cartas de amores lejanos, indescifrables.

                        Venir del pueblo de la infancia a las horas petrificadas, del columpio a las mariposas enfermas, de tu mirada integra a las resbaladeras corroídas. Venir desde el mundo de la magia a la pesadilla incierta es fundirse con los engendros en las alcantarillas. Venir desde la matriz de mi madre, de todas las madres al despilfarro, de todos los padres al desconsuelo, es pararse insensible en la riel de cercanías. Es dejarse caer desde el subsuelo, es mostrarse desnudo en la plaza de toros de los desheredados.

                        Yo vengo de una tierra mestiza donde las mujeres dan gracias a la vida, los poetas viven en islas negras, donde los militares son unos hijos de puta y las putas organizan marchas de protesta. Mi tierra abarca toda la cordillera de los Andes, la selva amazónica y la pampa, las islas Malvinas y Galápagos, las ballenas que vuelven a parir en el trópico, los delfines rosados de ríos vírgenes. Los niños amistados con pirañas y médicos brujos que curan con plantas.

                        Mi tierra es una zona marcada por el arco iris, se deshace en lluvia como algodón de azúcar y la gente vive con ídolos de papel envejecido. Vengo de una tierra que no tiene fronteras y está dibujada en el mapa de todos los sueños de los hombres.

 

De: Los días de la Aldaba, la Habana 2015.

 

 

 

 

 

* * *

 

 

 

 

Como un cuenco vacío se rompió mi alma…

 

           

            Cayó desde lo alto en un golpe seco. Pedazos grandes y migajas formaron esparcidas un círculo. Solo pocas, minúsculas piezas huyeron desesperadas a ocultarse entre las esquinas de otros muebles y resquicios.

            Cayó en un descuido y quebró la explicación. En la huida lleva las preguntas en el bolso como a cualquier funeral.

            Ninguna respuesta sobre mi alma. Ninguna alegoría forjada, ni un disgusto siquiera.

 

                                                                                             

De: La brazada final 2014.

 

 

* * *

 

 

La liebre 

 

He recordado en un mínimo segundo
que la liebre saltó para atravesar el riachuelo
en el aire suspendida flotaban sus desconsuelos
en el aire suspendida se desprendía del temor
de verse atrapada en alguna jaula de tierra
en algún tejido de redes cazadoras


En algún instante eterno
clavada en mi pupila
su imagen ágil, voladora, se mantuvo
con el alfiler del que hurga las gotas esparcidas
por el desaliento.

 

De: La brazada final 2014.

 

 

 

* * *

 


 

Cuando narré naturaleza

 

 

Cuando narré naturaleza, mariposas con sus ojos absortos y ciegos, pájaras que llevan gusanos en sus picos, esos atrevidos pichones que se avientan al vacío sin más aliento que el medio día…; no trataba vuelos de pájaros, ni de hojas que se devuelven en un vaivén sostenidas por el viento; no, estaba hablando del alma.

 

            Cuando hablé de los barcos y las tormentas debajo de océanos de inquietudes y náufragos de desamor... No estaba hablando de olvido, de malquerencia…; no curaba el dolor que produce la lejanía, de frustraciones, de deseos afectados. Hablaba, está claro, del alma.

 

            Canté examinando la entraña, navegué por hojas de hierba, recorrí historias contadas por otros y nunca encontré más que relaciones lejanas a las mismas flores, campos, de la humedad; mariposas, aves; vuelos, barcos, tormentas y naufragios.

 

De: La brazada final 2014.

 

 

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MARCOS RIVADENEIRA SILVA nació en Quito (Ecuador). Estudió Restauración y Museología en la Universidad Tecnológica Equinoccial de Quito. Se especializó en Conservación de documentos y obras de arte sobre papel. Estudió en Italia, Chile, Brasil, España y Japón. A los 49 años publicó su primer poemario, Hermano sol hermana muerte (2012) en la que relata la pérdida de un amigo muerto prematuramente. Es reconocido en el Salón de Nacional de Poesía Juegos Florales de la Casa de la Cultura del Ecuador con mención de honor, en el mismo año. En 2014, gana el PREMIO NACIONAL DE POESIA organizado por Paralelo Cero, con el libro La brazada final. En 2015, fue escogido por la Colección Sur de La Habana para publicar el libro Los días de la aldaba, publicado con el auspicio del Festival Internacional de Poesía de la Habana y el Movimiento mundial de Poesía.  Sus poemas han sido tomados en cuenta en antologías nacionales, y ha representado al Ecuador en varios Festivales Internacionales de Poesía.