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25 May 2015 / 17:42 pm

 

Nota y selección de Alejandro Cortés González

 

El 22 de mayo se cumplieron 18 años de la muerte de uno de los más notables, leídos y controvertidos poetas colombianos. Raúl Gómez Jattin, con una poética descanonizada y de corte confesional, logra ahondar en la profundidad particular de cada lector, como queriendo decirnos que se encuentra más universalidad excavando el adentro que frecuentando a los academistas de la época. “Valorad al loco / Su indiscutible propensión a la poesía / Su árbol que le crece por la boca / con raíces enredadas en el cielo”. Hoy, a modo de homenaje, presentamos una muestra de su obra.

 

 

 

PEQUEÑA ELEGÍA

 

Ya para qué seguir siendo árbol

si el verano de dos años

me arrancó las hojas y las flores

Ya para qué seguir siendo árbol

si el viento no canta en mi follaje

si mis pájaros migraron a otros lugares

Ya para qué seguir siendo árbol

sin habitantes

a no ser esos ahorcados que penden

de mis ramas

como frutas podridas en otoño

 

 

ISABEL

 

Qué te vas a acordar Isabel

de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio

de las muñecas de trapo que eran nuestros hijos

de la baranda donde llegaban los barcos de La Habana cargados de…

Cuando tenías los ojos dorados

como pluma de pavo real

y las faldas manchadas de mango

 

Qué va

tú no te acuerdas

En cambio yo

¿no lo notaste hoy?

¿no te han contado?

Sigo tirándole piedrecillas al cielo

buscando un lugar donde posar sin mucha fatiga el pie

Haciendo y deshaciendo figuras en la piel de la tierra

y mis hijos son de trapo y mis sueños de trapo

 

y sigo jugando a las muñecas bajo los reflectores del escenario

 

Isabel ojos de pavo real

ahora que tienes cinco hijos con el alcalde

y te pasea por el pueblo en chofer endomingado

ahora que usas anteojos

cuando nos vemos me tiras un “qué hay de tu vida”

frío e impersonal

Como si yo tuviera de eso

Como si yo todavía usara eso

 

 

ABUELA ORIENTAL

 

A esa abuela ensoñada

venida de Constantinopla

A esa mujer malvada

que me esquilmaba el pan

A ese monstruo mitológico

con un vientre crecido

como una calabaza gigante

Yo la odié en niñez

Y sin embargo vuelve

en esta noche aciaga

con algo de hermosura

Por algo se dice

que con el tiempo uno perdona casi todo

Vuelve con sus cicatrices en el alma

de fugada de un harén

con sus “mierda” en árabe y en español

Con su soledad en esos dos idiomas

Y ese vago destello en su espalda

de alta espiga de Siria

 

 

DE LO QUE SOY

 

En este cuerpo

en el cual la vida ya anochece

vivo yo

Vientre blando y cabeza calva

Pocos dientes

Y yo adentro

como un condenado

Estoy adentro y estoy enamorado

y estoy viejo

Descifro mi dolor con la poesía

y el resultado es especialmente doloroso

voces que anuncian: ahí vienen tus angustias

Voces quebradas: ya pasaron tus días

La poesía es la única compañera

acóstumbrate a sus cuchillos

que es la única

 

 

PÁJARO

 

En la clínica mental vivo

un pedazo de mi vida.

Allí me levanto con el sol

y entre tanto escribo

mi dolor y mi angustia.

Sin angustias ni dolores

ataraxia del espíritu

en que mi corazón

como una mariposa

brilla con la luz

y se opaca como un pájaro

al darse cuenta

de los barrotes que lo encierran.

 

 

LOLA JATTIN

 

Más allá de la noche que titila en la infancia

Más allá incluso de mi primer recuerdo

Está Lola – mi madre – frente a un escaparate

empolvándose el rostro y arreglándose el pelo

Tiene ya treinta años de ser hermosa y fuerte

y está enamorada de Joaquín Pablo – mi viejo –

No sabe que en su vientre me oculto para cuando necesite

su fuerte vida la fuerza de la mía

Más allá de estas lágrimas que corren en mi cara

de su dolor inmenso como una puñalada

está Lola – la muerta – aún vibrante y viva

sentada en un balcón mirando los luceros

cuando la brisa de la ciénaga le desarregla el pelo

y ella se lo vuelve a peinar

con algo de pereza y placer concertados

Más allá de este instante que pasó y que no vuelve

estoy oculto yo en el fluir de un tiempo

que me lleva muy lejos y que ahora presiento

Más allá de este verso que me mata en secreto

está la vejez – la muerte – el tiempo incansable

cuando los dos recuerdos: el de mi madre y el mío

sean sólo un recuerdo solo: este verso



 


EL DIOS QUE ADORA


Soy un dios en mi pueblo y mi valle

no porque me adoren sino porque yo lo hago,

porque me inclino ante quien me regala

unas granadillas o una sonrisa de su heredad.

O porque voy donde sus habitantes recios

a mendigar una moneda o una camisa y me la dan.

Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán

y lo nombro en mis versos.

Porque soy solo.



Porque dormí siete meses en una mecedora

y cinco en las aceras de una ciudad.

Porque a la riqueza miro de perfil

mas no con odio.

Porque amo a quien ama.


Porque sé cultivar naranjos y vegetales aún en la canícula.


Porque tengo un compadre

a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio.

Porque no soy bueno de una manera conocida.

Porque no defendí al capital siendo abogado.

Porque amo los pájaros y la lluvia

y su intemperie que me lava el alma.

Porque nací en mayo.

Porque sé dar una trompada al hermano ladrón.

Porque mi madre me abandonó

cuando precisamente más la necesitaba.

Porque cuando estoy enfermo

voy al hospital de caridad.

Porque sobre todo respeto sólo al que lo hace conmigo,

al que trabaja cada día un pan amargo y solitario y disputado

como estos versos míos que le robo a la muerte.



 

YO TENGO PARA TI MI BUEN AMIGO


Yo tengo para ti, mi buen amigo,

un corazón de mango del Sinú,

oloroso, genuino,

amable y tierno.

Mi resto es una llaga,

una tierra de nadie,

una pedrada,

un abrir y cerrar de ojos

en noche ajena,

unas manos que asesinan fantasmas
 

Y un consejo yo te doy:

no te encuentres conmigo.


 
 

EL LEOPARDO

 

Como fuerza de monte

en un rincón oscuro

la infancia nos acecha

Así el leopardo – Martha Cristina Isabel –

El leopardo se asoma por tus ojos

ha saltado derrumbando años

y sobre mi niñez – de bruces – me he derribado

Sueños de un día trepando los peldaños de la eternidad:

Tú venías por el sol y yo era de barro triste

Tú tenías noticias del universo y yo era ignaro

Los años – Martha – con su carga de piedras afiladas

nos han separado

Hoy te digo que creo en el pasado

como punto de llegada

 

 

 

LOS POETAS, AMOR MÍO

 
Los poetas, amor mío, son

unos hombres horribles, unos

monstruos de soledad, evítalos

siempre, comenzando por mí.
 

Los poetas, amor mío, son

para leerlos. Mas no hagas caso

a lo que hagan en sus vidas.

 

 

 


ME DEFIENDO

 

Antes de devorarle su entraña pensativa

Antes de ofenderlo de gesto y palabra

Antes de derribarlo

Valorad al loco

Su indiscutible propensión a la poesía

Su árbol que le crece por la boca

con raíces enredadas en el cielo.

Él nos representa ante el mundo

con su sensibilidad dolorosa como un parto.

 

 

 

***

 

 

RAÚL GÓMEZ JATTIN

 

(Cartagena de Indias, 31 de mayo de 1945 – Cartagena de Indias, 22 de mayo de 1997). Vivió su infancia en Cereté, un pequeño pueblo al norte de Colombia. Su padre fue Joaquín Pablo Gómez Reynero. Su madre fue Lola Jattin nacida en Colombia de padre Libanés y madre Siria. Raúl Gómez Jattin fue educado en varias poblaciones de la costa norte colombiana entre las que se encuentran Cereté, Montería, y Cartagena. Al terminar su bachillerato a la edad de 19 años, regresó a Cereté en donde fue profesor de bachillerato de las materias de Geografía e Historia. A los 21 años se trasladó a Bogotá donde comenzó a estudiar derecho en la Universidad Externado de Colombia. Allí, aparte de sus estudios de derecho, se dedicó al teatro, participando como actor en varios montajes y haciendo adaptaciones de obras literarias que se dieron a conocer principalmente, en la revista literaria Puesto de Combate. Después de vivir ocho años en Bogotá y sin terminar sus estudios de derecho, regresó a Cereté. Allí vivió dos años casi aislado del mundo exterior en una finca de propiedad de su padre. Después de la muerte de su padre volvió a Bogotá en donde reanudó sus actividades como actor. Posteriormente, regresó a Cereté en donde vivió deambulando en las calles, pasó varias temporadas en clínicas psiquiátricas y se dedicó a escribir poesía. En 1989 vuelve a Cartagena donde vive con sus amistades, aunque al final de sus días permanecía en las calles y parques. En esta ciudad pasa otras temporadas en clínicas psiquiátricas y es detenido en varias oportunidades. Durante uno de sus ingresos en el Hospital San Pablo de Cartagena, escribió un libro de poemas. El 22 de mayo de 1997 muere en Cartagena atropellado por un bus, sin que haya sido posible determinar si se trató de un accidente o un suicidio.

 

 

Obras publicadas

 

Poemas (1980)

Retratos (1980-1986)

Amanecer en el valle del Sinú (1983-1986)

Del amor (1982-1987)

Hijos del tiempo (1989)

Esplendor de la mariposa (1993)

Los poetas, amor mío… (1999) Libro póstumo

El libro de la locura (2000) Libro póstumo


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