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19 May 2015 / 09:26 am

 

Selección y nota: Irina Henríquez

Traducción del portugués: Verónica Aranda

 

Me complace cuando encuentro en una voz contemporánea a la mía, la búsqueda de la escritura como desafío del pensamiento y del corazón. Como mandato. Salgado Maranhão expresó: “Desde la primera vez que conocí sus versos, no tuve dudas de estar delante de un talento genuino: la poesía no es para quien la busca, sino para quien ella escoge, y Clarissa Macedo es una noble escogida de esa Diosa caprichosa.”

Una noble escogida que urde su labor como quien, con estoica contemplación, lame su propia herida. Por ello celebro esta posibilidad de difundir por primera vez en esta extensión en español, poemas del libro premiado por la Academia de las Letras Bahianas de Brasil, Na pata do cavalo há sete abismos. Como jurado de este premio, el poeta Ruy Espinheira Filho dejó por sentado que: “No hay duda: quien escribe cosas con tamaña sensibilidad, puede así mismo ser llamado poeta. En el panorama de la actual poesía brasilera, es una bella noticia. Lo que ella hace es pensado y sentido, sin cualquier dilución o superficialidad. En fin, poeta a la que debemos estar muy atentos y que seguramente nos dará obras aún más enriquecedoras de la poesía nacional.”

Esta es una invitación a hermanarnos con una voz joven y cercana, sin barreras del idioma.

En la poesía de Clarissa Macedo uno escucha galopar los caballos abismales de la vida en el pecho propio. Agucemos el oído y el corazón.

 

 

Trilogía

 

Ayer se abrió un hueco

rasgando mis reinos.

     

Hoy se yergue una columna

en la trampa de mi pecho.

 

Mañana una herida que nunca tuve

crecerá hasta romperme por la mitad.

 

 

Siete abismos

 

El alma relincha

en la caballeriza.

 

Macho de caballo

que galopa trovas

del pensamiento,

engulle las aguas

de pasto y de heno.

 

Hay terror en los vientos

del caballo magullado,

que perdido rompe,

alado, las trincheras

y cae cual ángel

de tormento.

 

Hay yeguas rondando

platos de olvido.

 

Hay ruedas y correas

en el carruaje violento.

 

En aquella crin

de herraduras negras

un caballo

de patas ralas:

 

Los siete abismos de la vida.

 

 

Ejercicio

 

Cerrar los ojos

para que la última

lágrima crezca.

 

Cerrar los ojos

para que el mundo

sea memoria.

 

Abrir los ojos

para que, al fin,

todo se pierda.

 

 

Arrebato       

 

Siento una llamada

que se desdobla y amanece

 

un matiz que hiere

algunos desvíos del miedo:

una llaga,

la cinta rosa de aquel cabello.

 

Hay en mí un ángel

y hay también un pájaro,

uno quiere llevarme al cielo

el otro perderme en el espacio.

 

Algunos dicen que soy de aquí,

de aquella casa en la esquina;

yo digo que morí... cuando

descubría cada deseo secreto.

 

El mundo es una hora

mal dibujada y en todo

se esconde el infinito.

 

De noche, evoco la muerte

de día quiero el consuelo

del arrepentimiento.

 

Por ahora, sólo me queda ser arrebatado

en la utopía de mi propio tiempo.

 

 

Teorema

 

La vida es una mujer estéril

nombrando a los hijos

que nunca podrá tener.

 

 

Certeza

 

En aquellos días

cada mañana

prometía:

 

fragmento nuevo

de vida,

nuevos vientos.

 

Mientras que

a cada tarde

que nacía

colina abajo

iban las esperanzas

de siempre.

 

La noche,

veloz y violenta,

alcanzaba todo

a golpes.

 

Y así íbamos:

naciendo,

con mañanas

y lágrimas,

muriendo

cada noche

por dentro.

 

Presagio                                                                   

 

Los leones tienen sed.

 

En el seto donde se tumban

sus melenas germinan la tierra.

 

En las venas del mundo

rugen apuntando a las estrellas

cantan melodías que no pasan.

 

Los leones devoran la carne de la presa

duermen sobre la sangre derramada.

 

Los días nacen al sol

y mueren en la noche.

 

Los leones anuncian sed

y en el seto donde se sacian

se tumbaron hombres y dioses

que ya no existen.

 

            

Secreto

 

Apenas siente el ruido de las sombras

o el lenguaje de los pájaros.

 

La lengua es materia postergada

así como la muerte

es la caída de los que divagan

 

El viejo flaco adoptado

penetra en la misma tierra

en que los héroes lloraron.

 

La vida sigue: sutil perennidad

el mismo timbre, el mismo lamento.

 

Y el firmamento que nos cubre

no oye la lengua de las sombras

o el ruido de la muerte.

 

 

De las simbologías

 

Cuervo de muchas eras –

bebe el dorso del fragelo.

 

Símbolo de la soledad –

hace rodar piedras que nunca lleva

y habita una distante cumbre

de montaña.

 

Macerado en penas

flácido en sus quimeras,

el cuervo no vuela, ni come.

El cuervo, a veces, es sólo un hombre.

 

 

Escrituras

 

Escribo

como aquel que morirá mañana

y que sabiéndose ejecutado

decreta las leyes del silencio

 

escribo

como quien canta

las músicas más tristes, y aún siendo tristes,

las más bonitas

 

escribo

como quien crea el universo

como quien planea las lluvias

del próximo invierno

 

escribo

como aquel que desnuda

los enigmas del remolino

 

escribo

como aquel que clama la última plegaria

al saber que encontró

la palabra exacta para su cataclismo.

 

 

***

 

Encantada es la tierra que no se conoce,

máxima de las millas del pensamiento.

 

Encantado es el hombre que no nació

para el barro de papeles en blanco

que desafían las fronteras

entre la necesidad y la pluma.

 

Encantado es el caballo, que no lee la prensa

que no tiene cuenta en el banco, que no

conduce, pero galopa leguas de tierra,

conoce mejor el amor e ignora la guerra.

 

 

Concierto para caballos

 

Desnudos de crines que no se reconocen

Marcados con hierro

Huidos por la paja que niega lo que desean

Muertos por las pirámides que migraron

Sordos por la sinfonía que no se nombra

Locos de manadas de dragones que escupen estrellas

Vivos por las corrientes que chillan astros

... así son los caballos del concierto de mi corazón

niños que preparan el primer verso,

fieras que no se doblegan.

 

***

CLARISSA MACEDO

Es natural de Salvador Bahía, (Brasil, 1988). Cursa el doctorado en Literatura y Cultura en la Universidad Federal de Bahía. Es autora de los libros de poesía “O trem vermelho que partiu das cinzas” (“El tren rojo que partió de las cenizas”/ Pedra Palabra, 2014)  y “Na pata do cavalo há sete abismos” (“En la pata del caballo hay siete abismos”/ 7Letras, 2014). Con este último mereció el Premio Nacional de las Letras Bahianas, 2013, uno de los más importantes de Brasil.

En Colombia ha participado como invitada a recitales poéticos en Bogotá, Cereté y Cartagena.

 

VERÓNICA ARANDA (traductora)

Madrid, 1982. Poeta y traductora. Licenciada en Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Ha vivido en Italia, Bélgica, Portugal, India y Marruecos. Premia en múltiples certámenes de poesía en español. Autora entre otros de los libros de poesía “Poeta en India”, (Melibea, 2005); “Tatuaje” (Hiperión, 2005); “Postal de Olvido” (El Gaviero, 2010); “Lluvias continuas, ciento un haikus” (Polibea, 2014).

 

 

 

 


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