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02 Ago 2013 / 16:50 pm

Crónica de un encuentro poético con Jorge Leónidas Escudero

Por Silvana Bonacci

 

Y escribí versos/ porque si a vos te meten la cabeza bajo el agua/ no se te ocurre otra cosa que poder respirar” J.L.E.

 

Día soleado y caluroso en la ciudad de San Juan, capital de la provincia del mismo nombre, Argentina, llegué con ansias de conocer al poeta argentino Jorge Leónidas Escudero. Pasé varios días caminando y asimilando la tierra sanjuanina en busca de un encuentro. Visité el Museo Provincial de Bellas Artes “Franklin Rawson” y al ingresar a la sala de artistas de la provincia, un poema escrito en la pared me detiene : “Por el lazo del ojo/ me voy sobre la gente/ y le planto en la vida/ el alma de este suelo” J. L. Escudero. Pregunté si sabían algo de Leónidas y nada. Las palabras del poeta las iba leyendo por varios lugares de San Juan, sin embargo, hasta ahora no me había cruzado con nadie que lo conociera. (¿se cumplirá el dicho que reza que uno no es profeta en su tierra?) Al día siguiente subí a un ómnibus que me acercó a la cordillera de los Andes, por el circuito llamado Quebrada de Zonda (viento cálido y seco característico de la región). Aridez en el paisaje y aire caliente, seca los labios pero no la búsqueda de poesía.

 

Llegué al Museo Einstein, un museo escondido en las cavernas. Estaba cerrado. Esperé mientras contemplaba el paisaje. Al rato, cerca de las cinco de la tarde (cabe aclarar que en San Juan la siesta es respetada casi como una obligatoriedad) llega un hombre flaco con pelo canoso y muy inquieto. Abre la puerta de metal del Museo y nos adentramos unas siete personas hacia ese lugar fuera del tiempo. Ese hombre se llama Domingo R. Castro. Le dicen “El loco de la caverna”. Te dice tu ascendencia con sólo mirarte la cara. Escribió libros de historia y arqueología sin ser ni historiador ni arqueólogo. Tiene su museo y atiende a los turistas que lo visitan. Sabio de la tierra y de la vida, nos fue explicando la historia del museo.

Dentro de la cueva el clima es contrario al exterior. Cuánta historia, cuánta sabiduría, pensé. Recordé la película documental: “Oro nestas piedras” de Cristian Costantini, Leandro Listorti y Claudia Prado; había visto este lugar en ese film. Le pregunté a Domingo si conocía a Escudero. Claro, contesta. Chiquito, le decimos los amigos. Hace mucho que no nos tomamos un vino, agrega. Bebida cotidiana en esta tierra de la buena sepa. Conversamos de poesía y me sugirió cómo llegar hacia la casa del poeta Escudero. Y llegué a la casa, humilde, con un jardín donde se encontraban un árbol de pomelo, parras y una pequeña huerta. En el fondo una pequeña habitación. Al entrar me atendió su hija, me llevó hacia él. Estaba reunido con Pablo Maldonado, un musicalizador de sus poemas. Despacito, con sus 92 años, se paró y vino a saludarme como si me conociera de años. Escuché atentamente la conversación entre ellos.

Pablo me explicó el método para que Jorge entendiera la melodía y así escribir la letra. El método consistía en dibujos de rayitas que según la separación significaba las sílabas de las palabras. Al retirarse Pablo, Jorge comenzó a hacerme preguntas. Se reía mucho. Una vez hechas las presentaciones le pregunté cómo llegó a escribir poesía. Hacia el año 1927, en la escuela, la maestra me daba a leer poemas y yo los recitaba de memoria. – me dice. Y acto seguido comenzó a recitar con una sonrisa casi infantil, “Caballito Criollo” de Belisario Roldán:

  ¡Caballito criollo del galope corto, del aliento largo y el instinto fiel, caballito criollo que fue como un asta para la bandera que anduvo sobre él! ¡Caballito criollo que de puro heroico se alejó una tarde de bajo su ombú, y en alas de extraños afanes de gloria se trepó a los Andes y se fue al Perú! ¡Se alzará algún día, caballito criollo, sobre una eminencia un overo en pie; y estará tallada su figura en bronce, caballito criollo que pasó y se fue!  

Entonces con los años, me dije, por qué no recitar poemas escritos por mí. Afirma al terminar el recitado don Leónidas. Veo en sus poemas que va del exterior al interior del hombre. Trascendiendo la esencia del hombre. ¿Es así? – le pregunté: Sí, nunca me lo habían dicho así. Sí. Veo algo externo, una hoja, un gato, una piedra y me quedo mirándolo, un largo rato y luego escribo. En silencio escribo. Necesito estar conmigo mismo. A solas. Las veo venir y selecciono para escribir. Mi escritura en los versos tiende a representar la palabra hablada, ello porque me las oigo decir y las digo, se me pegan en el oído pero no siempre. En cuanto a la puntuación, uso la corriente cuando la necesito. No escribo “para”, escribo poemas cuando siento la necesidad y así conversar fraternalmente con algún caminante que pasa. Verlas venir. Y sí, a las palabras las veo venir desde el fondo de nosotros.

En su constante hablar consigo mismo me hizo conocer a Hölderlin, el poema “El laurel”, “Nocturnos” de Juan Asunción Silva, Diógenes, Schopenhauer, Kant y Platón. -¡Qué bueno! Sí, en algún momento los he leído y seguramente me han quedado alguna de esas palabras, adentro. Afirma. Una de las actividades que más influyó en la vida del poeta es la minería, que lo acercó al amor a las piedras y a los amigos, a quienes les dedica varios versos. Uno de ellos es su amigo Riquelme que conoció en Calingasta, lo recuerda y recita de memoria parte del poema. (Se encuentra en el primer libro “ La raíz de la roca”)

  Tanto golpear en la cuña tendrá que abrirse la vida, Riquelme. Hay un caballo blanco esperándote. El agua subterránea sacará un espejo donde tu cara charqui reencontrará el asombro y la sonrisa. En un profundo derrumbe del bar La Alcaparrosa está Riquelme apretado y afuera el río lo llora.  

En un momento se levanta lentamente de su silla y camina hacia la habitación del fondo de la casa. Al abrir la puerta e invitarme a pasar me maravillé con la colección de piedras puestas en vitrinas. Aquí escribo – me dice. Una mesa, con algunos libros. Y en una caja desenvuelve el premio que le dieron junto a Boccanera, en el año 2012 por su trayectoria en la Feria del Libro.

Los poetas Jorge Boccanera y Jorge Leónidas Escudero recibieron en la Feria del Libro los premios de honor que entrega anualmente la Fundación Argentina para la Poesía y que reconoce la relevancia de su labor, su obra, su trayectoria y la difusión del género. Escudero, nacido en San Juan en 1920, no concurrió por "razones de edad" y en su lugar recibió la distinción su hija Ana: "Les manda un afectuoso abrazo a todos y está muy agradecido por este reconocimiento. La vida me dio la dicha de ser la hija de este hombre tan maravilloso que es mi padre", expresó emocionada. El poeta, que comenzó a publicar a sus 50 años, es autor de numerosos libros y compositor de canciones que muestran "su personalismo, ajeno a tendencias y escuelas y que testimonian la plenitud humana y la universalidad del paisaje", dijo Vinciguerra al entregar la distinción. "Es un gran poeta con el mérito de entender el paisaje", agregó Sánchez Zinny que leyó a viva voz las obras de Escudero "Nacimiento de la tonada cuyana", "Boliche" y "Visita de mi padre", reunidas por el sello Ediciones en Danza.

¡Hace mucho calor! – me dice y volvemos a la fresca del comedor donde me recibió y seguimos dialogando. Las palabras van del exterior al interior y luego del interior al exterior, me cuenta. Así pasó con la foto de la portada del libro “Atisbos” es una fotografía de Itatí Peinado, artista sanjuanina. Me gustó tanto y elegí esta imagen para el libro y le escribí un poema “Ante la inmensidad”.   Fue alguna de esas noches en que miraba cielo en lejanías sobre campo oscuro y vi cruzárseme un relámpago lejano. Fue tal como ver chispear una idea en el umbral de otro mundo. Es como si en el fondo del desierto hubiera querido hacerse luz una verdad pero pasó fugaz y quedé a oscuras. Parece que la inmensidad quiere decirme un secreto y al ver que todavía falta mucho en mí queda muda.  

Le conté que en “El país que nos habla”, título del libro de Ivonne Bordelois. La escritora lo menciona en el capítulo sobre Lenguaje y poética; subrayándolo como ejemplo de poeta “que hunde sus manos en las raíces del lenguaje y no en su propia vanidad”. Destacando su sencillez en el uso de palabras, cotidianas y profundas conmoviendo sin sentimentalismos. Logro de pocos. Él agregó: - Ese ¿soy yo?

Durante su vida jugó mucho, le gustan los números. Me comentó que el número que más le gusta es el 17. Yo juego y apuesto. Si pierdo dos veces, a la tercera me voy. Me dice.  (del libro “Los grandes jugadores”) Contó una historia vaga de esperanza y miseria, de expediciones fallidas y acecho equivocado, de tiempo acelerado, vida-juego, déjame que te explique, sobrepasar los límites, viajar en cada apuesta, el riesgo es la sustancia, hay caminos, déjame que te explique, es que la libertad me hiere. ( del libro “Los grandes jugadores”)

Uno de esos maestros rarísimos de juego apareció una noche en Campo de Agramante. Lo seguí hasta la calle pidiéndole un cabo de su experiencia pues estaba en cero. Puede compadecido llegamos a un banco de la plaza y allí me suspiró: A la inquietud temerosa usted la acosa echándole el caballo encima, el de San Jorge, aviso, hermoso animal, ya que cualquier otro estorba pues estamos hablando de poderes. Luego mire a la gente sin pensar en nada, dejando suceder, para que desove lo desconocido en usted. Siempre adquiera otra vez exacta pose haciéndose el distraído, y habida la ganancia retírese, ¿me escucha? Le dije algo sí que entendía pero hiciera el favor de aclarar bien: mas por toda respuesta esbozó una sonrisa.  Otros temas: los gatos, el amor, la poesía y las palabras.   Del amor (del libro “Viaje a ir”) 

Mas quisiera un final algo florido ya que el amor es poesía. Para esto adhiero a una sabiduría antiquísima Y suspiro: Las abejas no saben por qué van a las flores y las flores no saben por qué atraen a las abejas. La palabra única (del libro “Tras la llave”)  

¿Estoy quizá hablando de la nada o del todo que es lo mismo? ¿Será eso el silencio total ah? Me asustó: ¿buscar la palabra única será instinto de muerte?     Caza furtiva (del libro “Aguaiten”)  

Escarben debajo de las cáscaras busquen la palabra única. Búsquenla, mejor dicho espérenla …. Es que aguaiten pues todo es acechar Hasta que una evidencia salga de su cueva y recién dar el salto, cazarla compartirla con los análogos nuestros que viven en las cornisas gatos hambrientos de infinito. Y alegría festejos alegría porque el cazador de palabras vive para no matarla.     Confiar ( del libro “Endeveras”)  

Señor gato este blanco y negro este que duerme a mi lado y suelta las patas seguro de que no voy a incomodarlo. Descansa como un trapo caído en el suelo no víi más entrega como así un bebé cerrar los ojos y dormir ajeno a las traiciones del mundo sí, porque la desconfianza lógica entre nosotros los animales, ver a este dormir tan feliz me da la sensación expansiva de que todos los seres deberíamos ser así. E ante este sentir le agradezco al cariñoso gato porque por lo menos mientras lo veo dormir me siento amoroso con todo el mundo.     A otro hablar ( del libro “Elucidario”)  

¿Y qué puedo decir con la lengua trabada?: Esto, y la sombra piso, Palabras huecas alzo, tomo de la cola un ratón y lo suelto, no es lo que busco. Ando a ver en qué ando, qué saber, hallar mi centro fijo, un rastro, el carozo; me respiro y no. Una mujer ayer su cabellera puso, venda en mis ojos; pero no dejé de buscar lejanías. Quiero decir hermosas, no razones, palabras como hombres pétalos y estrellas, seudópodos de mí hacia lo inaprensible. Ando andando esas averiguaciones a ver si se me desata la lengua.   Aunque hubiera querido detener el tiempo, no lo logré, las estrellas comenzaron a ocupar el cielo y ya tenía que despedirme. Me abrazó fuerte y para mi sorpresa, despacito, me acompaña hasta la vereda y vuelve a abrazarme, me toma de la mano y me dice: - Gracias.    

(2013)

 

Jorge Leonidas Escudero

   

***

  JORGE LEÓNIDAS ESCUDERO - Poeta sanjuanino. Nacido en 1920. Comenzó a publicar a sus cincuenta años. La Fundación Argentina para la poesía lo destacó como miembro de honor por la provincia de San Juan y la Municipalidad de la Ciudad de San Juan lo distinguió por su trayectoria cultural. Es autor de las letras de los Cd San Juan a la redonda y Busquedades con música de Pablo Maldonado. Durante 2009 fueron presentados tres películas documentales referidas a su vida y obra: Oro nestas piedras, Las partes del todo San Juan y Hojas quemadas. Editó más de veinte libros. Ediciones en Danza publicó Poesía completa y posterior a este Atisbos, su último libro editado hasta ahora.

SILVANA BONACCI -  Docente, bibliotecaria profesional, narradora oral y poeta. Nacida en Buenos Aires, barrio de Villa Lugano. Contacto: silbonacci@yahoo.com.ar.


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