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09 Jul 2014 / 09:04 am

   

Selección y nota de Henry Alexander Gómez

 

Uno de los grandes poetas en la literatura en Colombia es Nelson Romero Guzmán. Nacido en Ataco, Tolima, en 1962, su obra conoce y amplifica las preguntas ocultas del mundo. Fiel al atávico oficio de la mampostería, su palabra ha cimentado los sólidos muros de una obra que se mueve entre la poesía y la pintura, entre lo mítico y lo ficcional, entre lo místico y lo filosófico.

Con un entramado de oraciones que vaticinan el sonido de lo que no existe, sus poemas ensamblan, con una argamasa hecha con los huesos de la noche, un idioma misterioso que alumbra por su solo eco. Entre piedra y piedra hay una primigenia caligrafía por descubrirse.

Desde un sencillo silencio, lejos de las ostentaciones de la literatura,Nelson Romero Guzmán demuestra con su trabajo poético que es posible mantener vivo el espíritu de la poesía a través de la disciplina y la edificación de un gran universo simbólico.

Esta es una obra que vale la pena descubrirse:

 
 
 

De Apuntes para un cuaderno secreto (2011)
 
 
 

CENTINELA
 

Un gato en mi escritura no me deja escribir. Le lanzo tres versos para espantarlo, pero él los desescribe en perfectos arañazos.

Es más que una escritura negra, llena de pelos, con los ojos del iluminado. Cuando en la casa huele a infierno, es porque el gato ya empieza a escribir, lo sé cuando se ovilla con las palabras que no permitirá que nadie escriba, porque pertenecen al mundo de sus propios misterios. Sabe, más que los críticos, que la escritura es un robo despiadado. Si el gato no se ovillara así, moriría en puros huesos. Alumbraría.

En mi escritura el gato es un centinela, se arquea furioso en la puerta del infierno. Sólo aguardo a que el sueño lo venza, es el único instante en que puedo ser yo mismo y no debo malograrlo. Sin hacerle ruido escribo, aunque el gato tiene el poder de soñar con los plagios. Pero esta vez parece que no ha soñado, su mente está en blanco, el blanco más perfecto para la escritura.

En lo más blanco ronronean estos versos.

Si el gato despertara en este instante, podría asesinarme.

A Horacio Benavides

 
 

DECIR SIN CANTAR
 
El niño paga con tres monedas y un pájaro
El derecho a la realidad.
Sabe que las solas monedas no bastan,
Que más allá de la moneda hay un valor
Agregado al precio material de las cosas: y de su mano
Alarga un pájaro al tendero.
Este lo ve volar por la ventana.
Es la dicha que al niño lo regocija
Y el tendero no entiende,
Ni podrá entender detrás de los mostradores.
El vuelo dejó un círculo
De satisfacción en la boca del niño
Y una especie de luz sobre el vidrio
Que la ira del tendedero extinguió.

 
 

LA VENGANZA DEL TAO
 
Hay un momento en el que el día es irreal.
Los dioses, en el vasto no hacer del Tao,
permiten todas estas desgracias: La sangre
se derrama por los grifos, el hambre se acuesta
con el sueño de matar para comer, los niños
queman sus juguetes, los barcos llegan
vacíos de Egipto con un Rey sonriente,
la enfermedad del ángel se adhiere a los platos,
la vida es un molino que muele piedras
mientras Alicia se salva en su espejo;
las moscas dan vueltas en el girasol del jardín,
desde la malva sus alas nos preguntan,
el que nos podía salvar desapareció
para no dar cuenta de nada,
la semilla se hace polvo en su negación
mientras el sol muere con un ave oscura
atravesada en su garganta:
el caballo irreal arrastra su corazón por la pradera,
un niño lo toma entre sus manos
y de nuevo lo lanza contra el caballo;
los granos sobre la mesa
no cayeron de la divinidad del árbol,
el fruto real no es de su cosecha,
¡Pero alabado sea ese símbolo!
Ay de la gangrena en la piel del agua!
Ay de la rosa que muere aterrada ante su belleza!
Cae la montaña que elevaron nuestros sueños,
la irrealidad se apodera del mundo con sus armas
y hace sentir la dureza de su mano vengativa,
nos ciega el polvo de los dioses,
nos hacen tragar sus venenos
porque nada hemos cambiado.
La irrealidad no era el vacío que creíamos, el Tao,
el no hacer es castigado, no es el poema
lo que debemos fundar sino la vida,
la llanura que invita al vacío
es la trampa del Tao.

A Carlos A. Castrillón

 
 
 

De Obras de mampostería (2007)

 
 
 

1
 
Es de piedra este fondo oscuro.
Las azucenas dan a luz más azucenas,
como niñas violadas en las puertas del templo.
 
No veo el alba
                   veo un caballo blanco
aquí, donde grandes mariposas con cuernos,
húmedas
velludas
depositan el huevo del día.
 
                   Allí,
                   mientras la cumbre florece,
                   acá la piedra alza sus mamposterías
para que en sus cuartos
veamos la historia
que atraviesa los pasillos
 
con su vela encendida dentro de una calavera.

 
 

4
 
-¿Qué hora es en ese reloj muerto?
-Son todas las horas.
 
                   Es la ceniza del cálculo,
                   la noche podrida.
 
Es Hamlet que lee el tiempo en las calaveras.
                   Sigamos en el barro sin tiempo.
 
Sigamos sin coordenadas
porque fuimos elegidos para asesinar a Saturno,
el dios que devora a sus hijos.

 
 

10
 
El agua se musicaliza
 
en mitad de su tránsito refleja un cono de luz
y por extraña visión -o por la perpendicular
hoja de parra que el aire mueve en el barranco-
                   vemos el rostro de una virgen
 
de esa forma surge lo sagrado
pero nunca vendrán a ella los adoradores
la virgen, entonces, se traslada al techo:
en sus manos inventadas
sostiene un ramo de flores
Si un hombre pasa frente a ella, no la mira:
lleva en el corazón su dios abolido
 
confundida con Proserpina seductora
se baña en el resplandor de los alcohólicos,
los atrapa con sus pechos de avellaneda.
 
                   Después será tragada por el olvido.
 
La historia no dejó puñal ni brillo sobre su cuerpo,
ni nadie reclamará sus delicados velos
quemándose sin pudor sobre esas piedras.

 
 

23
 
Puntuales frutas
llegadas de lo fantasmagórico
 
guayabas
 
vinieron en una caja bien apuntillada,
amarrada con cables acerados
 
para que en el viaje no se volvieran irreales
 
las toco húmedas
algunas traen la huella violenta
del hambriento mordisco del otro lado.

 
 

24
 
El brujo hizo con humo este planeta.
El aire es una pared caída -dijo.
La muerte es otro orden dentro del orden -sentenció.
La creación del hombre es una maniobra del humo -dijo.
 
Dichas esas palabras
el brujo se hundió en la oscuridad
 
lanzó llamas para apagar la creación
pero ya era tarde.

 
 

28
 
Sin escribir escribo,
salto de esta tapia al patio ajeno
a robar los melones encendidos
 
robo
para ser inocente
 
que Dios se perdone así mismo
si quiere de verdad perdonarme.

 
 
 

De La Quinta del sordo (2006)

 
 
 

NOTICIA
 
Hay un color que no ha sido revelado al hombre.
Está oculto en la alacena de los dioses. Ellos
urdieron conmigo el engaño. A cambio de verlo,
se me pudrieron las manos pintándolos de blanco
se imperio.
 
En esos manuales se lee que ese color bajará
un día del cielo en forma de ánfora y quien beba de él será eterno.

 
No es el azul ni el áspero marrón... He querido
purgarme en la vasija de los dioses, yo, Goya,
natural de Fuentetodos, y decirles también
que el sueño de escolar produce monstruos.

 
 
 

De Grafías de insecto (2005)

 
 
 

13
UN TRAZO
 
Tengo la devoción del santo
que se unta las manos
de la tinta roja de un insecto,
para simular que acaba
de cometer un crimen.
 
Escribo en esa tinta
el cuerpo del delito,
describo el escenario, me complazco
en dibujar la víctima.
 
Todos los días mato,
Pero nadie me condena.

 
 
 

De Surgidos de la luz (2000)

 
 
 

INSTALACIÓN AL AIRE LIBRE
 
Digo una palabra
y su sombra proyecta una escalera.
Por ella subo
a las altas basílicas de la luz,
apuntillo el cielo
y cuelgo los girasoles de Van Gogh
para que la eternidad
sea un lienzo purísimo.

 
 

EN EL MONTE LUMINOSO
 

Detrás de los zarzales espesos, se alza el Monte Luminoso. Deshabitado por Dios, nada en él es celestial, pero aquí se abrieron sus labios para decir “hágase la luz”, y la luz huyó de su boca y desde entonces son las palabras las que nos iluminan. De ellas nace toda plegaria, todo alimento para el hombre. De allí oímos venir los salmos del viento, que por un instante pintan de plata los muros. En el monte Luminoso mora un pájaro extraño al que los zoólogos dieron el nombre de Cubilete; de sus plumas nace el arco iris; de su garganta brota el arroyo que murmura. El Cubilete traza un vuelo dorado sobre la tierra y se alimenta sólo de colores, el azul es su presa exquisita. Hombres con oscuros trajes de caza se internan en el monte para atraparlo y si no fuera por la luz de las palabras, si no fuera por las grafías iluminadas que el pájaro les ofrenda por camino, ellos nunca regresarían.

 
 
 

De Voy a nombrar las cosas (2000)

 
 
 

LA ESCALERA
 
Es mística,
atenta
a la elevación de la carne.
 
Luce los peldaños
del verbo revelador.
 
Fray Luis
de León
descalzo la sube
a las bodas de Dios.

 
 
 

De Rumbos (1993)

 
 
 

DESEO EN EL OJO
 
El mar en el ojo, y Dios navegando.
Yo pudiera esta noche irme con él muy lejos,
visitar a esa muchacha que me escribe en la brisa
desde un península
contándome que la tierra es allá
y no donde habitan la paloma y la serpiente.
Yo pudiera sacarle más ripio a los días
para hacer mi cama al lado de ella
y como quien prepara otra vida en el sueño
partir sin dar aviso.
Ah, yo pudiera esta noche
ser el ojo de Dios,
viajar a ese azul, mar adentro.

 
 

VISIONES

Porque me dan a probar un mosto sagrado
mi madre es una luz purísima
                   trepando la escalera.
Mi padre es Ícaro de grandes hojas
Atravesando en el valle
                   el río de mi infancia.
Oigo en la noche crecer el prado
y estoy bañado en una lumbre blanca.

La muerte tiene ojos de cabra
y un dulce balido de sirena.

 
 
 

De Días Sonámbulos (1988)

 
 
 

POEMA DEL ORIGEN

Estoy buscando el rostro que tenía
Antes de que el mundo fuera concebido
W.B. YEATS

Sin origen,
como traído de un raro ancestro
o sacado de los cabellos de un oscuro laberinto,
mi nombre es arrojado en una botella al mar
por uno de los descendientes de Ulises.
Mi flecha de pijao duerme su victoria
en una de las colonias de la sangre.
Trasiego en la espuma de la memoria
flotando en el tiempo como una partícula de polvo.
Ahora llego a la puerta donde me desconocen los rostros
en la mansión que me habitó.
Por eso el agua nunca es terrena
ni la luz que nos alumbra los pasos ávidos
cuando buscamos camino en la noche.
Y nadie quiere oírnos:
¿Acaso Dios que se esconde sin materia
en una de las ranuras del cosmos
nos mira por el resquicio de una falsa puerta?
Mujeres tísicas de amor vuelven y me habitan
Y van y vienen por los largos corredores de mi cuerpo
tosiendo sin dejar dormir mi alma.
Hoy busco ser otro,
no el lejano que me señala al que soy,
busco el origen
el verdadero ancestro de mi rostro.

 
 
 
 

Nelson Romero Guzmán. Nació en Ataco, Tolima, en 1962. Licenciado en Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás. Realiza estudios de Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Tecnológica de Pereira. Ha publicado los libros Rumbos (1988), Surgidos de la Luz(Universidad de Antioquia, 2000), La quinta del sordo (Universidad Nacional de Colombia, 2005), Grafías del insecto (Universidad del Valle, 2006), Obras de mampostería (Instituto Distrital de Cultura de Bogotá, 2007) y Apuntes para un cuaderno secreto (Doble fondo IV, 2011). Premio de poesía Universidad de Antioquia en 1999 y Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá, 2007. Reside en Ibagué, donde labora en la Rama Judicial.

 
 


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