Revista Latinoemerica de Poesía

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La poesía, esa otra vida con tinta y sangre



 

Por Aníbal Fernando Bonilla

 

 

El poeta, de talante verdadero, es quien nunca está conforme con su poema. Quien se rehúsa a la vanagloria, y, al contrario, labra con mutismo militante la textura que transmuta lo indecible. Antes que inspiración (discusión baladí esa de su existencia o no) lo que prevalece es la conciencia del oficiante. Aquel compromiso indetenible en la exploración de la palabra oportuna, precisa, vehemente. Nada más alejada del lugar común, sí, cercana e inquieta al misterio humano, con la carga metafísica y pragmática que aquello conlleva. 

Rodolfo Ramírez Soto (Bogotá, 1973) es poeta por donde se lo mire. Y no es que insinúe una apariencia mundana a priori o una corriente naif, sino una actitud y una voluntad intrínseca respecto de entender y sostener la valía del verso, la locución orillada en el río, cuyas piedras obligan a elevar la voz para hallar el graznido, la metáfora o el milagro, ante la mirada cómplice de Demóstenes. Retóricas de otros tiempos, y también, del que nos ha correspondido peregrinar.

Renuente al apresurado afán de publicación, Ramírez, tallerista y gestor cultural, sugiere contener el ímpetu inicial de dar a luz los textos creativos. Para lo cual, hay que cuidarlos, protegerlos, reposarlos, releerlos (o en algunos casos, incinerarlos). Son esos textos que afloran en el esplendor o el ocaso de la mirilla cotidiana, los que en algún momento -el señalado por determinada circunstancia o anuncio- tendrán un tratamiento como libro en el proceso encaminado a la socialización lectora. El artefacto en aras de la sobrevivencia creativa.

Tintasangre, titula el poemario de Rodolfo Ramírez, fechado en el 2003, con prólogo de María Mercedes Carranza, que en mayo del 2023 fue reeditado en versión digital por Los Impresentables Ediciones. En sí, el conjunto de poemas (“Manifiesto liminar”, “Hombre que habla solo”, “Hombre que mira fijamente” y “Escenas de un hombre decadente”) posee una reelaboración del entretejido interno, con un examen autocrítico, y de apropiación estilística, rebasando cualquier valoración subjetiva estéril.

El autor se fija una tarea que emana de sus adentros para repensar cada trazo versal, hasta dar con la estocada, si no final, al menos cargada de contundencia en el juicio receptor. Tal tarea escritural tiene en la poesía a su disparador principal (la génesis del todo y de la nada). Ya que la conjunción rítmica gira alrededor de la reflexión poemática, lo cual eleva el discurso a la categoría metapoética.

Desde luego, consta en el ramaje propositivo (y cuestionador) el contexto social con sus miserias y desesperanzas (la guerra en las criaturas indefensas, por ejemplo). Ya nos dice desde el inicio, como una ráfaga que rompe el cristal: “La poesía es un animal salvaje”. Contundente. Casi, sin aliento. Es que el poeta se muestra sin poses, ni maquillajes, con su lápiz-fusil entre “cuatro paredes blancas” // y el poema / que entra por la ventana”. Cabe su frustración ante el destino traducido en el lenguaje exacto y apropiado (que va más allá del habitúe, impulsado por la trascendencia lírica). Sin follaje verbal que desvíe el dardo del círculo preciso que aspira a alcanzar el centro del dolor o la médula de los huesos.  

El yo hablante pretende decirnos que solo queda aferrarse (aferrarnos) a los sueños, porque “Después de los sueños: / nada”. Y, una y otra vez, revela el secreto del hombre (su sombra y hasta su muerte) a través del grafema. Para lo cual, Ramírez formula una estructura escueta del poema, bellamente delineada dejándonos apenas la raíz de la idea o la esencia del mensaje. El poeta se identifica con plenitud y gozo en el poema; seducción en su epidermis, contando, entre otros recursos, con la fuerza y el sonido de las palabras, que “se quiebran” o fragmentan en el vendaval y la lluvia.

¿Para dónde va el poema? ¿Cuál es su dirección cierta? ¿Cuál es su norte acompasado de ráfaga y quimera? ¿Qué rumbo acomete el prestidigitador con sus textos bajo el brazo?

Interrogantes que, en su pálpito permanente, nos conducen a elucubrar que todo norte o todo sur, que todo mar o todo monte, tienen una explicación en los códigos que se desprenden de la vida, en donde habita sosegada, afable y tierna la palabra poética, la bienhechora dicción, en este “mundo [que] es una taberna / que no abre los domingos”. Ni más, ni menos.   

 

 

 

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Bibliografía

 

Bonilla, Aníbal Fernando. (2023, julio, 11). Arte poética. Letralia-Tierra de Letras. En: https://letralia.com/articulos-y-reportajes/2023/07/11/arte-poetica/ 

García Maffla, Jaime. (2001). ¿Qué es la poesía? Pontificia Universidad Javeriana – Centro Editorial Javeriano, CEJA. Bogotá.

Guzmán, Oscar. (2023, diciembre, 15). ¿A quién escribir poesía? Editorial Retina de Gallo. En: https://retinadegallo.com/2023/12/15/a-quien-escribir-poesia/

Ramírez Soto, Rodolfo. (2023). Tintasangre. Los Impresentables Ediciones. Segunda edición. Colección Libros Digitales. Colombia.



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