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06 Abr 2021 / 14:25 pm

 

Nota y selección de Alejandro Cortés González

 

Louise Glück nos presenta un diálogo entre lo humano y lo todopoderoso donde el desamparo y la zozobra preguntan, y la oscuridad y el silencio responden. Lo poético, lo grandioso de esta mayéutica divina con oficios religiosos de vísperas y maitines, es que el silencio sí da una respuesta

 

Debes aprender a amarme. Los seres humanos

deben aprender a amar

la oscuridad y el silencio.

 

Después de la puerta que llamamos muerte, brota un manantial aguamarina. Así inaugura la mirada El iris salvaje.

 

 

El iris salvaje

 

Al final del sufrimiento
me esperaba una puerta.

 

Escúchame bien: lo que llamas muerte
lo recuerdo.

 

Allá arriba, ruidos, ramas de un pino vacilante.
Y luego nada. El débil sol
temblando sobre la seca superficie.

 

Terrible sobrevivir
como conciencia,
sepultada en tierra oscura.

 

Luego todo se acaba: aquello que temías,
ser un alma y no poder hablar,
termina abruptamente. La tierra rígida
se inclina un poco, y lo que tomé por aves
se hunde como flechas en bajos arbustos.

 

Tú que no recuerdas
el paso de otro mundo, te digo
podría volver a hablar: lo que vuelve
del olvido vuelve
para encontrar una voz:

 

del centro de mi vida brotó
un fresco manantial, sombras azules
y profundas en celeste aguamarina.

 

 

Maitines

 

Inalcanzable padre, cuando fuimos expulsados

por primera vez del paraíso, construiste

una réplica, un lugar en cierto modo

diferente, destinado a ofrecer

una lección; por lo demás

era el mismo: belleza en ambos lados,

belleza sin alternativa. Salvo que nunca

supimos cuál era esa lección. Abandonados,

nos hartamos unos de otros. Siguieron

años de tiniebla; nos turnamos

para trabajar en el jardín, las primeras

lágrimas colmaron nuestros ojos

como la tierra nublada con pétalos, algunos

de un rojo muy oscuro, algunos color carne.

Nunca pensamos en ti,

a quien todos aprendimos a adorar. Simplemente

supimos que no es propio de la naturaleza humana

amar sólo aquello que nos devuelve amor.

 

 

Lamium

 

Así se vive cuando tienes un corazón helado.

Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría,

bajo las copas inmensas de los arces.

 

El sol apenas me alcanza.

A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos.

Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo.

Siento su brillo entre las hojas, vacilante,

como quien golpea un vaso con una cuchara de metal.

 

No todos necesitan de la luz

en igual medida. Algunos

creamos nuestra propia luz: una hoja plateada

como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata

poco profundo bajo la oscuridad de los arces.

 

Pero esto ya lo sabes.

Tú y aquellos que piensan

que viven por la verdad, y en consecuencia,

aman todo lo que es frío.

 

 

El espino

 

Al lado tuyo, pero no

de tu mano: así te miro

andar por el jardín

de verano: las cosas

que no pueden moverse

aprenden a mirar. No necesito

perseguirte a través

del jardín; en cualquier parte

los humanos dejan

señal de lo que sienten, flores

esparcidas en el polvo del camino, todas

blancas y doradas, algunas

levemente alzadas

por el viento de la tarde. No necesito

seguirte adonde estás ahora,

hundido en la ponzoña de este campo, para

saber la causa de tu huida, de tu humana

pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa

dejarías caer todo aquello

que has acumulado?

 

 

Amor bajo la luz de la luna

 

A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación

a otra persona, a eso lo llaman

alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma.

(Lo que significa que para entonces adquirieron una.)

Afuera, la tarde de verano, todo un mundo

arrojado a la luna: grupos de formas plateadas

que podrían ser árboles o edificios, el angosto jardín

donde el gato se esconde para revolcarse en el polvo,

la rosa, la coreopsis y, en la oscuridad, la cúpula dorada del capitolio

transformada en aleación de luz de luna,

forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma

llena de ese fuego que en realidad es luz de luna,

tomada de otra fuente, y brilla

unos instantes, como brilla la luna: piedra o no,

la luna sigue estando más que viva.

 

 

Vísperas

 

Una vez creí en ti; planté una higuera.

Aquí, en Vermont, el país

del no verano. Era una prueba, si el árbol vivía,

significaba que tú existías.

 

Por esta lógica, tú no existes. O existes

únicamente en climas más cálidos,

en la ardiente Sicilia y México y California

donde crecen los inconcebibles

damascos y delicados duraznos. Quizá

ellos vean tu rostro en Sicilia, aquí apenas vemos

el dobladillo de tus prendas. Debo organizarme

para compartir con John y Noah la cosecha del tomate.

 

Si hay justicia en algún otro mundo, aquellos

como yo, a los que la naturaleza empuja

a vidas de abstinencia, deberían

obtener la mejor parte de todo, todos

motivos del hambre, la avaricia

de alabarte. Y nadie alaba

más intensamente que yo, con más

doloroso deseo, con más derecho

a sentarme a tu diestra, si es que existe, compartiendo lo perecedero, el inmortal higo

que nunca viaja.

 

 

Oscuridad temprana

 

¿Cómo podéis decir

que la tierra debería alegrarme? Cada cosa

que nace es una carga para mí; no puedo

triunfar como vosotros.

 

Y a vosotros os gustaría gobernarme,

os gustaría decirme

quién entre vosotros vale más,

quién se parece más a mí.

Y exhibís, como ejemplo

de vida pura, el desprendimiento

que lucháis por obtener.

 

¿Cómo podéis entenderme

cuando no os entendéis a vosotros mismos?

Vuestra memoria no es

lo bastante poderosa, no

puede estirarse hacia atrás.

 

No olvidéis que sois mis hijos.

No sufrís por haberos tocado unos a otros

sino porque habéis nacido,

porque necesitáis una vida

separada de mí.

 

 

Luz en retirada

 

Erais como niños muy pequeños,

siempre esperando una historia.

Y yo pasé por eso tantas veces;

estaba cansada de contar historias.

Por eso os di papel y lápiz.

Os di plumas de caña

que yo misma había recogido por las tardes

en los más densos prados.

Os dije, escribid vuestra propia historia.

 

Después de tantos años escuchándome

pensé que sabríais

lo que era una historia.

 

Pero todo lo que hicisteis fue llorar.

Queríais que os lo contara todo,

no pensar nada por vosotros mismos.

 

Entonces me di cuenta de que no podíais pensar

con auténtica audacia ni pasión;

carecíais aún de vuestras propias vidas,

vuestras propias tragedias.

Y os di vuestras vidas y vuestras tragedias,

porque al parecer las herramientas solas no bastaban.

 

Nunca sabréis cuán profundamente

me agrada veros sentados allí

como seres independientes,

soñando junto a la ventana abierta,

sosteniendo los lápices que os di

hasta que la mañana de verano se desvanece en la escritura.

 

La creación os ha traído

grandes emociones, lo sabía,

así ocurre siempre en los comienzos.

Y ahora soy libre de hacer lo que me plazca,

atender otros asuntos, con la certeza

de que nunca más necesitaréis de mí.

 

 

Canción de cuna

 

Es hora de dormir. Has tenido

suficientes emociones este día.

 

El crepúsculo, luego el atardecer.

En la habitación titilan las luciérnagas, por aquí

y por allá, por aquí y por allá. Y la honda

dulzura del verano inunda la ventana abierta.

 

No pienses más en eso. Escucha

mi respiración, tu propia respiración;

como las luciérnagas, cada pequeño respiro

es un fulgor donde aparece el mundo.

 

Ya he cantado para ti suficiente esta noche de verano.

Al final lograré convencerte; el mundo

no puede darte una visión tan sostenida.

 

Debes aprender a amarme. Los seres humanos

deben aprender a amar

la oscuridad y el silencio.

 

 

 

LOUISE ELISABETH GLÜCK

 

Nació en Nueva York en 1943. Estudió en el Sarah Lawrence College y en la Universidad de Columbia y desde hace algunos años es profesora y Rosenkranz Writer en la Universidad de Yale. En los años 60 comenzó su carrera con la publicación de Firstborn; desde entonces han visto la luz, The House on Marshland, The Triumph of Achilles, The Wild Iris, Meadowlands, Vita Nova y Averno, entre muchos otros. Ha recibido numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera.

 

Nacida en Nueva York y criada en Long Island, es hija de Daniel Glück, un hombre de negocios, y Beatrice Glück, ama de casa. Sus abuelos paternos son inmigrantes judíos de origen húngaro y su padre fue el primer miembro de la familia nacido en Estados Unidos. Desde muy pequeña se inclinó por la literatura y la poesía, inspirada probablemente en su madre. Cursó estudios en la George W. Hewlett High School, padeciendo desde muy joven de anorexia nerviosa, enfermedad que enfrentó y venció con el paso de los años. Luego de su graduación, asistió al Sarah Lawrence College y tomo algunos cursos de poesía en la Universidad de Columbia. Ya que no estaba matriculada a tiempo completo -a causa de su enfermedad- no recibió ningún título.

Después de dejar Columbia, vivió por un tiempo como secretaria. En 1967 se casó en con Charles Hertz y un año después estrenó su primera colección de poemas, titulada Firstborn (1968). Pasaría algún tiempo para su siguiente lanzamiento, pues la autora sufrió de un prolongado bloqueo del escritor, que solo se curó cuando empezó a enseñar en los años 70. Así, en 1975, mientras trabajaba como profesora en el Goddard College, vio la luz su segundo poemario The House on Marshland.

 

Más tarde vinieron Descending Figure (1980) y el galardonado The Triumph of Achilles (1985). En 1993, se alzó con el Pulitzer de poesía con el revolucionario The Wild Iris (1992), también galardonado con el premio William Carlos Williams otorgado por Poetry Society of America. Al año siguiente fue premiada con PEN Martha Albrand por su colección de ensayos Proofs and Theories: Essays on Poetry. Asimismo, ha sido reconocida con la medalla al Mérito MIT y varias becas de distintas fundaciones.

 

Glück también tuvo el honor de ser la 12ª poeta laureada por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en 2003-2004. Además, recibió el premio Nacional de Poesía Rebekah Johnson Bobbit por Ararat (1990) y el premio de la Academy of American Poet’s por Firstborn.

 

Otras obras suyas son: 

Firstborn (1968), House on the Marshland (1975), Descending Figure (1980), The Triumph of Achilles (1985), Ararat (1990), The Wild Iris (1992) Meadowlands (1996), Vita Nova (1999), The Seven Ages (2001), Averno (2006), A Village Life (2009), Faithful and Virtuous Night (2014). En 1994 reunió sus ensayos sobre poética bajo el título Proofs and Theories.

 

En la actualidad, ocupa la Cátedra de Literatura en la Universidad de Yale y es profesora de lengua inglesa en el Williams College de Massachussets.

 

El 8 de septiembre de 2020, fue galardonada con el premio Nóbel de Literatura otorgado por la academia sueca. En palabras de la academia se la reconocer por “su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual”. 

 

Biografía tomada de historia-biografia.com


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